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El Club Dumas – Arturo Pérez-Reverte

 A fin de cuentas Dumas, hoy en día…

Frase de El Club Dumas que resume lo que en un tiempo, a mi parecer, ocurría con determinados autores incluidos dentro de una especie de colectivo de literatura de aventuras, de lectura “fácil”, con tramas donde primaba el ingenio y por ello, relegados a una especie de categoría cultural poco seria, como para adolescentes, en definitiva, literatura obsoleta de la que apenas se libraban Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo.

Tal vez sea éste el motivo por el que me gusta este libro que cada cierto tiempo releo. Reconozco que no es el mejor libro que he leído, que a veces las descripciones son repetitivas, y puestos a criticar (de forma constructiva), las pegas a expensas de los gustos de cada uno pueden ser innumerables. Pero tiene una gran virtud: trata de una historia que apetece leer, atractiva para todos aquellos que hemos crecido al calor de las páginas de Dumas, Sabatini, Verne (que en el libro no sale muy bien parado), Salgariy que hicimos de la capa y espada parte de nuestra adolescencia. Aún hoy, con mis treinta y tantos largos años que se acercan a la cuarentena, releo este tipo de aventuras que alimentan mi imaginación como antídoto a la depresión colectiva  a la que nos lleva este mundo de crisis de valores.

Es un libro que habla de libros, pero lo que me gusta, es que no habla sólo del estilismo y de la forma en la que están escritos. Más bien habla de los personajes, de lo que representan para el lector, sobre todo de esos mosqueteros que todos hemos querido ser en un momento dado, y de tantos otros protagonistas literarios: Holmes, Scaramouche, El capitán Blood, El corsario negro

Como aliño, la biografía de su autor, Alejandro Dumas, padre, cuya vida fue de por sí una aventura constante, que a ratos poseía una fortuna inmensa como la ruina total, mujeriego, buen comedor y mejor bebedor, financiador de revoluciones, escritor… explicándonos el sistema de creación de historias que tenía con su principal colaborador Auguste Maquet junto con cierta recreación histórica de la época.

Tiene su punto, incluso diría yo que es un acierto entremezclar historias de capa y espada con las policíacas, tramas imposibles con personajes fuertes y con personalidad, que lo mismo une a D’Artagnan con Sherlock Holmes, porque al fin y al cabo subyace la razón de casi todas las novelas: el bien contra el mal, el bueno contra el malo, la justicia contra la avaricia

Cuando llegó a mis manos la novela, hace ya algún tiempo, yo no tendría veinte años, y venía de una educación literaria donde leía dos tipos de libros:

  • los que me habían obligado a leer en el colegio, literatura con un estilismo cuidado y recargado que en muchas ocasiones apenas contaban algo interesante, pero que los críticos literarios afirmaban que se trataba de libros imprescindibles.
  • Otros libros que escogía yo, donde primaba la aventura, cuyos personajes vivían percances inverosímiles y difíciles de creer pero entretenidos.

Al segundo grupo formaba parte la literatura de Alejandro Dumas, con comentarios un tanto despectivos, como si fuese una lectura menor, de puro entretenimiento… Pero llegó el tipo este, el tal Arturo Pérez-Reverte, publicó el libro, tuvo un gran éxito, y entonces aparecieron como setas las críticas benévolas, todo el mundo había leído a Alejandro Dumas, a todos les gustaba, y los expertos de entonces comenzaron a decir que Alejandro Dumas era un clásico, que sus novelas de aventuras perdurarían en el tiempo y, como por arte de magia, incrédulo por mi parte, veía cómo los que antes criticaban esa literatura “menor”, ahora la encumbraban e incluso la hacían imprescindible…

Yo no soy crítico literario, tan solo dispongo de un blog donde hablo de los libros que leo, escribo mis impresiones por si a otros les pueden ayudar, como lector de infantería que diría Arturo Pérez-Reverte, pero no siento cátedra ni digo que esto está bien y aquello mal. Sí que me mojo, y escribo lo que me gusta y lo que no, sin tener que coincidir con otros. Y a mí Alejandro Dumas siempre me ha gustado, he pagado por ver las adaptaciones cinematográficas de sus libros (en general muy malas, nefastas e incluso insultantes), he leído más de quince de sus novelas y sobre todo, ha evitado que me aburra con párrafos innecesarios, descripciones tediosas y personajes sin sal.

