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Con el agua al cuello – Petros Márkaris

Novela negra + Sarcasmo + Crisis = Con el agua al cuello, una novela amena, divertida, que invita a pensar con una sonrisa en los labios (aunque la coyuntura actual no tiene ninguna gracia).

Ya que tenemos el dudoso honor de pertenecer junto a Grecia al ignominioso colectivo con el acrónimo peyorativo inglés PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), que los británicos con su ¿humor? también británico apuntan sin ningún pudor ni vergüenza a la palabra pig, que todos traducimos gracias a nuestro altísimo nivel de inglés como cerdo, me apetecía leer a Petros Márkaris, dramaturgo griego cuyas últimas novelas policíacas giran en la Grecia contemporánea de recortes, manifestaciones, protestas y resaca financiera que no hay espidifen que solucione.

Con el agua al cuello

Cada lector, mira con ojos diferentes cada novela. Habrá para quien Con el agua al cuello sea una novela de intriga, o de género negro, o una de policías con asesinatos incluidos. Sin embargo para mí, se trata de una novela protesta, llena de ironía, que me ha provocado la carcajada limpia y unos muy buenos momentos (a pesar de que la situación no invita a la risa, pero dicen que es saludable el humor y a falta de dinero, he apostado por cuidar mi salud). Es mi primera novela de Petros Márkaris, y no será la última.

Por ejemplo, nada más comenzar la investigación, nuestro protagonista, Kostas Jaritos, policía de mal genio y observador nato de la sociedad, intenta reunirse con el director del Banco Central para investigar sobre la víctima, por supuesto, otro banquero (a mí que últimamente en la ficción se carguen a banqueros… como que me deja más que satisfecho).  El caso es que Jaritos llega tarde porque tiene que cruzar la ciudad, sorteando primero una manifestación en contra de los recortes de los jubilados, y después otra de los sindicatos en protesta de las medidas de austeridad (eufemismo que viene a significar recortes). Cuando llega por fin al banco, se produce el siguiente diálogo que transcribo:

Me recibe una secretaria cincuentona, vestida impecablemente pero fría y manifiestamente irritada.

–Llega tarde, señor comisario.

–Lo sé, y le pido disculpas, pero la ciudad entera está paralizada por las protestas y las  manifestaciones.

–Ah, ¿es que hay manifestaciones? No me había enterado –dice la mujer y me doy cuenta de que acabo de entrar en otro mundo.

Y es que blanco y en botella…

El caso es que según iba leyendo el libro, el asesino cada vez me iba cayendo mejor, pues sus víctimas forman parte del colectivo de responsables del declive del país (lo mismo me da llamarlo Grecia, que España). Al final acabé preocupándome, ya que me identificaba con quien se supone es el malvado de la novela, al ver cómo sus víctimas son banqueros, consultores de compañías de capital de riesgo o empresarios del gremio del cobrador del frac.

Que nadie espere averiguar quién es el asesino en la última página, pues más o menos desde el principio uno intuye quién puede ser el malo, que resulta no ser tan ruin y cuyas acciones pueden no ser legales, ni éticas, pero sí comprensibles para el noventa por ciento de la sociedad. Sin embargo la novela no pierde fuelle, y las argumentaciones del asesino tienen su punto, que si bien pueden caer en el populismo, no por ello carece de razón.

La literatura que nos ofrece Petros Márkaris es fácil, porque prevalece el contenido al continente. Estamos ante una sátira de nuestra sociedad y detenerse en párrafos con descripciones elocuentes está de más.

Por cierto, que el modus operandi de los asesinatos tiene su cosa: en un mundo moderno en el que vivimos, que hasta el más pintado tiene whatsapp (mira por donde yo de momento continúo con mi teléfono móvil que solo hace llamar y enviar mensajes. Reconozco que soy raro, raro, raro), donde se planifican guerras desde despachos atiborrados de tecnología y solo hace falta un botón (ni tan siquiera el teléfono rojo de antaño) para enviar un misil a miles de kilómetros… Petros Márkaris escoge el olvidado método de la decapitación, espada en mano, como acción mortífera de lo más efectiva, haciendo que se pregunte Jaritos si no había un veneno o procedimiento más contemporáneo para despachar a nadie.

En una Grecia en crisis, con las jubilaciones congeladas, sin trabajo ni expectativas de que lo haya, la juventud sin futuro, los funcionarios y empleados por cuenta ajena ahogados por los impuestos y la sociedad endeudada hasta las cejas, la lista de sospechosos que quieran liquidar banqueros es pelín larga. Por si esto fuera poco, tiene que compartir el caso con los de Antiterrorismo, con un tira y afloja entre departamentos policiales, y no sabe por dónde coger el caso. Mientras da tumbos buscando pistas imposibles que le ayuden a resolver los crímenes, parodia la situación socioeconómica apoyándose en varios personajes secundarios.

Afortunadamente Petros Márkaris nos propone también una serie de soluciones, unas píldoras de esperanza. Por ejemplo que esos países PIIGS se asocien y hagan un frente común, hasta el punto de que su yerno le sugiere comprarse un seat Ibiza, porque es un coche español, es decir, de otro país pobre y rescatado, y entre pobres, hay que ser solidario.

Nos propone también como alternativa vivir una vida simple, bajo la premisa de que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita, realizando compras responsables, tirando de las ofertas en el supermercado, ayudándose entre la familia. No me parece mala idea, es más, es una teoría que hacía tiempo había aplicado en mi vida cotidiana, lo malo es que ahora necesitamos mucho para pagar los diezmos gubernamentales, por lo que la vida sencilla viene de serie, y encima, hace poco me he enterado de que Robin Hood es un personaje de ficción (un trauma que lo trataré con medicación).

Curiosa también la actitud y forma de ser de Jaritos, porque para ser un policía que investiga asesinatos, no es un borracho, ni busca la compañía de mujeres fáciles, no dice tacos, ni le da a las drogas, ni a nada a lo que habitualmente le dan los policías de novela negra. O sea, un virtuoso como mandan los cánones. Y eso que en este caso estaría justificado, porque aguantar a su señora Adrianí tiene su mérito. La mujer ha venido a este mundo para hacer la vida imposible al pobre Jaritos, y todo hay que decirlo, se le da francamente bien. Adrianí acaba lanzando frases lapidarias, premisas de peso filosófico de andar por la calle, que a pesar de su formulación tosca, entrañan verdades como puños. Forman un tándem equilibrado, donde choca la racionalidad de uno y la pasión de la otra.

