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El desdeñado mundo de la autopublicación

A raíz del post Autopublicación y librerías escrito por Daniel Jerez en su ardua lucha por hacer llegar su libro El arcabucero Nº 61 a las “masas”, con esa última reflexión que ciertos libreros le han transmitido y se podría resumir en que no exponen el libro en sus establecimientos simple y llanamente porque se trata de un libro autopublicado, ergo no es un best-seller, ergo es de mala calidad (según ellos) y encima quita espacio en las asépticas librerías que en vez de libros lo mismo podrían vender dodotis, me ha dado por pensar en lo difícil que lo tienen los escritores noveles, máxime si su única posibilidad es la de la autopublicación. Os recomiendo que leáis su post lleno de ironía.

arcabucero_61

No hace falta ser ingeniero para saber que hoy en día es muy difícil que un libro, de un autor desconocido, pueda llegar a ser expuesto en una librería fuera de la distribución “tradicional”, copada por empresas en una especie de oligopolio que llega al extremo de pagar a los libreros por las mejores estanterías de sus establecimientos. Independientemente de si la historia es buena o no y de su calidad literaria. Ya puede ser el mejor libro del mundo, que si estás fuera de estos canales “tradicionales”, lo tienes crudo.

Si como dijo Kafka, lo natural es escribir, no publicar, pero al final le echas valor a la vida y te autopublicas con el esfuerzo que implica (y no me refiero sólo al dinero), qué menos que dedicar cinco minutos a su autor. De acuerdo que a muchos escritores noveles les faltan muchas páginas por escribir para superar la línea del sonrojo ajeno, pero nadie me podrá negar que la base de la ciencia matemática dicta que para llegar a publicar 5, 17 o 25 libros, inevitablemente ha tenido que pasar por el número 1. Imagino que pocos autores consagrados elaboraron una obra maestra con sus primeras cuatrocientas páginas.

Al hilo de todo esto y puestos a comparar, yo haría otra reflexión, ¿es que los best-sellers son todos buenos y de calidad? Por mi experiencia diré que no. Me he leído bodrios que abochornarían a cualquiera, con un millón de ventas entre tomo y lomo. Un best-seller no asegura calidad literaria, tan sólo que la consultora de marketing subcontratada ha hecho correctamente su trabajo.

 Si como en el caso de Daniel Jerez, has escogido la opción de autopublicar invirtiendo tu tiempo y tu dinero en la corrección, maquetación y el resto de tareas (mira que es complicado comercializar un libro), entonces en lo que a calidad de producto se refiere deberías estar en igualdad de condiciones que una editorial grande, a falta del eficiente entramado de distribución. Otra cosa es la calidad literaria, pero por eso hay buenos y malos escritores, dejando este criterio a los lectores.

Sin embargo, nuestros amables libreros son reticentes a publicar libros autopublicados. Eso es un hecho. Y supongo que en muchos casos justificado. Ahora bien, y siempre según mi opinión, si estuviésemos tratando con libreros de verdad (estoy generalizando), de los de antes, profesionales que aman su profesión y que invierten cinco minutos (no se les pide más) en ojear la historia que se les ofrece para evaluar si merece ser vendido o no en su negocio, tal vez, quizás, quién sabe, en el mundo de la imaginación y la piruleta, gente como Daniel Jerez verían expuestos sus libros en los escaparates de las librerías de nuestras ciudades, flanqueando en igualdad de condiciones otros títulos de dudoso gusto.

Y es que ahora hay demasiada librería nueva que copia el formato de exposición de los grandes almacenes matando la magia de legendarias librerías.

Si el librero examina el producto y cree que merece la pena el libro, lo ofrece a sus clientes, que no, pues nada, al autor/corrector/editor/distribuidor se le muestra la puerta de salida y quién sabe, con un poco de suerte, en un futuro con otra historia puedan llegar a un acuerdo, sin acritud, pues el autor también tiene que estar dispuesto a aguantar la implícita crítica con dignidad. Pero por lo menos, querido librero, ojéalo, y decide en función de tu criterio literario.

He leído los tres primeros capítulos que nos ofrece gratuitamente en su web Daniel Jerez de El arcabucero Nº 61, para que nos entre el gusanillo por la historia, y qué queréis que os diga, me parece que cumple, que está aceptablemente bien escrito, con ritmo, una interesante propuesta de intriga y que puede ser una opción de compra tan buena como cualquier otro best-seller que nos intentan vender con grandes campañas de marketing. No me parece una osadía leer el libro en cuestión.