Volviendo a El Club Dumas, refleja también un oficio casi perdido: el del librero. Ya quedan pocos y muchos hemos sucumbido, o más bien nos han fusilado, frente a centros comerciales y librerías de grandes superficies. Es lo que hay. Tal vez por ello existan tantos blogs sobre literatura…

Si eres aficionado a las novelas de aventuras, de capa y espada y/o policíacas, este es un libro que seguro que te interesará.

Merienda para la lectura: confit de pato regado con vino de Burdeos.

Por cierto, aprovecho para recordar, que en realidad las aventuras de nuestros entrañables mosqueteros están formadas por una trilogía: Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizcode de Bragelonne.

Plinio, casos célebres – Francisco García Pavón

Al igual que nuestro incombustible Plinio, a veces, como lectores, también tenemos ese “pálpito” que nos anima a leer un libro. En el fondo y a nuestra manera, ejercemos de aficionados detectives buscando la siguiente historia que leer. O que no leer, que es más importante aún.

El libro que nos ocupa hoy es Plinio, casos célebres de Francisco García Pavón y lo escojo por un motivo: normalmente buscamos lecturas nuevas, originales, con un lenguaje que nos sorprenda, entretenga… y que además sea una novedad editorial, olvidándonos de lecturas añejas, inexplicablemente obsoletas para la maquinaria formada por la industria editorial pero que cumplen, con creces, estas expectativas.

Plinio, casos célebres

En esta ocasión tenemos a un guardia municipal manchego, de Tomelloso City, “urbe peligrosa” de los años 60 y 70, embebido en los quehaceres rurales de La Mancha. Es una época en la que los hombres reparten el tiempo entre el campo y las tascas de pueblo, con trujas (caldos que lo llama Francisco García Pavón) apretados entre los labios y licores entre pecho y espalda, mientras las mujeres se dedican a la casa y a ir a misa. Un tiempo de estereotipos viejunos, descrito al detalle, con señoritos hacendados, analfabetismo, con las consecuencias de los vaivenes políticos de fondo (la república, la dictadura…), la vida en el campo con sus disputas vecinales que perduran durante generaciones… Todo esto con un vocabulario impresionante, con palabrejas propias del mundo rural que no desentonan, de aquella época que tampoco es tan lejana y que ayuda a entender a dónde hemos ido a parar, con diálogos informales que en mi opinión sirven para que el lector entienda la forma de vivir en un pueblo llamado Tomelloso, pero que podría ostentar cualquier otro nombre. O por lo menos yo me imagino que hace cincuenta o sesenta años en La Mancha se hablaba así, y conociendo mi pueblo (de cuyo nombre no quiero acordarme) y las riñas entre clanes, tampoco me extraña muchas de las disparatadas historias que nos muestra el personaje.

Nuestro protagonista Plinio es un guardia municipal sagaz, que se fija en todo al detalle, con una filosofía de vida pausada que le permite detenerse en los pormenores de las investigaciones. Va secundado por el veterinario del pueblo, don Lotario, y claro, es inevitable realizar la comparativa con Sherlock Holmes y el doctor Watson según discurre la lectura.

Llama la atención en nuestra actual sociedad aséptica y políticamente correcta los comentarios y descripciones de sus personajes: homófobos, fumadores, bebedores, machistas… que recuerdan a las películas de Paco Martínez Soria y por los que más de uno igual se tira de los pelos. Sin embargo, eso es lo que había en aquella época, y no viene mal leer este tipo de relatos para comprobar lo que ha avanzado nuestra sociedad, o no, cuestión de opiniones.

En algunos de los casos que intenta resolver, no se produce estrictamente un crimen como en sus relatos de El caso del sábado, simplemente son situaciones anormales, que rompen la monotonía del pueblo y a los cuales, esta pareja de investigadores buscan soluciones plausibles.

Por supuesto que en otros relatos/novelas tenemos asesinatos por resolver, en un Tomelloso donde todos se conocen y quien más quien menos es pariente de alguno: bien de la víctima, bien del ejecutor. Esta cercanía tan familiar, da pie a reflexiones propias de la naturaleza humana, como de soslayo, pero que quedan ahí, en el subconsciente del lector.