Por supuesto no olvida la crítica al ciudadano medio, sobre todo al principio cuando describe el derroche en la boda de su hija, que le lleva a comprarse ropa cara, coche nuevo, un banquete excesivo… Es decir, que tenemos nuestra dosis de responsabilidad por vivir por encima de nuestras posibilidades, aunque contra quien realmente carga es contra los bancos. Les da cizaña de la buena.

Y ahí no acaba la trama, pues parece que es compatible el matar banqueros con pegar carteles subversivos animando a no pagar las deudas de los bancos, ni hipotecas, ni tarjetas de crédito, ni nada de nada (esta parte mola). Así que nuestro Jaritos, además de ser un funcionario al que se le recorta el sueldo como al resto de funcionarios griegos, no le queda más remedio que comportarse como un profesional e investigar los asesinatos y llamadas a la subversión, con su parafernalia correspondiente.

Me llama la atención también la inexistente solidaridad entre banqueros y tipos del gremio, que permanecen impasibles cuando asesinan a sus colegas, pero inmediatamente se movilizan ante el llamamiento de insumisión hipotecaria, chantajeando a la población con no conceder más préstamos. No tengo yo tan claro que estemos exclusivamente ante una historia de ficción…

En fin, sólo puedo decir que en mi humilde (cada vez más gracias a los recortes) opinión, Petros Márkaris es un crack, un eficiente descriptor del mundo actual, que a través de una prosa fácil y directa, nos desgrana nuestro día a día y encima, lo que tiene un mérito impresionante dadas las circunstancias, nos regala en cada capítulo una sonrisa repleta de ironía y sarcasmo.

Merienda para la lectura: ensalada griega con aceitunas y queso feta. Comida saludable y sobre todo barata… ¡¡¡que estamos en crisis!!!

Si habéis leído a este autor, ¿qué os parece Petros Márkaris y su propuesta literaria? No te cortes y opina, que de momento, no han creado un impuesto contra el libre pensamiento.

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La ciudad de los ojos grises – Félix G. Modroño

Llega el verano, eres de los pocos a los que no les afecta la crisis y tu cuenta corriente te permite unas vacaciones, o bien tienes un primo, un ligue, amigo o cuñado que vive en Bizkaia y decides hacerle una visita, gorronearle una cama y pasar unos días de verano haciendo turismo por Euskadi. Además, eres uno de esos personajes raros a los que les gusta documentarse, leer un poquito de historia de los lugares que recorres e intentas entender la idiosincrasia de la zona. Como no podía ser de otra manera, Bilbao es uno de los puntos fuertes de tu visita, así que te vas al todopoderoso gugle y escribes “Historia de Bilbao” y ala, aparece un listado de 13.400.000 páginas (o más), todas con sus añitos, nombres, siglos, sagas familiares y mapitas. Esta es una opción como otra cualquiera si eres un “fantasma” y vas por la vida aburriendo al personal citando fechas sin ningún criterio. También puede ocurrirte que antes de venir a esta hermosa villa, ya te hayas aburrido con tanto dato.Bilbao

Pero yo tengo una alternativa que te va a molar: cómprate La ciudad de los ojos grises de Félix G. Modroño, 18 euritos de nada en una edición más que aceptable y te ofrezco:

  • Una perfecta síntesis de la historia de Bilbao de los últimos 150 años, que para sí la querría más de un catedrático.
  • Una novela negra bien escrita, perfectamente estructurada, con asesinatos, intrigas familiares, pesquisas policiales, personajes oscuros, sirimiri… una historia que garantizo que no te va a dejar indiferente.

Te quejarás. ¿Acaso se puede pedir más a un libro?

La ciudad de los ojos grises

Las primeras 120 páginas de La ciudad de los ojos grises nos describen el Bilbao de finales del siglo XIX, con apenas 18.000 habitantes, hasta que se produce un impacto brutal por la revolución siderúrgica y del acero, pasando a 100.000 habitantes en apenas veinte o treinta años. El Bilbao antiguo, el Casco Viejo como lo conocemos ahora, se queda pequeño y una serie de arquitectos e ingenieros reciben el encargo de diseñar un Bilbao moderno al otro lado del Nervión, que de salida al ingente número de inmigrantes que continuamente se dejan caer con sus vidas calamitosas, llenas de miseria, buscando una prosperidad que no acaba de llegar, con graves problemas de salubridad, cifras de mortandad infantil inasumibles, prostitución, alcoholismo, delincuencia… una especie de ciudad sin ley que se abre paso entre el chabolismo que se va asentando en las colinas que rodean la Villa. En esta primera parte nos muestra lo que era Bilbao allá por 1875, junto con ese proyecto del “nuevo” Bilbao que nos permite compararlo con el actual. No me digáis que no es un marco impresionante para una novela negra.

En esta primera parte del libro nos presenta a los personajes a la vez que nos va representando el palpitar de la ciudad, describiendo sus edificios señoriales, el teatro Arriaga, la burguesía local, el progreso de unos astilleros, las fábricas que se aglutinan alrededor de los yacimientos de hierro… Al lector le permitirá beber la historia de la provincia de una manera amena e inteligente, alternando estos datos con la representación de la trama y los protagonistas. Nos habla de los edificios y de las calles que se van construyendo poco a poco, que al turista/visitante/habitante del siglo XXI le permite pasear por la ciudad valorando la extraordinaria transformación de la Villa.  Una pasada.

Después llega una segunda parte, donde toma protagonismo la propia historia policíaca, y cuyo protagonista, Alfredo Gastiasoro, arquitecto autoexiliado en París por un amor no correspondido, regresa a su Bilbao natal para investigar el asesinato de Izarbe (me encanta este nombre), su amada, siendo partícipe del imparable cambio de la villa, mientras sus pesquisas policiacas le van llevando de sorpresa en sorpresa y donde su pasado toma especial relevancia.

Y por fin, podríamos decir que tenemos la tercera parte de la novela con el desenlace, que me lo guardo para no desvelar ningún misterio.

Y ojito, que la historia, la narración, los diálogos… está todo muy bien contado.

Me dirás que nos es atractiva la propuesta.

Por cierto, si tienes la suerte de ser de Bilbao, también te recomiendo que te compres La ciudad de los ojos grises, más que nada porque vas a descubrir tu ciudad, y desconozco con qué color la mirarás tras su lectura, pero sí te aseguro que esa mirada cambiará, seguro que con mucho más respeto y cariño.

