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Es curioso esto de la muerte…

… si bien forma parte de la vida, pues todos sabemos que tarde o temprano nos tocará morir, no por ello deja de sorprendernos, cogiéndonos completamente desprevenidos, con la guardia baja y con esa absurda cara de incredulidad.

Sabía que Manu Leguineche andaba desde hacía tiempo pachucho. Sabía que se había retirado a un pueblo de la provincia de Guadalajara y sospechaba que tenía que ser algo serio puesto que llevaba años sin publicar. Cada uno tiene sus escritores fetiches, y en mi caso, el tal Manu (me permito el tuteo), formaba parte del colectivo de escritores a los que no debía perder de vista desde que leí siendo un adolescente El camino más corto.

Es entonces cuando la asquerosa tecnología irrumpe en la vida de uno recibiendo un whatsapp (¿se estará planteando la RAE incluir este palabro?) anunciando que el editor de la guadaña había decidido in extremis no publicar más libros de Manu Leguineche. Esta vez el billete de nuestro viajero incansable no tenía vuelta.

Enlazo esta reflexión teniendo en cuenta una serie de penurias personales, dignas de un macabro melodrama que me han impedido mantener el blog como a mí me gustaría, haciendo que me pregunte por qué oscura razón he sentido la muerte de alguien a quien no conocía, como si lo que ya me está tocando vivir no fuese suficiente.

Y es que tengo que reconocer que disfruté mucho leyendo sus libros, escritos con marcado estilo periodístico, describiéndonos la historia reciente de primera mano. Me lo imagino entre libros de tapas arrugadas y con claros vestigios de uso, en una esquina de la pequeña estancia que hace las veces de despacho descansa la mochila siempre preparada para cubrir el próximo conflicto, abrazado a una soledad escogida que no hace desprecio a la compañía de cualquier amistad alrededor de un buen licor, entre un caos de desorden y papeles que apenas le importunan porque en realidad los datos y el espíritu de la próxima crónica reposan convenientemente clasificados en su cabeza, tecleando en una vieja Olivetti párrafos con mezcla de citas históricas y reflexiones propias, vislumbrando el mundo tras las gafas de pasta gruesa, sin apenas pestañear atento a lo que sucede en tierras inhóspitas con nombres impronunciables.

O no. Quién sabe. En realidad no tengo ni idea pues ya he comentado que no tuve el gusto de conocerle en persona, pero después de leer algunos de sus libros y de seguir durante años su trayectoria, mi imaginación dibuja estos trazos de hombre con cierto toque melancólico y la convicción de querer ser feliz. A su manera.

Con lo difícil que es bautizar con un título a un libro, el tipo disponía de la suficiente habilidad como para resumir, en un puñado de palabras, el mensaje de su literatura, con esa sabiduría analítica aprendida en tantos campos de batalla: La destrucción de Gandhi, El camino más corto, La Tribu, El viaje prodigioso: 900 años de la última cruzada, Recordad Pearl Harbour, Los años de la infamia, Annual 1921: el desastre de España en el Rif, Yo pondré la guerra….

Más de medio centenar de libros escritos desde la honradez, dejándonos un preciado legado de libros periodísticos para que los disfrutemos, los que todavía anhelamos que nos quede mucho por leer.

Ha transcurrido algo más de dos meses desde la nefasta noticia y no quería perder la oportunidad de brindarle mi pequeño homenaje. Con retraso, que nunca fui el primero de la clase. Aunque solo sea como exigua recompensa por tan buenos momentos literarios, por aquello de que es de bien nacido ser agradecido. Total, el blog es mío, yo lo mantengo y yo decido qué y de quién quiero escribir (curioso, parece que la tecnología también tiene cosas buenas).

Espero que en el más allá, que confío que lo haya, siga como el periodista que fue escribiendo las crónicas de un grato paraíso.

Merienda para la lectura: Una cervecita fría, brindis incluido, en honor a un tipo que no conocí y que tanto me enseñó.

 

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El camino más corto – Manu Leguineche

Manu Leguineche aprovecha una cita del Conde de Keyserling, El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo, como inspiración para el título de su libro El camino más corto, resumiendo con cuatro palabras lo que supuso para él su vuelta al mundo en jeep allá por el año 1.965, junto con tres norteamericanos y un suizo.