En definitiva, una buena opción de lectura como entretenimiento, para descubrir léxico olvidado, inhibirte en el mundo rural de hace cincuenta años, reflexionar sobre las cosas sencillas de la vida; todo sazonado con novela policíaca.

Merienda para la lectura: tosta de pan casero con queso manchego en aceite, regado con un buen vino de Valdepeñas. Se recomienda una ligera siesta para después.

Ala, anímate y échale un ojo a las historias de Francisco García Pavón, que merecen la pena.

La marca del meridiano – Lorenzo Silva

Complicada esta reseña. Así que lo resumiré desde el principio y luego me enrollaré, que es lo que se me da bien.

¿Me ha gustado el libro? Sí.

¿Merece la pena la historia? Sí.

¿Lo recomendaría? Sí.

¿Es bueno el escritor? Sí, es muy bueno, me gusta y recomiendo sus libros. Es más, pienso seguirle con más detenimiento.

¿El libro merece un premio como el Planeta? No.

Y ahí es donde está el quid de la cuestión. Un premio literario, en mi opinión, tiene que exigir más. Si hubiese escogido el libro como mero entretenimiento, buscando una novela policíaca cañí para disfrutar de sus irónicos diálogos, reconozco que hubiese dado en el clavo. Porque la novela tiene ritmo, es entretenida, divertida, me gusta cómo su autor maneja los recursos propios del género, se lee fácilmente y la historia está repleta de comentarios sarcásticos, muy del temperamento con el que pretende retratar a sus personajes.

La marca del meridiano
Fuente: http://www.bevilacquaychamorro.com

Sin embargo, dado que ha ganado un premio literario, nada más ni nada menos que el Planeta, que como todos sabemos va acompañado de una pasta… merece ser juzgado acorde con la cuantía recibida.

Y entonces pasa lo que pasa con la mayoría de los premios Planeta: que no convence.

Mis aitas, en algún momento de enajenación mental, se hicieron con toda la colección y sé de lo que hablo, porque ya que tenía los libros pululando por el salón los iba leyendo, con más expectación que interés y progresivamente, con cada nueva lectura, iba aumentando mi decepción con respecto al premio y a quienes lo recibían.

En cuanto a la historia de La marca del meridiano, nos encontramos con un nuevo caso para esa pareja de guardia civiles que son Bevilacqua y Chamorro, que esta vez les toca investigar el asesinato de otro guardia civil retirado, antiguo compañero y mentor de Bevilacqua, que aparece colgado y salvajemente torturado en un puente. A partir de aquí, y siguiendo punto por punto la línea de investigación, nos encontramos con lo mejorcito de cada casa: corrupción policial, proxenetismo, narcotráfico…

La marca del meridiano es el séptimo libro de la serie Bevilacqua y Chamorro, de la que  Lorenzo Silva nos hace un resumen desde su web.

Debo reconocer que es el primer libro de la serie que leo, no así de Lorenzo Silva, que me parece un buen escritor que sabe combinar varios registros. Lo que no deja de tener mérito.

Por lo demás, recomiendo el libro aunque echo en falta alguna que otra descripción más pausada y simple, pues el libro está lleno de diálogos, muchos de ellos extensos, lo que ayuda a su lectura pero deja un tanto coja la narrativa que a veces se presenta un poco rebuscada. Muchos de estos diálogos están construidos con expresiones populares, que sirven para conferir cierta personalidad a los protagonistas y aportan un guiño de humor a veces un tanto grosero que si bien puede no gustar a todos, a mí me ha hecho sonreír. Pero claro, es que estamos ante novela policíaca española, con su idiosincrasia, es decir, en este país se dicen tacos y comentarios jocosos.

Me parece a mí que es más propia del género policiaco que del de novela negra, pero es un asunto discutible, pues a ratos lo englobo en un colectivo y en otras ocasiones en el otro. Aquí no hay CSI, ni FBI ni demás siglas, ni detectives alcohólicos, ni mucho menos paranoias psicológicas, sino dos “picoletos” que llevan el peso de la historia con sus intrincados fantasmas, miedos y anhelos de redención. En resumen: los buenos contra los malos, con ciertos ingredientes éticos porque los protagonistas han elegido ser como son por los previsibles motivos, algo oscuros, del pasado, negándose a rebasar esa marca imaginaria hacia el lado oscuro.