Si no eres de Bilbao y tampoco tienes pensado visitarnos en breve (esto último me lo replantearía de inmediato), también deberías leer La ciudad de los ojos grises, porque la historia te va a atrapar y porque aprenderás sobre una villa que no te dejará indiferente.

Huyendo de estereotipos, mediante La ciudad de los ojos grises descubrirás que Bilbao es mucho más que el Guggenheim, te ayudará a entender la extraordinaria transformación de Bizkaia, de la pequeña población que fue cómo se convirtió en una potencia industrial europea, qué digo europea, ¡¡del universo!! (que somos de Bilbao), hasta la villa enfocada a los servicios en que nos hemos convertido en la actualidad. Innumerables metamorfosis en apenas siglo y medio.

Dudo que haya alguna ciudad en el estado que haya sufrido cambios tan significativos en tan poco tiempo, apenas unas generaciones nos separan de aquellas siete calles que formaban el antiguo Bilbao.

Aprovecho para agradecer a su autor, Félix G. Modroño, su esfuerzo por haber creado esta historia. Regalo seguro en próximos cumpleaños, compromisos varios y el tradicional amigo invisible navideño.

Por poner una pega… un friki como yo hubiese agradecido las reseñas bibliográficas de las que se ha servido Félix G. Modroño para documentarse.

Merienda para la lectura: si no escojo nuestro emblemático bollo de mantequilla, me lapidan.  En un alarde humanitario, os dejo el link de la receta del crack David de Jorge.

Si has leído La ciudad de los ojos grises de Félix G. Modroño, seguro que te ha gustado.¿Me ayudas a convencer al resto para que lo lea? Cuéntanos tus impresiones sobre el libro. Eskerrik asko!!

Plinio, casos célebres – Francisco García Pavón

Al igual que nuestro incombustible Plinio, a veces, como lectores, también tenemos ese “pálpito” que nos anima a leer un libro. En el fondo y a nuestra manera, ejercemos de aficionados detectives buscando la siguiente historia que leer. O que no leer, que es más importante aún.

El libro que nos ocupa hoy es Plinio, casos célebres de Francisco García Pavón y lo escojo por un motivo: normalmente buscamos lecturas nuevas, originales, con un lenguaje que nos sorprenda, entretenga… y que además sea una novedad editorial, olvidándonos de lecturas añejas, inexplicablemente obsoletas para la maquinaria formada por la industria editorial pero que cumplen, con creces, estas expectativas.

Plinio, casos célebres

En esta ocasión tenemos a un guardia municipal manchego, de Tomelloso City, “urbe peligrosa” de los años 60 y 70, embebido en los quehaceres rurales de La Mancha. Es una época en la que los hombres reparten el tiempo entre el campo y las tascas de pueblo, con trujas (caldos que lo llama Francisco García Pavón) apretados entre los labios y licores entre pecho y espalda, mientras las mujeres se dedican a la casa y a ir a misa. Un tiempo de estereotipos viejunos, descrito al detalle, con señoritos hacendados, analfabetismo, con las consecuencias de los vaivenes políticos de fondo (la república, la dictadura…), la vida en el campo con sus disputas vecinales que perduran durante generaciones… Todo esto con un vocabulario impresionante, con palabrejas propias del mundo rural que no desentonan, de aquella época que tampoco es tan lejana y que ayuda a entender a dónde hemos ido a parar, con diálogos informales que en mi opinión sirven para que el lector entienda la forma de vivir en un pueblo llamado Tomelloso, pero que podría ostentar cualquier otro nombre. O por lo menos yo me imagino que hace cincuenta o sesenta años en La Mancha se hablaba así, y conociendo mi pueblo (de cuyo nombre no quiero acordarme) y las riñas entre clanes, tampoco me extraña muchas de las disparatadas historias que nos muestra el personaje.

Nuestro protagonista Plinio es un guardia municipal sagaz, que se fija en todo al detalle, con una filosofía de vida pausada que le permite detenerse en los pormenores de las investigaciones. Va secundado por el veterinario del pueblo, don Lotario, y claro, es inevitable realizar la comparativa con Sherlock Holmes y el doctor Watson según discurre la lectura.

Llama la atención en nuestra actual sociedad aséptica y políticamente correcta los comentarios y descripciones de sus personajes: homófobos, fumadores, bebedores, machistas… que recuerdan a las películas de Paco Martínez Soria y por los que más de uno igual se tira de los pelos. Sin embargo, eso es lo que había en aquella época, y no viene mal leer este tipo de relatos para comprobar lo que ha avanzado nuestra sociedad, o no, cuestión de opiniones.

En algunos de los casos que intenta resolver, no se produce estrictamente un crimen como en sus relatos de El caso del sábado, simplemente son situaciones anormales, que rompen la monotonía del pueblo y a los cuales, esta pareja de investigadores buscan soluciones plausibles.

Por supuesto que en otros relatos/novelas tenemos asesinatos por resolver, en un Tomelloso donde todos se conocen y quien más quien menos es pariente de alguno: bien de la víctima, bien del ejecutor. Esta cercanía tan familiar, da pie a reflexiones propias de la naturaleza humana, como de soslayo, pero que quedan ahí, en el subconsciente del lector.

En definitiva, una buena opción de lectura como entretenimiento, para descubrir léxico olvidado, inhibirte en el mundo rural de hace cincuenta años, reflexionar sobre las cosas sencillas de la vida; todo sazonado con novela policíaca.

Merienda para la lectura: tosta de pan casero con queso manchego en aceite, regado con un buen vino de Valdepeñas. Se recomienda una ligera siesta para después.

Ala, anímate y échale un ojo a las historias de Francisco García Pavón, que merecen la pena.

Tres Funerales para Eladio Monroy – Alexis Ravelo

Si me llegan a decir hace unos años que me iba a pirrar por una novela negra escrita por un canario y cuya trama transcurre en Las Palmas de Gran Canaria, hubiese pensado que yo y/o el mundo nos habíamos vuelto locos. Y el caso es que Tres Funerales para Eladio Monroy es una buena novela negra. Lo mejor: es la primera novela de Alexis Ravelo, es decir, que las siguientes que lleva publicadas, por definición, por experiencia y porque se ha hecho con una legión de lectores fieles, tienen que ser mejores. ¡¡Bendita locura!!

