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Rescaten el Titanic – Clive Cussler

De vez en cuando también escribo sobre lo que no me ha gustado, por avisar al resto de lectores que puede que se fíen de mi criterio. Y hoy toca hacer reseña de lo que no deja de ser un bodrio.

Es más, en mi opinión llega al fraude. Si en vez de titularlo como Rescaten el Titanic, lo hubiesen llamado Rescaten el barco Tacatún, pues uno haría un esfuerzo sublime y se creería la historia, evaluando únicamente su estilo de escritura. Pero no, le han llamado Titanic, lo que conlleva una cierta leyenda, el hundimiento por antonomasia. Sobre el Titanic se han escrito miles de páginas ensalzando la supuesta valentía del pasaje, con el mito de la orquesta que viéndose perdidos continuaron tocando sus instrumentos ofreciendo un ápice de sosiego a quienes todavía no habían perdido la esperanza por sobrevivir, las avariciosas decisiones de los armadores al no equipar el buque con botes salvavidas suficientes, la inútil llamada de socorro, los náufragos que perecieron por hipotermia…  Además en la portada nos muestran la fotografía de lo que todos intuimos que era el Titanic. Así que uno se deja engañar y espera que el barco sea el protagonista de la novela. Por no hablar del sinfín de posibilidades para la ficción en torno al navío de vapor, una inmejorable fuente de potenciales ideas para la imaginación del escritor, como si fuese un caldo de cultivo que tan solo hay que mimar para obtener cuatrocientas páginas llenas de entrenamiento.

Rescaten al Titanic

Lo malo es que Rescaten el Titanic apenas transcurre en el Titanic. La historia gira en torno al naufragio sin ahondar en el suceso mismo, sin aportar datos de enjundia sobre su hundimiento, ni sobre su historia, ni sus pasajeros… y al final uno se siente decepcionado,  ya que se han creado falsas expectativas por parte del escritor y del editor que no llegan a cumplirse.

Otra cosa hubiese sido que la historia, aunque apenas tratase del susodicho transatlántico, tuviese una gran trama y enganchase. El lector también se hubiese sentido decepcionado, pero por lo menos, como suele decirse, hubiesen salvado los muebles. Sin embargo no es el caso. Esto es un best seller cuyo mayor mérito es la campaña de marketing que en su día le acompañaría, o esto es lo que me imagino pues otra explicación no encuentro dada la pésima calidad del argumento y de su técnica literaria (si la tuviese, porque para mí llenar de diálogos un texto no es novela, será teatro o qué sé yo).

Además, buceando por internet, me topo con que alguien, en un momento de delirio, adaptó el libro para hacer una película, con un presupuesto que rondó los 40 millones de dólares de los de antes, allá por 1.980… que ahora es una cantidad considerable de dinero, pero hace más de treinta años era una pasta gansa, lo que viene siendo una superproducción. Para que os hagáis una idea, Gran Torino, del inigualable Clint Eastwood contó veintiocho años después, con 33 millones de presupuesto, recaudando 269 millones. ¿Qué pasó con la adaptación cinematográfica de Rescaten el Titanic? Pues lo que dicta el sentido común: fracaso total y durante años ejemplo de cómo tirar el dinero por el retrete. Es que 40 millones equivalen a muchos espectadores…

Eso sí, el autor de la novela, un tal Clive Cussler, tiene mucho mérito, al César lo que es del César, porque hacer de esta historia de calidad dudosa un best seller y además vender los derechos cinematográficos a Hollywood, con los previsibles rendimientos económicos, es de campeones.

Titanic

En cuanto al libro, decía que el rollo no va del Titanic, sino que es una de espías, americanos contra rusos y viceversa, que es lo que se llevaba en los ochenta, pero con todos los estereotipos que uno se pueda imaginar: políticos patriotas que se sacrifican para salvaguardar la seguridad del país, anónimos espías asesinados, un presidente de los USA íntegro y preocupado que asume con orgullo la carga que supone dirigir el mejor y más importante país del mundo (cuando leo estas historias me pregunto qué sería de nosotros sin los yanquees), tampoco podía faltar una especie de James Bond que acaba con todos los rusos que se le ponen por delante pero que además es científico y pilota aviones y submarinos (¡¡toma!! me voy a pasar por la DGT a ver si con mi carnet de ciclomotor puedo yo también), sabe desenvolverse en parajes inhóspitos a no sé cuántos grados bajo cero y además ha tenido tiempo de ser un experto del Titanic conociendo todos los pormenores sobre el hundimiento… Total, que a uno le entra un complejo… es que un servidor solo tiene un blog, un trabajito mileurista de ocho horas y casi no le da la vida entre ir a la oficina, leer, escribir post, prepararse la comida, hacer la colada, limpiar, planchar… en cambio estos espías americanos saben hacer de todo y además, perfecto. ¡Qué envidia!