Aparecen también los de asuntos internos (SAI), que si bien aportan su granito de arena a la trama, disponen de menos glamour que sus homónimos de los best-sellers yankees que todos nos hemos tragado en alguna ocasión, lo que supongo que aporta cierta dosis de realidad. Por no hablar de las distintas policías autonómicas y su relación con  la Guardia Civil, la burocracia en los juzgados, la falta de recursos y ese “colegueo” entre las fuerzas de seguridad en su lucha contra las ovejas descarriadas. Siguiendo con la comparativa de la literatura policíaca que importamos, resulta curioso (por lo menos a mí que del tema militar y policial sé bien poco, y que siga así) leer los diferentes rangos con los que se tutean: a sus órdenes mi brigada, se presenta al alférez XXX… acostumbrado a que en Norteamérica hablen de detectives, agentes secretos y demás “titulitis”.

Ahora es cuando meto la pata, y alguno dirá que soy un mal pensado, pero es que se me hace difícil imaginarme a un guardia civil pagándose un billete de avión de su bolsillo o comprándose un Mac o un Ipod de su nómina en bien de la seguridad nacional… es que una cosa es tener imaginación, y creerte una historia ficticia, y otra atentar contra la credibilidad.

Algo que me ha gustado y que hace a esta serie especial, es el papel relevante de la mujer en las diferentes policías, mostrando cómo poco a poco van obteniendo puestos de mando y responsabilidad en las diferentes policías y órganos legislativos, ya que aparece una competente jueza, el mando intermedio de los Mossos es otra mujer, la responsable de la Guardia Civil en Barcelona también es otra fémina y por fin tenemos a la propia Chamorro, que en cierto modo hace el papel de la conciencia de Bevilacqua (o no).

Otro toque de modernismo es que uno espera que un guardia civil como Bevilacqua escuche música del estilo de Tomatito, los Chunguitos y parecido, sin embargo nos sorprende con un buen gusto por rock del bueno con Johnny Cash, Freddie Mercury o Leonard Cohen, haciendo un inesperado quiebro al buen gusto musical con Franco Battiato.

Reconozco que en su conjunto me ha dejado un buen regusto y me apunto leer más libros de la serie, si bien esperaba más de un premio Planeta.

Merienda para la lectura: ya que la mayor parte de la historia discurre en Cataluña, una buena rebanada de pan tumaca.

¿Qué te parece la serie protagonizada por Bevilacqua y Chamorro? ¿Te atrae?

Reseña La buena novela – Laurence Cossé

Pues en su día comenté que estaba leyendo La buena novela, de Laurence Cossé, asustado a la vez que agradecido por la cantidad de escritores que estaba descubriendo. Ya lo he terminado y a falta de vítores y salvas de artillería diré lo siguiente: merece, y mucho, la pena.

La Buena Novela

Un imprescindible motivo os tiene que llevar a leer esta novela: haceros con una lista de escritores y libros magnífica, que os ayude a la hora de escoger vuestro próximo libro. Sobre todo franceses, pero es normal puesto que la autora, como habréis deducido por su nombre mis queridos Watsons, es francesa y resulta lógico pensar que sobre todo dominará la literatura de su país.

Además, analiza el mundo editorial y el de la crítica, no saliendo muy bien parados ninguno de los dos. Por un lado manifiesta que muchas editoriales centran sus ventas en best sellers de dudoso gusto, que acompañados de buenas campañas de marketing, consiguen vender muchos ejemplares y hacer dinero, pero… se trata de libros que no perdurarán en el tiempo. Por otro lado en cuanto a los críticos, denuncia que también forman parte del entramado industrial del libro puesto que muchos de ellos además de periodistas son o aspiran a ser escritores, por lo que no disponen de esa independencia total que se les presupone. Y es que no vas a hablar mal de la editorial que te da de comer…

Mi solución: leer las reseñas de meriendalibros, aprovechad ahora que todavía permanezco puro y no he vendido mi prosa a nadie.

La buena novela no es perfecta (ya lo dice el título, “solo” es buena) y en mi opinión la trama pseudopoliciaca no es de gran nivel, pero seré magnánimo por una vez y tendré que reconocer que el argumento no es más que una mera excusa para la exposición de un ingente listado de novelas y escritores. Que de eso se trata. Creo que en el fondo su objetivo no es otro que el de la divulgación, proponiéndonos infinidad de libros de los que disfrutar. Y a mí esto último me ha seducido.