O sea, que me tengo que comprar el resto… Por cierto Alexis, si la casualidad de la red te lleva a leer este post, apúntame como uno más en esa legión de lectores fieles.

Tres Funerales para Eladio Monroy

Conocía a Alexis Ravelo de oídas, de otros blogs, de críticas literarias y de entrevistas que iban flotando por mis ojitos lectores, junto a otros nombres de escritores que tenía que leer pero que la vida con sus 24 malditas horas no me deja. Por suerte, llegó el VIII. Encuentro de novela negra de Bilbao con su participación, asistí a la distendida charla y me cayó bien (en realidad todos me cayeron bien). Como la vida está llena de imprevistos, a los pocos días llegó a mis manos Tres Funerales para Eladio Monroy, y como tantas casualidades juntas sólo se pueden deber a irrefutables señales, la novela ascendió vertiginosamente en la jerarquía de mis lecturas pendientes.

Por mucha luz y buen tiempo que tengan en Canarias, por mucha playa y paseos flanqueados con palmeritas o árboles tropicales… por mucho escenario que a priori no parece apropiado para una novela negra, estamos ante un magnífico ejemplo del género y es que como insinúa al final el propio Alexis Ravelo, la maldad acampa en cualquier lugar, por muy idílico que aparente su paisaje.

Eladio Monroy es un personaje típico de novela negra, un tipo duro, poco hablador pero que cuando escupe palabras lo hace lleno de sarcasmo, con su toque violento y peligroso pero siempre fiel a sus convicciones, que sólo por el hecho de que habitamos un mundo en el que todos tenemos un precio, cumple la definición de héroe. Pero como ser un tipo duro no está reñido con ser buena persona, nuestro Eladio en el fondo es un terroncito de azúcar que se permite llorar ante las impunes injusticias de los poderosos, le consigue curro a un inmigrante ilegal y le lleva el periódico por la cara todos los días al anciano vecino de la puerta colindante de su casa. Alexis Ravelo nos presenta estas situaciones poco a poco y como si nada, de la forma más natural, y sin darte cuenta, le has cogido cierto aprecio al tal Eladio a la vez que uno se hace una composición del personaje y de sus costumbres.

Al tipo le sale un “trabajillo” para compensar su pensión como jefe de máquinas de la marina mercante que le lleva a hacer de chófer de un empresario inmobiliario que viaja desde la península con un paquete sospechoso que entregar a una importante personalidad de la isla (¿qué será?). Este encargo que raya la ilegalidad sirve de introducción para presentarnos más adelante a su ex mujer, Ana Mari, una víbora de mucho cuidado, que le llama para pedirle ayuda porque alguien les está extorsionando a ella y a su actual marido y… hasta aquí puedo escribir.

Empresarios que corrompen, políticos que se dejan corromper, policías corruptos, extorsión, proxenetas, matones musculados, tres funerales y varios ciudadanos con oficios comunes (mecánicos, camareros, parados, jefes de máquinas, libreras, jubilados…) que son la viva imagen de la honradez. Una historia policíaca, con todos los ingredientes negros como excusa para hablarnos de la ausencia de moral en determinadas esferas.

En algunos momentos la trama es previsible, pero al mismo tiempo es su mayor virtud porque le permite a uno seguir el transcurso de la investigación deteniéndose en los rápidos diálogos y en los personajes que van saliendo. Posiblemente la intriga en sí no sea lo más importante, sino lo que nos quiere contar  Alexis Ravelo, por eso me gusta esta novela y no otras de otros autores superventas de cuyo nombre no quiero acordarme.

Otra cosa interesante de la novela es que Eladio, es un jefe de máquinas retirado, es decir, ni es policía, ni detective, ni investigador privado, ni militar, ni nada parecido. Lo comento para los que estéis escribiendo o pensando escribir una novela negra: vuestro protagonista puede ser cualquiera, incluso un bloguer un poco grillado.

Hay una premisa no escrita y que forma parte del sentido común: si un libro te ha gustado, lee más del mismo autor. Por lo tanto, serán inevitable futuras reseñas de la obra de  Alexis Ravelo.

Merienda para la lectura: si no he sido original hasta ahora, ¿por qué iba a cambiar? Un buen plátano de Canarias para apaciguar el rugir de nuestro estómago.

¿Qué os ha parecido Tres Funerales para Eladio Monroy? ¿Ha cumplido vuestras expectativas?

El cine según Hitchcock – François Truffaut

Desde Fnac Bilbao nos anuncian una nueva proyección Audiovisual para hoy 19/06/2013, Hitchcock, y claro con la excusa de la película, inmediatamente se me ha encendido una lucecita recordando un libro estupendo, escrito por François Truffaut: El cine según Hitchcock.

En general, o por lo menos en mi círculo más cercano, el buen lector suele ser también un buen cinéfilo, además de tener un buen criterio musical (salvo en mi caso, que carezco de todas estas cualidades). Será porque al fin y al cabo lo que nos gusta son las historias.

No es precisamente una novela, pero tampoco viene mal cambiar de registro de vez en cuando para mantener una mente saludable, y en este caso, el libro no deja de ser más que una entrevista transcrita que realizó François Truffaut al inigualable director de cine Alfred Hitchcock. Si no te suenan títulos de películas como Atrapa a un ladrón, Psicosis, La soga o Extraños en un tren, por poner unos ejemplos, te sugiero que te pongas las pilas y corras al videoclub más cercano porque eso no puede seguir así.

50 horas en varias sesiones desgranando la filmografía del director británico que nos enseña porqué una película es buena o no. De manera informal y a través de una conversación originada por sucesivas preguntas junto con sus respuestas, nos invita a conocer la peculiar personalidad de Alfred Hitchcock apoyándose en determinados ejemplos, estudiando sus películas, analizando los personajes, explicando aspectos concretos de escenas, su obsesión por las mujeres rubias, el salto al cine americano, anécdotas sobre los rodajes, trucos, inesperados efectos especiales… De todo.

Lo bueno de este libro, es que después te enfrentas a dichas películas desde otra perspectiva, es decir, entendiendo la razón de ser de cada fotograma. Es una manera más de aprender a ver cine y además entretenida, lejos de intrincados libros pseudofilosóficos que sólo aportan dolores de cabeza.

