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El largo adiós – Raymond Chandler

No puedo evitar ponerle la cara de Humphrey Bogart al protagonista de El largo adiós, Philip Marlowe, detective creado por Raymond Chandler para sus novelas de género negro, caracterizado por su cinismo, repleto de un pesimismo escogido a conciencia, a la vez íntegro; un tipo que no espera absolutamente nada de la humanidad y aún así, se empeña en ayudar a determinados sujetos que considera, bajo su peculiar punto de vista, que merecen el esfuerzo. Bebedor de licores fuertes y mujeriego, posee un intrincado código de honor que sólo él conoce, lo que le lleva a realizar acciones que sorprenden al lector. En definitiva lo que viene a ser un lobo solitario idealista, fiel a sus principios, que no tienen porqué coincidir con los del resto de la sociedad.

Philip Marlowe

Comento lo de Bogart porque han sido varios los actores que han encarnado el papel de Marlowe en el celuloide, como Robert Mitchum, James Caan, James Garner y hasta Danny Glover. Pero Bogarten blanco y negro con ese halo de humo de sus cigarros, con esas frases cortas y lapidarias, la mirada llena de escepticismo… sin duda es la encarnación de Marlowe en carne y hueso, inevitable comparación según uno va leyendo hoja tras hoja las aventuras de este singular detective literario, artífice junto con el Sam Spade de Dashiell Hammett del origen de la novela negra. Entre otros.

La trama gira en torno a un colectivo acaudalado, supuestos triunfadores pertenecientes a un círculo cerrado, delimitado por la selecta urbanización en la que viven, solo apta para unos pocos bolsillos. Y sin quererlo, por casualidades de la vida, Marlowe se ve investigando un asesinato que nadie quiere que investigue, en un ambiente completamente ajeno para un tipo sin recursos económicos y al que parece que le molesta el dinero. Por lo menos el que no cree que se ha ganado honradamente.

Además se siente continuamente engañado, porque en parte de esto va la historia, de la amistad y de la traición a esa honesta y desinteresada amistad. Aquí es donde reside la fuerza de la novela, pues en El largo adiós, Marlowe encarna a un tipo honesto, justo, incluso cuando se relaciona con la policía es más íntegro que la propia ley y que cualquier inspector que linda con la corrupción, haciendo que tanta rectitud suene estrambótica, todavía más con los tiempos que estamos viviendo donde cualquiera vendería a su madre por una parcela urbanificable. En cambio Marlowe rechaza con mucho estilo los cinco mil dólares de la época, una pasta de entonces y de ahora, porque no se cree merecedor de tanto dinero y porque vienen de donde no querría que viniesen.

Aún así, a pesar de que se huele que están jugando con él, acepta, con un par, ir a la cárcel, a que le den un par de bofetadas de las que estilaban los yanquees de entonces, para no perjudicar a un amigo que quién sabe, tal vez no estaría dispuesto a realizar similar sacrificio por él. Porque en el fondo, no deja de ser un romántico que confía en dar una segunda oportunidad al ser humano, a pesar de la contrastada mezquindad y crueldad demostrada por el Homo Sapiens. Tal vez no deja de ser una ingenuidad y por eso me gusta.

No sé dónde he leído que El largo adiós es el gran ejemplo a seguir de la novela negra. Desconozco si hay libros mejores que éste, o si hay escritores con más talento que Raymond Chandler, a tu albedrío lo dejo, pero lo que tengo claro es que si te va la novela negra, tienes que leer El largo adiós, pues no dudo que el personaje de Marlowe ha sido vilmente copiado durante décadas en infumables historias de dudoso gusto, junto con gratas sorpresas que nos han tenido pegados al sofá leyendo fascinantes penurias detectivescas, por lo que merece la pena dedicar unas horas al original, al precursor del detective privado pasado de vueltas, íntegro, honrado, con su propio código de honor, mujeriego y enamoradizo, defensor del débil y por supuesto, perdedor. Pero sobre todo, con dignidad. ¡¡Cuánto tenemos que aprender de Philip Marlowe !!