Encima el autor mete con calzador, de una manera nada creíble,  una serie de problemas maritales entre uno de los protagonistas y su mujer, que por cierto, puestos a criticar a los personajes, la imagen de esposa de consejero del presidente de los EEUU no sale muy bien parada: pusilánime, caprichosa por querer ser madre (es que es para flipar a colores, a quién se le ocurre querer tener un hijo cuando está en jaque la seguridad nacional), ligera de cascos que lo mismo le da estar con su marido que liarse con el presidente mancillando la Casa Blanca, le pega a las pastillas y me acabo de enterar que para Clive Cussler, una mujer a los treinta y uno ha entrado en el declive de su vida. Lo que me faltaba por leer.

Y como todo best seller tenemos diálogo, diálogo, alguna previsible descripción con adjetivos también previsibles y más diálogo.  Nada original y lleno de arquetipos sacados de telefilmes cutres, que supongo que será lo que funciona en los USA, pero fuera… como que no.

Uno está expectante pasando hojas a ver cuándo empiezan a describir el hundimiento del Titanic o algo que tenga que ver con el histórico barco… y se encuentra con que en realidad la historia va de un submarino con la última tecnología, que por supuesto solo lo tienen los americanos, que es capaz de sumergirse ni sé a qué profundidad, para conseguir reflotar el Titanic que se encuentra sumergido a una barbaridad de millas, que si lo pasásemos a kilómetros serían un puñau. Para que quede coherente explica con un montón de tecnicismos, que dentro de mi ignorancia no me queda más remedio que creer, todos los detalles de tamaña hazaña.

Como los lectores somos muy listos, nos preguntamos: ¿por qué? ¿Qué beneficio obtiene la humanidad reflotando ese buque agotando los recursos económicos del país más grande y maravilloso de la vía láctea? Pues ahí es donde nos equivocamos. No hay beneficio para la humanidad, solo para los EEUU, porque en las bodegas del Titanic descansa un cargamento de bizanio, un extraño y exiguo mineral que permitirá crear un invisible muro, a modo de escudo, que impedirá que otras potencias, es decir los rusos, ataquen con sus misiles territorio americano. La repanocha.

A mí lo que me molesta es que encima somos los de Bilbao los que tenemos fama de fanfarrones. A ver si el tipo este en vez de Cussler, se va a apellidar Cusslergoitiaberria o algo así…

Bueno, quedáis avisados, y por supuesto, no tenéis que compartir mis opiniones, para gustos los colores. Y si queréis polémica, tenéis la manera de contactar conmigo y escribir que Rescaten el Titanic es una obra maestra o algo así… que para eso están los blogs y las redes sociales, para entablar conversaciones y aprender los unos de los otros. Pero no me vais a convencer, para mí leer Rescaten el Titanic es una pérdida de tiempo.

Merienda para la lectura: Hamburguesa yanquee con muchas grasas saturadas.

El Testamento Maya – Steve Alten

Pues mira que hay libros malos. Que levante la mano quien no se haya tragado algún esperpento literario.

Supongo que para eso están los blogs de lectura, para que los lectores opinemos ajenos a la maquinaria de la industria literaria, libremente, sin ataduras de ningún tipo y recomendemos únicamente los libros que nos parezcan buenos.

En cambio, si en nuestro trasiego lector nos topamos con historietas de dudoso gusto, tenemos la obligación de advertir al personal, siempre con educación pero con firmeza, para evitar que otros pierdan el tiempo como lo hemos perdido nosotros, y dediquen sus energías a lecturas que realmente merezcan la pena. Y es que reconozcámoslo, la escritura es un arte complicado.

Comento esto, porque he leído a algún crítico literario, de los que cobran una pasta, afirmar que El Testamento Maya está lleno de suspense, tratándose de un thriller bien documentado. ¡¡Venga ya!! (Por no utilizar otro tipo de expresiones) Pero quién se va a creer esto… Sinceramente, flaco favor ha hecho este libro a la novela de aventuras, ciencia ficción, thriller o al género que pertenezca.

El Testamento Maya

 Y eso que no quito mérito al trabajo que lleva escribir 586 páginas, pero un poquito de autocrítica tampoco viene mal.

El problema es que la literatura también forma parte de la rueda mercantil, lo que genera efectos colaterales en forma de publicaciones sin sentido. Porque no nos engañemos, hoy en día se planifican libros destinados a ser superventas, independientemente del disfrute en sí. De lo que se trata es de tener un producto, aunque sea una porquería, que acompañado de una buena campaña de marketing, recaude un pastizal. Hay especialistas en crear best-sellers, reputados segmentadores de mercado que encuentran nichos de mercado donde uno no imagina.