Yo no diría que El cine según Hitchcock sea una especie de biblia que tengamos que seguir a rajatabla para entender una película, pero sí nos puede servir para comprender qué lleva a un director de cine a crear una obra de una manera determinada. En el caso de Alfred Hitchcock el suspense es su carta de presentación, y nos explica cómo combinar los elementos audiovisuales para transmitir esta emoción. Como ejemplo os dejo una de las tantas frases que le ayudan a uno a reflexionar:

“Cuando se cuenta una historia en cine, sólo se debería recurrir al diálogo cuando no se pueda contar de otra forma”

Por cierto, el curriculum del entrevistador y autor del libro, François Truffaut, no se queda corto siendo uno de los protagonistas de la cinematografía francesa. Dos genios reunidos cada uno con su rol definido: François Truffaut en el papel de improvisado periodista proponiendo cuestiones en torno al cine con el objetivo de divulgar el talento de Alfred Hitchcock, el cual, accede a exteriorizar parte de su pensamiento, conversando sobre su biografía cinéfila, desde sus inicios en Inglaterra con el cine mudo hasta sus éxitos de taquilla en Hollywood.

De indispensable lectura si eres aficionado al cine.

Merienda para la lectura: lo siento pero no puedo ser original, bol hasta arriba de palomitas.

¿Te has leído El cine según Hitchcock? ¿Ha cambiado tu manera de ver las películas del maestro del suspense?

Correr – Jean Echenoz

O como escribir un libro repleto de metáforas estupendas, ironía y sarcasmo inteligente. Os dejo un extracto como ejemplo:

“Su curiosidad le mueve aún así a visitar el zoo de Berma, donde disfruta viendo monos, especie a quien todavía no se otorga el permiso de residencia en Checoslovaquia. Pero los monos parecen malos, atormentados, amargados, perpetuamente ofendidos, resentidos por haber dejado escapar la humanidad por un pelín.”

Correr de Jean Echenoz trata de la vida de Emil Zátopek, “La locomotora humana”, atleta checoslovaco especialista en pruebas de fondo y que a mediados de los años 50, batió todos los records posibles y por haber. Su vida está llena de contradicciones y sacrificios, en una constante ambigüedad, pues si bien por un lado anhela una vida discreta, acaba convirtiéndose en el ídolo de su pueblo, discrepa con el régimen autoritario y comunista de la época, pero éste se empeña en promocionarle en su escalafón de mando militar convirtiéndole en un héroe nacional… Pero su manera de canalizar la rebeldía, de luchar ante las normas impuestas por el régimen político, fue correr, además de una manera nada ortodoxa, sin técnica ni estilo, corriendo contra todo y a veces contra sí mismo.

Sin embargo, llega un momento en que no le queda más remedio que posicionarse, y durante la primavera de Praga apoya a Alexander Dubcek, lo que le lleva a ser expulsado del Partido Comunista y del ejército, vilipendiado por las autoridades pero alimentando su idealizada imagen frene a sus compatriotas. Como castigo le destierran a trabajar a una mina, le convierten en basurero y al final, ante las protestas del resto de la población y viendo el régimen checoslovaco que este tipo de humillación se vuelve en su contra, acaban por darle un gris trabajo de administrativo  en un oscuro sótano, lejos de las miradas indiscretas.

Con una prosa que ya la quisiera para mí, estamos ante una novela que no es una biografía en su forma más estricta, ya que aunque se basa en la figura de Emil Zátopek y describe parte de las vicisitudes del plusmarquista, tampoco se detiene en detallar su vida saltándose varias etapas. A Jean Echenoz, le llama la atención esa ambigüedad repleta de humildad, centrando su relato en esta extraña dicotomía.

Interesante su relación política, la vigilancia a la que le sometían, su relación con los periodistas extranjeros y todos los impedimentos para que corriese competiciones internacionales por miedo a que pidiese asilo político en otros países. En vez de recompensar sus esfuerzos, las autoridades le impusieron una férrea vigilancia.

También es un relato contra la adversidad. Imaginaos a un individuo que aparece sólo en Berlín para competir en una carrera internacional, siendo el único representante de su país, sin que nadie se moleste en avisarle de que va a dar comienzo la carrera, llegando en el último instante a la salida ante la guasa generalizada en el estadio, sin equipamiento, ni equipo y humillado por la masa que asiste al espectáculo. Pero gana. Gana la carrera de calle, doblando al resto de corredores, humillándolos a su vez.

Y según uno va leyendo a Jean Echenoz, mientras describe las carreras y cómo Emil Zátopek va ganando puestos en el ranking internacional, basando su correr en el sacrificio y con mucho esfuerzo, el relato va ganando a su vez velocidad, como si el propio lector estuviese compitiendo también. Trata de una sucesión de carreras, cada una con su particularidad, sin repetirse.

Creo que es un buen libro si te gusta el deporte. Y si eres de los que le asustan el número de páginas, que sepas que apenas tiene 140 y una letra de tamaño considerable.

Por cierto, la última carrera y triunfo de Emil Zátopek fue en el Cross Internacional de San Sebastián en 1.958.

Merienda para la lectura: zumo de naranja con barritas energéticas para reponer fuerzas de tanto maratón.

¿Qué te ha parecido Correr? ¿No crees que tiene mérito la prosa de Jean Echenoz?

El desdeñado mundo de la autopublicación

A raíz del post Autopublicación y librerías escrito por Daniel Jerez en su ardua lucha por hacer llegar su libro El arcabucero Nº 61 a las “masas”, con esa última reflexión que ciertos libreros le han transmitido y se podría resumir en que no exponen el libro en sus establecimientos simple y llanamente porque se trata de un libro autopublicado, ergo no es un best-seller, ergo es de mala calidad (según ellos) y encima quita espacio en las asépticas librerías que en vez de libros lo mismo podrían vender dodotis, me ha dado por pensar en lo difícil que lo tienen los escritores noveles, máxime si su única posibilidad es la de la autopublicación. Os recomiendo que leáis su post lleno de ironía.

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No hace falta ser ingeniero para saber que hoy en día es muy difícil que un libro, de un autor desconocido, pueda llegar a ser expuesto en una librería fuera de la distribución “tradicional”, copada por empresas en una especie de oligopolio que llega al extremo de pagar a los libreros por las mejores estanterías de sus establecimientos. Independientemente de si la historia es buena o no y de su calidad literaria. Ya puede ser el mejor libro del mundo, que si estás fuera de estos canales “tradicionales”, lo tienes crudo.

