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Correr – Jean Echenoz

O como escribir un libro repleto de metáforas estupendas, ironía y sarcasmo inteligente. Os dejo un extracto como ejemplo:

“Su curiosidad le mueve aún así a visitar el zoo de Berma, donde disfruta viendo monos, especie a quien todavía no se otorga el permiso de residencia en Checoslovaquia. Pero los monos parecen malos, atormentados, amargados, perpetuamente ofendidos, resentidos por haber dejado escapar la humanidad por un pelín.”

Correr de Jean Echenoz trata de la vida de Emil Zátopek, “La locomotora humana”, atleta checoslovaco especialista en pruebas de fondo y que a mediados de los años 50, batió todos los records posibles y por haber. Su vida está llena de contradicciones y sacrificios, en una constante ambigüedad, pues si bien por un lado anhela una vida discreta, acaba convirtiéndose en el ídolo de su pueblo, discrepa con el régimen autoritario y comunista de la época, pero éste se empeña en promocionarle en su escalafón de mando militar convirtiéndole en un héroe nacional… Pero su manera de canalizar la rebeldía, de luchar ante las normas impuestas por el régimen político, fue correr, además de una manera nada ortodoxa, sin técnica ni estilo, corriendo contra todo y a veces contra sí mismo.

Sin embargo, llega un momento en que no le queda más remedio que posicionarse, y durante la primavera de Praga apoya a Alexander Dubcek, lo que le lleva a ser expulsado del Partido Comunista y del ejército, vilipendiado por las autoridades pero alimentando su idealizada imagen frene a sus compatriotas. Como castigo le destierran a trabajar a una mina, le convierten en basurero y al final, ante las protestas del resto de la población y viendo el régimen checoslovaco que este tipo de humillación se vuelve en su contra, acaban por darle un gris trabajo de administrativo  en un oscuro sótano, lejos de las miradas indiscretas.

Con una prosa que ya la quisiera para mí, estamos ante una novela que no es una biografía en su forma más estricta, ya que aunque se basa en la figura de Emil Zátopek y describe parte de las vicisitudes del plusmarquista, tampoco se detiene en detallar su vida saltándose varias etapas. A Jean Echenoz, le llama la atención esa ambigüedad repleta de humildad, centrando su relato en esta extraña dicotomía.

Interesante su relación política, la vigilancia a la que le sometían, su relación con los periodistas extranjeros y todos los impedimentos para que corriese competiciones internacionales por miedo a que pidiese asilo político en otros países. En vez de recompensar sus esfuerzos, las autoridades le impusieron una férrea vigilancia.

También es un relato contra la adversidad. Imaginaos a un individuo que aparece sólo en Berlín para competir en una carrera internacional, siendo el único representante de su país, sin que nadie se moleste en avisarle de que va a dar comienzo la carrera, llegando en el último instante a la salida ante la guasa generalizada en el estadio, sin equipamiento, ni equipo y humillado por la masa que asiste al espectáculo. Pero gana. Gana la carrera de calle, doblando al resto de corredores, humillándolos a su vez.

Y según uno va leyendo a Jean Echenoz, mientras describe las carreras y cómo Emil Zátopek va ganando puestos en el ranking internacional, basando su correr en el sacrificio y con mucho esfuerzo, el relato va ganando a su vez velocidad, como si el propio lector estuviese compitiendo también. Trata de una sucesión de carreras, cada una con su particularidad, sin repetirse.

Creo que es un buen libro si te gusta el deporte. Y si eres de los que le asustan el número de páginas, que sepas que apenas tiene 140 y una letra de tamaño considerable.

Por cierto, la última carrera y triunfo de Emil Zátopek fue en el Cross Internacional de San Sebastián en 1.958.

Merienda para la lectura: zumo de naranja con barritas energéticas para reponer fuerzas de tanto maratón.

¿Qué te ha parecido Correr? ¿No crees que tiene mérito la prosa de Jean Echenoz?

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Reseña La buena novela – Laurence Cossé

Pues en su día comenté que estaba leyendo La buena novela, de Laurence Cossé, asustado a la vez que agradecido por la cantidad de escritores que estaba descubriendo. Ya lo he terminado y a falta de vítores y salvas de artillería diré lo siguiente: merece, y mucho, la pena.

La Buena Novela

Un imprescindible motivo os tiene que llevar a leer esta novela: haceros con una lista de escritores y libros magnífica, que os ayude a la hora de escoger vuestro próximo libro. Sobre todo franceses, pero es normal puesto que la autora, como habréis deducido por su nombre mis queridos Watsons, es francesa y resulta lógico pensar que sobre todo dominará la literatura de su país.

Además, analiza el mundo editorial y el de la crítica, no saliendo muy bien parados ninguno de los dos. Por un lado manifiesta que muchas editoriales centran sus ventas en best sellers de dudoso gusto, que acompañados de buenas campañas de marketing, consiguen vender muchos ejemplares y hacer dinero, pero… se trata de libros que no perdurarán en el tiempo. Por otro lado en cuanto a los críticos, denuncia que también forman parte del entramado industrial del libro puesto que muchos de ellos además de periodistas son o aspiran a ser escritores, por lo que no disponen de esa independencia total que se les presupone. Y es que no vas a hablar mal de la editorial que te da de comer…

Mi solución: leer las reseñas de meriendalibros, aprovechad ahora que todavía permanezco puro y no he vendido mi prosa a nadie.