Eso o tu cuñado es el editor, y de rebote consigues publicar quinientas inservibles páginas, colaborando con la desforestación del Amazonas.

No tengo muy claro en cuál de las dos opciones podríamos englobar El Testamento Maya de Steve Alten, de lo que sí que estoy seguro, es que mi regalo del amigo invisible de este año ha sido…. Digamos que para olvidar. No se acierta siempre.

Sin embargo, parece que tiene su público y hay opiniones que pululan por la red que aseguran lo contrario, que recomiendan el libro, cuyo argumento en mi opinión, es de alucinar: un antropólogo recluido en un psiquiátrico por sus locas teorías agoreras, que convence a su médico, por supuesto una bella psiquiatra de origen latino (de esta manera ya tenemos al macho alfa y la previsible tensión sexual, como si no hubiésemos leído esto nunca…), de que se acerca el fin del mundo, y sólo está en sus manos la salvación del planeta. Ahí es donde aparecen las pirámides de Chichen Itza, Machu Pichu, Teotihuacan… como eje de un misterio a resolver y cuatro líneas sobre estas civilizaciones, queriendo aparentar que ha invertido mucho tiempo en documentarse, cuando en el fondo, dudo que sea así (apreciación exclusivamente mía y no dudo que discutible), limitándose a copiar datos de alguna enciclopedia barata.

Hasta aquí, digamos que te lo crees, porque llevas 200 páginas, con un par, y ya no es cuestión de cerrar el libro puesto que hace tiempo que has superado el punto de no retorno, y sigo leyendo poco convencido, con esa sensación que a veces me invade de estar cometiendo un terrible error. Entonces llegan los alienígenas (no es coña), y claro, estoy tan tranquilo en el sofá, estupefacto, y releo una decena de veces el último párrafo, sin dar crédito a lo que leen mis ojitos azules. El caso es que aparecen seres de otro planeta, sin otra cosa que hacer que acabar con la raza humana precisamente en la fecha indicada en el calendario Maya, pero vosotros tranquilos, que no cunda el pánico, que menos mal que tenemos a estos dos protagonistas que velan por nuestra seguridad y ellos, y sólo ellos, tienen la clave de la salvación del planeta… Y ahí sí, cierro el libro y hecho espumarajos por la boca. Hombre, no me fastidies… Demasiado. Desconozco en qué consiste el resto del libro y espero que a nadie se le ocurra hacer la película

Lo que me alucina, no es que haya gente a la que le guste el libro, porque estamos muchos en el mundo y tiene que haber de todo, lo que me llama la atención es que el fulano promete una trilogía, y El Testamento Maya es el primero. Trágate eso, taza y media de alienígenas junto a las pirámides Mayas. No tiene desperdicio.

Steve Alten
Fuente: Steve Alten

Claro, intrigado, uno busca el nombre del autor en internet, abre la wikipedia y se encuentra no sólo con que es un autor de best-sellers (¿cómo es que este tipo vende millones de ejemplares y en cambio yo no logro convencer ni a los amigos para que me compren un libro? ¿Qué estoy haciendo mal?) , sino que encima, asegura que hay muchos jóvenes que se han aficionado a la lectura después de haber leído sus libros (me ahorro comentarios), hasta el punto que ha creado una organización sin ánimo de lucro diseñada a animar a los estudiantes a leer.

Muy loable la iniciativa, no digo que no. Pero quiero pensar, por dar alguna explicación a tanto despropósito, que la parte esa de que gracias a sus libros ha inculcado la afición por la lectura, se debe a un tema generacional, y ya que hace veinte años que he abandonado la adolescencia, el problema es mío y no acabo de ver las virtudes de este libro. Hay quien asegura que cada libro tiene su momento, y sencillamente, mi momento no es el de El Testamento Maya.

Igual me he pasado con las opiniones, y supongo que habrá hordas de personas que no las compartirán, pero es que reconozco que no estoy preparado para un producto tan simplón. De hecho, ya  la portada me echaba para atrás, se veía que formaba parte de esas novedades editoriales que más pronto que tarde caerán en el olvido, pero como era un regalo, caes en la tentación de empezarlo. Craso error.

Opino que tiene que haber todo tipo de literatura, pero también tenemos que exigir un mínimo, y lo siento mucho, pero El Testamento Maya no llega.

En fin… sólo puedo finalizar el post con una pregunta que dejo en el aire… ¿nos hemos vuelto locos o qué?

Merienda para la lectura: si eres mayor de edad, por lo menos dos gin tonics hasta arriba de ginebra, no queda otra. En caso contrario, surtido de gominolas, de esas que al masticar se te pegan a los dientes.

Espero tus comentarios al respecto, sobre todo si te ha gustado el libro, que de todo se aprende y para eso he creado meriendalibros.