Lo que comienza como una huida de la claustrofobia de la dictadura, acaba convirtiéndose en un viaje que le marcará para siempre, ayudándole a centrar su juventud y orientando su madurez, en definitiva, su aventurera vida.

Reputado e incluso idolatrado reportero y periodista, fundador de las agencias de noticias Colpisa y Fax Press, escribió crónicas desde Argelia, India, Pakistán, Guinea Ecuatorial (su libro La Tribu sobre la caída del dictador Francisco Macías marcó a futuros periodistas, auténtica radiografía de lo que era el periodismo en aquellos tiempos), nos relató de primera mano la guerra de Vietnam, Nicaragua… un sinfín de destinos periodísticos en donde aunaba su pasión por los viajes con la necesidad de transmitir la realidad  del momento.

Y todo se origina desde una vuelta al mundo en jeep, que queda reflejada en este libro de viajes llamado El camino más corto, donde nos indica que en su caso, la forma más rápida para conocerse a sí mismo fue dar la vuelta al mundo, necesitando 60.000 kilómetros para conseguir su objetivo.

Por lo que he podido investigar, El camino más corto está descatalogado (si yo fuese el editor me tomaría inmediatamente una pastilla de sentido común y le pondría remedio, pues estoy seguro que si se reedita, vende), por lo que os dejo una imagen de todocoleccion donde particulares venden dicho libro.

El camino mas corto

Otra opción igual de buena y un tanto más barata, es recurrir a la biblioteca municipal, con un poco de suerte tendrás algún ejemplar. En concreto, en la Biblioteca Municipal de Bilbao tienen 2 tomos esperando que los leas.

Y por supuesto, siempre podemos recurrir a nuestro amigo librero, ese buen profesional que tampoco entiende cómo es posible que los libros buenos caigan en el olvido.

El libro es una joya de la literatura de viajes, por no hablar de la crónica socio-política-económica-militar mundial de finales de los años 60 y principios de los 70, que nos describe con detalle y de forma amena, desde su propia experiencia, in situ, en países de difícil acceso para los extranjeros y no exento de cierto peligro, los entresijos que movían el devenir del planeta en ese caos formado por religiones, intereses económicos y luchas de poder. Eran años en los que todavía existía el Telón de Acero, la Guerra Fría estaba en boca de todos y el muro de Berlín se erigía imponente separando las libertades. Decisiones políticas que afectaban al mundo entero. Y él estuvo allí y nos lo cuenta en El camino más corto mezclando con soltura la crónica periodística con la novela y la literatura de viajes, haciendo que su lectura sea ágil e interesante.

30 países, 5 continentes, dificultades mecánicas y aduaneras, ladrones, disentería, hambre, deshidratación o fiebres, con horas de euforia y de desánimo, por no hablar de todos los datos de biografías y aventuras que van jalonando el libro, hasta el punto que es imposible retener y acordarte de todo. Consigue lo que muchos libros intentan y no todos tienen éxito: que el lector se involucre en la historia dando rienda suelta a la imaginación, siendo partícipe de las propias vivencias del autor, creyéndose todo un reportero de guerra con esa especie de aura llena idealismo.

Recomendable para que los adolescentes actuales comprendan la historia mundial de los años 60 y 70, desde una visión autobiográfica, viajera, plagada de aventuras y distendida, para que les vayan sonando los nombres de antiguos líderes que dominaron la política mundial y entiendan las consecuencias de conflictos bélicos ya olvidados.

El camino más corto no te defraudará porque está bien escrito, repleto de historias, aventuras y biografías. ¿Acaso se puede pedir más? Lo mejor: que como dicen por ahí la realidad supera a la ficción, y lo que nos cuenta Manu Leguineche con su ingeniosa prosa, por muy inverosímil que nos parezca, fue realidad.

Varios premios periodísticos y literarios avalan la lectura de cualquiera de sus libros. No me cabe ninguna duda de que si te animas a leer El camino más corto, será el primero de los muchos libros de Manu Leguineche que acabarás leyendo. Lectura rápida, fácil y de la buena.

Merienda para la lectura: bocadillo de chorizo de Pamplona, de los de toda la vida.

Si has leído ya El camino más corto, ¿no te ha pedido el cuerpo hacerte con un 4×4 para lanzarte a recorrer desiertos, selvas y estepas para descubrir ciudades, países, gentes y culturas inimaginables?