Si como dijo Kafka, lo natural es escribir, no publicar, pero al final le echas valor a la vida y te autopublicas con el esfuerzo que implica (y no me refiero sólo al dinero), qué menos que dedicar cinco minutos a su autor. De acuerdo que a muchos escritores noveles les faltan muchas páginas por escribir para superar la línea del sonrojo ajeno, pero nadie me podrá negar que la base de la ciencia matemática dicta que para llegar a publicar 5, 17 o 25 libros, inevitablemente ha tenido que pasar por el número 1. Imagino que pocos autores consagrados elaboraron una obra maestra con sus primeras cuatrocientas páginas.

Al hilo de todo esto y puestos a comparar, yo haría otra reflexión, ¿es que los best-sellers son todos buenos y de calidad? Por mi experiencia diré que no. Me he leído bodrios que abochornarían a cualquiera, con un millón de ventas entre tomo y lomo. Un best-seller no asegura calidad literaria, tan sólo que la consultora de marketing subcontratada ha hecho correctamente su trabajo.

 Si como en el caso de Daniel Jerez, has escogido la opción de autopublicar invirtiendo tu tiempo y tu dinero en la corrección, maquetación y el resto de tareas (mira que es complicado comercializar un libro), entonces en lo que a calidad de producto se refiere deberías estar en igualdad de condiciones que una editorial grande, a falta del eficiente entramado de distribución. Otra cosa es la calidad literaria, pero por eso hay buenos y malos escritores, dejando este criterio a los lectores.

Sin embargo, nuestros amables libreros son reticentes a publicar libros autopublicados. Eso es un hecho. Y supongo que en muchos casos justificado. Ahora bien, y siempre según mi opinión, si estuviésemos tratando con libreros de verdad (estoy generalizando), de los de antes, profesionales que aman su profesión y que invierten cinco minutos (no se les pide más) en ojear la historia que se les ofrece para evaluar si merece ser vendido o no en su negocio, tal vez, quizás, quién sabe, en el mundo de la imaginación y la piruleta, gente como Daniel Jerez verían expuestos sus libros en los escaparates de las librerías de nuestras ciudades, flanqueando en igualdad de condiciones otros títulos de dudoso gusto.

Y es que ahora hay demasiada librería nueva que copia el formato de exposición de los grandes almacenes matando la magia de legendarias librerías.

Si el librero examina el producto y cree que merece la pena el libro, lo ofrece a sus clientes, que no, pues nada, al autor/corrector/editor/distribuidor se le muestra la puerta de salida y quién sabe, con un poco de suerte, en un futuro con otra historia puedan llegar a un acuerdo, sin acritud, pues el autor también tiene que estar dispuesto a aguantar la implícita crítica con dignidad. Pero por lo menos, querido librero, ojéalo, y decide en función de tu criterio literario.

He leído los tres primeros capítulos que nos ofrece gratuitamente en su web Daniel Jerez de El arcabucero Nº 61, para que nos entre el gusanillo por la historia, y qué queréis que os diga, me parece que cumple, que está aceptablemente bien escrito, con ritmo, una interesante propuesta de intriga y que puede ser una opción de compra tan buena como cualquier otro best-seller que nos intentan vender con grandes campañas de marketing. No me parece una osadía leer el libro en cuestión.

Pero ojo, que la autopublicación también tiene ventajas para los libreros. Dado que ahora hay un gran problema con todo lo relacionado con la piratería y cada vez se vende menos, puede ser una buena solución apostar por ciertos escritores noveles que de momento, no resultan interesantes ni tan siquiera para estas redes de piratería. Por no hablar del servicio del librero bueno y profesional, recomendando a sus clientes libros desconocidos, brindando al cliente ese valor añadido, sabedor éste de que está leyendo hasta cierto punto algo exclusivo, una lectura que fruto de su profesionalidad ha llegado a unos “elegidos”.

Además, desde el punto de vista financiero es un “chollo”: un tipo como Daniel Jerez le lleva in situ su obra, ahorrando al librero cualquier gasto de transporte, cede un par de ejemplares, si no se venden, los recoge, gasto cero para el librero. Si hay suerte y los vende, ciento por ciento de beneficios.

No sé, tal vez en tiempos de crisis tengamos que arriesgar… un poquito.

Por si acaso, y para que algún librero no se me enfade, con esto no estoy queriendo decir que cualquiera que se autopublique tiene el derecho de ser comercializado. Hay unos mínimos y lo dicho anteriormente, siempre a criterio del librero. Pero en este caso, Daniel Jerez, se ha preocupado de cumplir esos mínimos, y a 3 capítulos de lectura introductoria, estimo, en mi humilde y a su vez criticable opinión, que se ha ganado el derecho de compartir estantería con cualquier otro best-seller, que dicho sea de paso, muchos de ellos a pesar de contar con una industria a sus espaldas, publican con faltas de ortografía y errores tipográficos.

Conclusión: nos debería dar igual que el autor fuese conocido o no, limitándonos a juzgar únicamente la historia en sí.

Curiosos los últimos estudios estadísticos que dicen que cada vez se lee menos pero se publica más. Nos tendremos que replantear esto de alguna manera, desde los editores y escritores, pasando por los libreros y acabando por los lectores (de las reformas educativas ni hablamos porque todo lo que venga desde el estamento político lo doy por perdido, es lo que tiene la resignación).

Para finalizar y limar suspicacias, recalcar que yo a Daniel Jerez no tengo el gusto de conocerlo, no somos amigos y me limito a seguirle por Twitter. Nada más.

Para que no me creáis un hipócrita, sumo El arcabucero Nº 61 a mi ya super lista de próximas lecturas, con su futura reseña en meriendalibros.

Merienda para la autopublicación: tarta bien dulce de chocolate, pues la autopublicación ya es bastante amarga.

Daniel, ¡¡Mucho ánimo con tu aventura como escritor!! Que no decaiga… Desde meriendalibros te deseo la mejor de las suertes.

¿Te animas a leer El arcabucero Nº 61 ahora que llega el veranito?