Sin embargo, me veo en la obligación de sacar tarjeta amarilla a la señora Laurence Cossé. Después de mencionar varias veces a Stendhal, Cormac McCarthy, Sabatini, Zola, Michon, Echenoz, Auster… (y muchos otros, creédme que la lista es descomunal) apenas menciona a Alejandro Dumas, y lo siento, pero eso no se lo perdono. Si mi contabilidad de literatos que aparece en La buena novela no me engaña, sólo es mencionado en dos ocasiones, una de ellas de refilón, y hace alusión a la calle Alexandre Dumas de París (claro, como esta ciudad casi no tiene calles…), pero para mí no es suficiente. Después de idolatrar a otros en sucesivas ocasiones, me deja un regusto amargo el pensar que le ha asignado el papel de secundario. Cuestión de opiniones diría aquél, o tal vez es que estoy siendo demasiado riguroso. Y es que las comparaciones son odiosas. Menos mal que aquí estoy yo para remediar esta injusticia (¡¡cómo no!!) y prometo un post sobre El club Dumas escrito por Arturo Pérez-Reverte (que por cierto sale mencionado en La buena novela) para remediar tamaña injusticia.

La buena novela nos expone una aventura en torno a una librería que sólo vende obras maestras y sólo novelas, no hay espacio para ensayos y demás géneros. Con esta excusa Laurence Cossé reivindica la buena literatura frente al mal gusto perpetrado por determinados creadores de best sellers.

El catálogo ofertado por La buena novela, que así es como se llama la librería, es confeccionado por ocho clandestinos escritores, pues sus nombres permanecen en el anonimato y ni tan siquiera entre ellos se conocen para evitar devaluar la lista de libros que ofertan.  Tanta calidad junta acaba por molestar a otros escritores y editores que no han sido escogidos en el selecto catálogo, perpetrando una especie de atentados criminales, de manera un tanto ilusa. Puestos a imaginar crímenes, se me ocurren posibilidades más eficientes y excitantes.

A veces uno se lía con tanto nombre, entre los escritores reales, las novelas reales, los protagonistas, los escritores ficticios, sus pseudónimos, las novelas ficticias… y mi ignorancia, a veces no se sabe quién es quién.

Además, los diálogos no me acaban de encajar, todo el rato hablándose de usted, incluso cuando los protagonistas empiezan una relación afectiva… no lo acabo de coger, y excesivas disertaciones sobre un mismo tema, que a veces se repiten a lo largo de la novela.

Hay una historia de amor y otro amor no correspondido, que en ocasiones encajan con calzador. De más a menos.

Positivo es que invita a la reflexión: ¿Qué leemos? ¿Cómo leemos? ¿Somos lo suficiente exigentes con nuestras lecturas? ¿Nos dejamos llevar por las novedades y el marketing? ¿Seguimos algún criterio a la hora de escoger un libro?

Y por supuesto, una vez leído La buena novela, a uno le entran unas ganas locas de montarse su propia librería, a pie de calle, fuera de los centros comerciales, y formar parte de ese ideal en lo que lo único que importa es la calidad literaria. Claro que esto forma parte de la ficción, puesto que lamentablemente, ninguna librería sobreviviría vendiendo sólo buenas novelas, sin su sección de novedades, best sellers y resto de temáticas… El pequeño y honesto librero hoy en día sobrevive gracias al consumo rápido de literatura, independientemente de su calidad, apenas logran llegar a fin de mes y cada vez quedan menos librerías tradicionales. Sería injusto que les exigiésemos un filtro de calidad a sus ya exiguas ventas.

En resumen, si bien la trama me ha parecido sosa, La buena novela me ha gustado y os la recomiendo porque transmite un gran amor y respeto por la literatura. ¿Para qué más?

Como sabéis que soy un friki, me he creado una lista con todos los autores que aparecen en la novela… sólo os pido un poco de paciencia para que me de tiempo para pasarlo al blog y en cuanto pueda os lo publicaré. Espero que os sirva.

Merienda para la lectura: crêpes de chocolate con helado de mandarina, receta muy francesa…

¿Todavía no has leído La buena novela? Pues lo siento por ti… ¡¡no sabes lo que te estás perdiendo!!