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Reseña La buena novela – Laurence Cossé

Pues en su día comenté que estaba leyendo La buena novela, de Laurence Cossé, asustado a la vez que agradecido por la cantidad de escritores que estaba descubriendo. Ya lo he terminado y a falta de vítores y salvas de artillería diré lo siguiente: merece, y mucho, la pena.

La Buena Novela

Un imprescindible motivo os tiene que llevar a leer esta novela: haceros con una lista de escritores y libros magnífica, que os ayude a la hora de escoger vuestro próximo libro. Sobre todo franceses, pero es normal puesto que la autora, como habréis deducido por su nombre mis queridos Watsons, es francesa y resulta lógico pensar que sobre todo dominará la literatura de su país.

Además, analiza el mundo editorial y el de la crítica, no saliendo muy bien parados ninguno de los dos. Por un lado manifiesta que muchas editoriales centran sus ventas en best sellers de dudoso gusto, que acompañados de buenas campañas de marketing, consiguen vender muchos ejemplares y hacer dinero, pero… se trata de libros que no perdurarán en el tiempo. Por otro lado en cuanto a los críticos, denuncia que también forman parte del entramado industrial del libro puesto que muchos de ellos además de periodistas son o aspiran a ser escritores, por lo que no disponen de esa independencia total que se les presupone. Y es que no vas a hablar mal de la editorial que te da de comer…

Mi solución: leer las reseñas de meriendalibros, aprovechad ahora que todavía permanezco puro y no he vendido mi prosa a nadie.

La buena novela no es perfecta (ya lo dice el título, “solo” es buena) y en mi opinión la trama pseudopoliciaca no es de gran nivel, pero seré magnánimo por una vez y tendré que reconocer que el argumento no es más que una mera excusa para la exposición de un ingente listado de novelas y escritores. Que de eso se trata. Creo que en el fondo su objetivo no es otro que el de la divulgación, proponiéndonos infinidad de libros de los que disfrutar. Y a mí esto último me ha seducido.

Sin embargo, me veo en la obligación de sacar tarjeta amarilla a la señora Laurence Cossé. Después de mencionar varias veces a Stendhal, Cormac McCarthy, Sabatini, Zola, Michon, Echenoz, Auster… (y muchos otros, creédme que la lista es descomunal) apenas menciona a Alejandro Dumas, y lo siento, pero eso no se lo perdono. Si mi contabilidad de literatos que aparece en La buena novela no me engaña, sólo es mencionado en dos ocasiones, una de ellas de refilón, y hace alusión a la calle Alexandre Dumas de París (claro, como esta ciudad casi no tiene calles…), pero para mí no es suficiente. Después de idolatrar a otros en sucesivas ocasiones, me deja un regusto amargo el pensar que le ha asignado el papel de secundario. Cuestión de opiniones diría aquél, o tal vez es que estoy siendo demasiado riguroso. Y es que las comparaciones son odiosas. Menos mal que aquí estoy yo para remediar esta injusticia (¡¡cómo no!!) y prometo un post sobre El club Dumas escrito por Arturo Pérez-Reverte (que por cierto sale mencionado en La buena novela) para remediar tamaña injusticia.

La buena novela nos expone una aventura en torno a una librería que sólo vende obras maestras y sólo novelas, no hay espacio para ensayos y demás géneros. Con esta excusa Laurence Cossé reivindica la buena literatura frente al mal gusto perpetrado por determinados creadores de best sellers.

El catálogo ofertado por La buena novela, que así es como se llama la librería, es confeccionado por ocho clandestinos escritores, pues sus nombres permanecen en el anonimato y ni tan siquiera entre ellos se conocen para evitar devaluar la lista de libros que ofertan.  Tanta calidad junta acaba por molestar a otros escritores y editores que no han sido escogidos en el selecto catálogo, perpetrando una especie de atentados criminales, de manera un tanto ilusa. Puestos a imaginar crímenes, se me ocurren posibilidades más eficientes y excitantes.

A veces uno se lía con tanto nombre, entre los escritores reales, las novelas reales, los protagonistas, los escritores ficticios, sus pseudónimos, las novelas ficticias… y mi ignorancia, a veces no se sabe quién es quién.

Además, los diálogos no me acaban de encajar, todo el rato hablándose de usted, incluso cuando los protagonistas empiezan una relación afectiva… no lo acabo de coger, y excesivas disertaciones sobre un mismo tema, que a veces se repiten a lo largo de la novela.

Hay una historia de amor y otro amor no correspondido, que en ocasiones encajan con calzador. De más a menos.

Positivo es que invita a la reflexión: ¿Qué leemos? ¿Cómo leemos? ¿Somos lo suficiente exigentes con nuestras lecturas? ¿Nos dejamos llevar por las novedades y el marketing? ¿Seguimos algún criterio a la hora de escoger un libro?

Y por supuesto, una vez leído La buena novela, a uno le entran unas ganas locas de montarse su propia librería, a pie de calle, fuera de los centros comerciales, y formar parte de ese ideal en lo que lo único que importa es la calidad literaria. Claro que esto forma parte de la ficción, puesto que lamentablemente, ninguna librería sobreviviría vendiendo sólo buenas novelas, sin su sección de novedades, best sellers y resto de temáticas… El pequeño y honesto librero hoy en día sobrevive gracias al consumo rápido de literatura, independientemente de su calidad, apenas logran llegar a fin de mes y cada vez quedan menos librerías tradicionales. Sería injusto que les exigiésemos un filtro de calidad a sus ya exiguas ventas.

En resumen, si bien la trama me ha parecido sosa, La buena novela me ha gustado y os la recomiendo porque transmite un gran amor y respeto por la literatura. ¿Para qué más?

Como sabéis que soy un friki, me he creado una lista con todos los autores que aparecen en la novela… sólo os pido un poco de paciencia para que me de tiempo para pasarlo al blog y en cuanto pueda os lo publicaré. Espero que os sirva.

Merienda para la lectura: crêpes de chocolate con helado de mandarina, receta muy francesa…

¿Todavía no has leído La buena novela? Pues lo siento por ti… ¡¡no sabes lo que te estás perdiendo!!

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