Bilbao-New York-Bilbao – Kirmen Uribe

Por un lado estaba ansioso por escribir la reseña de Bilbao-New York-Bilbao, pero por otro no tenía muy claro cómo empezar. Ansioso porque el libro me ha gustado, porque es original y porque hacía tiempo que no leía un libro que me hiciese pasar tan buenos ratos. Os lo quiero recomendar con todas mis ganas, si es que todavía no lo habéis leído, pero no sé cómo empezar para convenceros. Sólo puedo decir que fue un regalo de navidades de 2011 y aparqué el libro en la estantería pensando que un argumento tan personal y nostálgico no acompañaba a mi estado de ánimo. Ahora, a toro pasado, me arrepiento de no haberlo leído antes. Si es que donde no hay mata…

Bilbao-New York-Bilbao

La historia comienza en un vuelo entre el aeropuerto de Bilbao y el JFK de Nueva York, en el cual el escritor reflexiona sobre la vida de tres de las generaciones de su familia. Ya está. Pedazo resumen, lo sé… pero es que de esto trata el libro. Es un relato intimista y muy ligero, pues se apoya en sus propios recuerdos, cartas, diarios, poemas… que le permiten dar una agradable continuidad a la narración.

Comienza hablando Liborio Uribe cuyo último deseo es ver un cuadro de Aurelio Arteta que le sirve como excusa a su nieto, que no es otro que el propio Kirmen Uribe, para empezar a contar parte de la historia de su familia.

La novela ha recibido varios premios y todos ellos justificados: Premio Nacional de Narrativa 2009, Premio Nacional de la Crítica 2008 en lengua vasca, Premio de la Fundación Ramón Rubial y Premio del Gremio de Libreros de Euskadi.

Se nota que Kirmen Uribe es también poeta, ya que va mezclando historias de diferentes familiares enlazándolas con interesantes metáforas poéticas, que si no estás preparado desde el principio, puede parecer una lectura un tanto rara, pero una vez que cambias la perspectiva, entusiasma y atrae.

No es una lectura típica, tal vez por eso me haya gustado tanto, un poco harto de los clásicos planteamientos argumentales. Tiene también un cierto sentido del humor camuflado en la manera de abordar las diferentes reflexiones que le confiere una lectura fresca.

Narrativa poética, sentido del humor, historia familiar, la mar, un mínimo suspense en torno al barco Dos Amigos y una novela sincera escrita honestamente.

Me ha encantado.

Merienda para la lectura: cualquier pescado en salazón entre pan y pan como homenaje a las empresas conserveras de Ondarroa, pueblo natal de Kirmen Uribe.

¿Todavía no te has hecho con un ejemplar de Bilbao-New York-Bilbao? Tú mismo, no sabes lo que te pierdes…

Un viejo que leía novelas de amor – Luis Sepúlveda

Tendría yo unos veinte años cuando escuché por vez primera el nombre de Luis Sepúlveda. Fue en el programa de radio Levando Anclas, del periodista Roge Blasco en Radio Euskadi. Es un magnífico programa que habla de viajes repletos de aventuras verídicas, alternativos, fuera de los grandes resorts, ajeno a los grandes mayoristas y con un ingrediente en común, y es que están llenos de idealismo. Me considero un fan incondicional de este programa de radio basado en entrevistas de arriesgados viajeros. Se emite los domingos y festivos de 22:00 a 00:00 horas, pero gracias a las nuevas tecnologías os podéis descargar los programas íntegros desde la propia página de la emisora (por aquello de empezar el lunes descansado) pinchando aquí. Seguro que os sorprenderá. Es un programa que se nota que está hecho con mimo e ilusión. Por cierto, lleva más de veinte años en antena. Ahí es nada. Si aceptáis un consejo, seguid a Roge Blasco y su programa que os va a sorprender seguro.

Pues decía que por aquel entonces estaba yo con la oreja pegada al transistor, acostado, soñando en la oscuridad de mi habitación con las descripciones sobre la selva amazónica de un tipo desconocido para mí llamado Luis Sepúlveda, que a la postre, resultó que se dedicaba a escribir. Al día siguiente me hice con un ejemplar de Un viejo que leía novelas de amor, y no me arrepentí. Lo he disfrutado en varias ocasiones.

Se trata de un libro con pocas páginas, pues no llega a las ciento cincuenta, dependiendo de la edición (dicen que lo bueno si breve, dos veces mejor), y habla de un tal Antonio José Bolívar Proaño, un viejo que vive en un pequeño pueblo olvidado de la Amazonía, El Idilio, que sirve como base para las explotaciones de colonos y buscadores de oro. Hay un mensaje intrínseco de ecologismo y de respeto a la naturaleza, pues el protagonista convive siguiendo la doctrina de los indígenas Shuar (los jíbaros), tomando de la selva tan sólo lo que va a necesitar para sobrevivir ese día. Mientras tanto, se entretiene leyendo historias de amor que se las hace llegar el dentista del pueblo, Rubicundo Loachamín (pedazo nombre). Dos novelas de amor cada seis meses.

Esta rutina se ve interrumpida cuando unos indígenas traen el cadáver de un cazador furtivo. El alcalde del pueblo en un principio sospecha de los propios indios, hasta que nuestro protagonista le convence de que ha sido una tigrilla, que tras la muerte de sus cuatro cachorrillos por el furtivo, vaga por la selva con sed de venganza. Sólo queda dar caza al animal antes de que haya más víctimas, y al viejo, obligado por las circunstancias, no le queda más remedio que participar en dicha caza.

Luis Sepúlveda
Fuente: Tusquets

La novela es de fácil lectura, con historias inverosímiles que uno se imagina que sólo pueden ocurrir en la Amazonía, dejándote la impresión de que en aquel lugar cada día es una nueva aventura (misma sensación me dejan las novelas de Alberto Vázquez-Figueroa, muchas de ellas desarrolladas en idénticos parajes).

Ecologismo, posicionamiento político, la dureza de la selva, la falsedad de los gobernantes, el aislamiento indígena, anécdotas amazónicas y como telón de fondo el particular duelo entre el viejo y el felino, repleto de suspense, el cazador que a su vez puede ser cazado, con el peligro latente en cada página.

En el libro está impreso el pensamiento político que ha marcado la vida de Luis Sepúlveda, como ejemplo, este extracto:

El doctor Loachamín odiaba al Gobierno. A todos y a cualquier Gobierno.  (…)

Vociferaba contra los Gobiernos de turno de la misma manera como lo hacía contra los gringos llegados a veces desde las instalaciones petroleras del Coca, impúdicos extraños que fotografiaban sin permiso las bocas abiertas de sus pacientes.”