La buena novela no es perfecta (ya lo dice el título, “solo” es buena) y en mi opinión la trama pseudopoliciaca no es de gran nivel, pero seré magnánimo por una vez y tendré que reconocer que el argumento no es más que una mera excusa para la exposición de un ingente listado de novelas y escritores. Que de eso se trata. Creo que en el fondo su objetivo no es otro que el de la divulgación, proponiéndonos infinidad de libros de los que disfrutar. Y a mí esto último me ha seducido.

Sin embargo, me veo en la obligación de sacar tarjeta amarilla a la señora Laurence Cossé. Después de mencionar varias veces a Stendhal, Cormac McCarthy, Sabatini, Zola, Michon, Echenoz, Auster… (y muchos otros, creédme que la lista es descomunal) apenas menciona a Alejandro Dumas, y lo siento, pero eso no se lo perdono. Si mi contabilidad de literatos que aparece en La buena novela no me engaña, sólo es mencionado en dos ocasiones, una de ellas de refilón, y hace alusión a la calle Alexandre Dumas de París (claro, como esta ciudad casi no tiene calles…), pero para mí no es suficiente. Después de idolatrar a otros en sucesivas ocasiones, me deja un regusto amargo el pensar que le ha asignado el papel de secundario. Cuestión de opiniones diría aquél, o tal vez es que estoy siendo demasiado riguroso. Y es que las comparaciones son odiosas. Menos mal que aquí estoy yo para remediar esta injusticia (¡¡cómo no!!) y prometo un post sobre El club Dumas escrito por Arturo Pérez-Reverte (que por cierto sale mencionado en La buena novela) para remediar tamaña injusticia.

La buena novela nos expone una aventura en torno a una librería que sólo vende obras maestras y sólo novelas, no hay espacio para ensayos y demás géneros. Con esta excusa Laurence Cossé reivindica la buena literatura frente al mal gusto perpetrado por determinados creadores de best sellers.

El catálogo ofertado por La buena novela, que así es como se llama la librería, es confeccionado por ocho clandestinos escritores, pues sus nombres permanecen en el anonimato y ni tan siquiera entre ellos se conocen para evitar devaluar la lista de libros que ofertan.  Tanta calidad junta acaba por molestar a otros escritores y editores que no han sido escogidos en el selecto catálogo, perpetrando una especie de atentados criminales, de manera un tanto ilusa. Puestos a imaginar crímenes, se me ocurren posibilidades más eficientes y excitantes.

A veces uno se lía con tanto nombre, entre los escritores reales, las novelas reales, los protagonistas, los escritores ficticios, sus pseudónimos, las novelas ficticias… y mi ignorancia, a veces no se sabe quién es quién.

Además, los diálogos no me acaban de encajar, todo el rato hablándose de usted, incluso cuando los protagonistas empiezan una relación afectiva… no lo acabo de coger, y excesivas disertaciones sobre un mismo tema, que a veces se repiten a lo largo de la novela.

Hay una historia de amor y otro amor no correspondido, que en ocasiones encajan con calzador. De más a menos.

Positivo es que invita a la reflexión: ¿Qué leemos? ¿Cómo leemos? ¿Somos lo suficiente exigentes con nuestras lecturas? ¿Nos dejamos llevar por las novedades y el marketing? ¿Seguimos algún criterio a la hora de escoger un libro?

Y por supuesto, una vez leído La buena novela, a uno le entran unas ganas locas de montarse su propia librería, a pie de calle, fuera de los centros comerciales, y formar parte de ese ideal en lo que lo único que importa es la calidad literaria. Claro que esto forma parte de la ficción, puesto que lamentablemente, ninguna librería sobreviviría vendiendo sólo buenas novelas, sin su sección de novedades, best sellers y resto de temáticas… El pequeño y honesto librero hoy en día sobrevive gracias al consumo rápido de literatura, independientemente de su calidad, apenas logran llegar a fin de mes y cada vez quedan menos librerías tradicionales. Sería injusto que les exigiésemos un filtro de calidad a sus ya exiguas ventas.

En resumen, si bien la trama me ha parecido sosa, La buena novela me ha gustado y os la recomiendo porque transmite un gran amor y respeto por la literatura. ¿Para qué más?

Como sabéis que soy un friki, me he creado una lista con todos los autores que aparecen en la novela… sólo os pido un poco de paciencia para que me de tiempo para pasarlo al blog y en cuanto pueda os lo publicaré. Espero que os sirva.

Merienda para la lectura: crêpes de chocolate con helado de mandarina, receta muy francesa…

¿Todavía no has leído La buena novela? Pues lo siento por ti… ¡¡no sabes lo que te estás perdiendo!!