Diálogos rápidos y descripciones eficientes marcan la lectura de la novela, recreándose en las situaciones justo lo necesario para continuar con la historia, pues tiene mucho que contar y poco papel. Párrafos sin demasiada adjetivación ni sobrecargados en exceso, pues es más importante el mensaje que la forma, pero de perfecto equilibrio.

Un buen libro que a los urbanitas nos traslada a la naturaleza, a plena selva amazónica cuya sola mención, entraña de por sí suficientes connotaciones de riesgo, haciéndonos ver que nuestro sistema económico no es el único en el mundo y nos invita a reflexionar sobre las nefastas consecuencias de nuestro ritmo de vida (y es que no acabamos de aprender).

Soy de costumbres fijas, y cuando descubro un escritor que me gusta, me preocupo de seguirle y de leer parte de su obra. Me gustó tanto Un viejo que leía novelas de amor, que de seguido vinieron Patagonia Express (autobiografía de Luis Sepúlveda con sus crónicas de viaje por Latinoamérica, otro ejemplo más de que la vida de un escritor puede ser una aventura en sí misma), Nombre de Torero (novela negra) y Mundo del fin del mundo (sobre la caza de ballenas). Todos recomendables.

Luis Sepúlveda fue hecho prisionero durante la dictadura de Pinochet, compromiso político y social que mantiene en sus escritos, lo que le llevó al exilio y a comenzar su vida viajera. Además de escritor, ha compaginado su vida profesional con el cine, como guionista y director.

Merienda para la lectura: una refrescante pieza de fruta, una manzana por ejemplo, pero de las ecológicas, nada de transgénicos, por continuar con la filosofía de vida de Antonio José Bolívar Proaño.

¿Todavía no conoces la escritura de Luis Sepúlveda? Cuéntame tus impresiones sobre este fantástico escritor, lleno de vitalidad e idealismo.

El camino más corto – Manu Leguineche

Manu Leguineche aprovecha una cita del Conde de Keyserling, El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo, como inspiración para el título de su libro El camino más corto, resumiendo con cuatro palabras lo que supuso para él su vuelta al mundo en jeep allá por el año 1.965, junto con tres norteamericanos y un suizo.

Lo que comienza como una huida de la claustrofobia de la dictadura, acaba convirtiéndose en un viaje que le marcará para siempre, ayudándole a centrar su juventud y orientando su madurez, en definitiva, su aventurera vida.

Reputado e incluso idolatrado reportero y periodista, fundador de las agencias de noticias Colpisa y Fax Press, escribió crónicas desde Argelia, India, Pakistán, Guinea Ecuatorial (su libro La Tribu sobre la caída del dictador Francisco Macías marcó a futuros periodistas, auténtica radiografía de lo que era el periodismo en aquellos tiempos), nos relató de primera mano la guerra de Vietnam, Nicaragua… un sinfín de destinos periodísticos en donde aunaba su pasión por los viajes con la necesidad de transmitir la realidad  del momento.

Y todo se origina desde una vuelta al mundo en jeep, que queda reflejada en este libro de viajes llamado El camino más corto, donde nos indica que en su caso, la forma más rápida para conocerse a sí mismo fue dar la vuelta al mundo, necesitando 60.000 kilómetros para conseguir su objetivo.

Por lo que he podido investigar, El camino más corto está descatalogado (si yo fuese el editor me tomaría inmediatamente una pastilla de sentido común y le pondría remedio, pues estoy seguro que si se reedita, vende), por lo que os dejo una imagen de todocoleccion donde particulares venden dicho libro.

El camino mas corto

Otra opción igual de buena y un tanto más barata, es recurrir a la biblioteca municipal, con un poco de suerte tendrás algún ejemplar. En concreto, en la Biblioteca Municipal de Bilbao tienen 2 tomos esperando que los leas.

Y por supuesto, siempre podemos recurrir a nuestro amigo librero, ese buen profesional que tampoco entiende cómo es posible que los libros buenos caigan en el olvido.

El libro es una joya de la literatura de viajes, por no hablar de la crónica socio-política-económica-militar mundial de finales de los años 60 y principios de los 70, que nos describe con detalle y de forma amena, desde su propia experiencia, in situ, en países de difícil acceso para los extranjeros y no exento de cierto peligro, los entresijos que movían el devenir del planeta en ese caos formado por religiones, intereses económicos y luchas de poder. Eran años en los que todavía existía el Telón de Acero, la Guerra Fría estaba en boca de todos y el muro de Berlín se erigía imponente separando las libertades. Decisiones políticas que afectaban al mundo entero. Y él estuvo allí y nos lo cuenta en El camino más corto mezclando con soltura la crónica periodística con la novela y la literatura de viajes, haciendo que su lectura sea ágil e interesante.

30 países, 5 continentes, dificultades mecánicas y aduaneras, ladrones, disentería, hambre, deshidratación o fiebres, con horas de euforia y de desánimo, por no hablar de todos los datos de biografías y aventuras que van jalonando el libro, hasta el punto que es imposible retener y acordarte de todo. Consigue lo que muchos libros intentan y no todos tienen éxito: que el lector se involucre en la historia dando rienda suelta a la imaginación, siendo partícipe de las propias vivencias del autor, creyéndose todo un reportero de guerra con esa especie de aura llena idealismo.

Recomendable para que los adolescentes actuales comprendan la historia mundial de los años 60 y 70, desde una visión autobiográfica, viajera, plagada de aventuras y distendida, para que les vayan sonando los nombres de antiguos líderes que dominaron la política mundial y entiendan las consecuencias de conflictos bélicos ya olvidados.

El camino más corto no te defraudará porque está bien escrito, repleto de historias, aventuras y biografías. ¿Acaso se puede pedir más? Lo mejor: que como dicen por ahí la realidad supera a la ficción, y lo que nos cuenta Manu Leguineche con su ingeniosa prosa, por muy inverosímil que nos parezca, fue realidad.

Varios premios periodísticos y literarios avalan la lectura de cualquiera de sus libros. No me cabe ninguna duda de que si te animas a leer El camino más corto, será el primero de los muchos libros de Manu Leguineche que acabarás leyendo. Lectura rápida, fácil y de la buena.

Merienda para la lectura: bocadillo de chorizo de Pamplona, de los de toda la vida.

Si has leído ya El camino más corto, ¿no te ha pedido el cuerpo hacerte con un 4×4 para lanzarte a recorrer desiertos, selvas y estepas para descubrir ciudades, países, gentes y culturas inimaginables?