Pero ojo, que la autopublicación también tiene ventajas para los libreros. Dado que ahora hay un gran problema con todo lo relacionado con la piratería y cada vez se vende menos, puede ser una buena solución apostar por ciertos escritores noveles que de momento, no resultan interesantes ni tan siquiera para estas redes de piratería. Por no hablar del servicio del librero bueno y profesional, recomendando a sus clientes libros desconocidos, brindando al cliente ese valor añadido, sabedor éste de que está leyendo hasta cierto punto algo exclusivo, una lectura que fruto de su profesionalidad ha llegado a unos “elegidos”.

Además, desde el punto de vista financiero es un “chollo”: un tipo como Daniel Jerez le lleva in situ su obra, ahorrando al librero cualquier gasto de transporte, cede un par de ejemplares, si no se venden, los recoge, gasto cero para el librero. Si hay suerte y los vende, ciento por ciento de beneficios.

No sé, tal vez en tiempos de crisis tengamos que arriesgar… un poquito.

Por si acaso, y para que algún librero no se me enfade, con esto no estoy queriendo decir que cualquiera que se autopublique tiene el derecho de ser comercializado. Hay unos mínimos y lo dicho anteriormente, siempre a criterio del librero. Pero en este caso, Daniel Jerez, se ha preocupado de cumplir esos mínimos, y a 3 capítulos de lectura introductoria, estimo, en mi humilde y a su vez criticable opinión, que se ha ganado el derecho de compartir estantería con cualquier otro best-seller, que dicho sea de paso, muchos de ellos a pesar de contar con una industria a sus espaldas, publican con faltas de ortografía y errores tipográficos.

Conclusión: nos debería dar igual que el autor fuese conocido o no, limitándonos a juzgar únicamente la historia en sí.

Curiosos los últimos estudios estadísticos que dicen que cada vez se lee menos pero se publica más. Nos tendremos que replantear esto de alguna manera, desde los editores y escritores, pasando por los libreros y acabando por los lectores (de las reformas educativas ni hablamos porque todo lo que venga desde el estamento político lo doy por perdido, es lo que tiene la resignación).

Para finalizar y limar suspicacias, recalcar que yo a Daniel Jerez no tengo el gusto de conocerlo, no somos amigos y me limito a seguirle por Twitter. Nada más.

Para que no me creáis un hipócrita, sumo El arcabucero Nº 61 a mi ya super lista de próximas lecturas, con su futura reseña en meriendalibros.

Merienda para la autopublicación: tarta bien dulce de chocolate, pues la autopublicación ya es bastante amarga.

Daniel, ¡¡Mucho ánimo con tu aventura como escritor!! Que no decaiga… Desde meriendalibros te deseo la mejor de las suertes.

¿Te animas a leer El arcabucero Nº 61 ahora que llega el veranito?

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Mientras nieva sobre los cedros – David Guterson

De vez en cuando uno da con libros que en un principio no le llaman la atención, con las expectativas por los suelos, pero que por algún inexplicable motivo comienza a leer, pescando una lectura amena y agradable en el tormentoso océano de la distribución literaria. Este es el caso de Mientras nieva sobre los cedros.

Mientras nieva sobre los cedros
Fuente: Wikipedia

Recordaba la película basada en el libro protagonizada por Ethan Hawke que aunque me gustó, tampoco me pareció una historia excesivamente atractiva, por lo menos para la pantalla, lo que no ayudaba para animarme a leer la novela, a pesar de que en general los libros son muchos mejores que sus adaptaciones cinematográficas. Y éste cumple dicha premisa. Sin juzgar la película como mala, me quedo con el libro.

Escrito por David Guterson, su argumento se centra en una pequeña isla del Pacífico donde un pescador es encontrado muerto atrapado entre las redes de su barco. Al instante dictaminan que se trata de un asesinato y todas las pruebas apuntan a un sospechoso de origen japonés con el que tenía una disputa vecinal. Con fuerte presencia de inmigrantes japoneses en la isla y las heridas sin cicatrizar de Pearl Harbor, la desconfianza entre las comunidades es palpable. El peso de la narración recae sobre el director del periódico local y protagonista, Ishmael Chambers,  que desde su perspectiva, nos va contando los pormenores de la investigación. Para enredar un poco más, descubrimos que fue un antiguo amor adolescente de la esposa del acusado, y herido todavía por haber sido rechazado, a nuestro protagonista le surgen diferentes dudas y sentimientos encontrados a lo largo de la investigación.  A la vez que  van saliendo a la luz los diferentes sucesos, también nos va mostrando los rencores ocultos que suelen caracterizar a una comunidad tan pequeña limitada por el mar. Y hasta aquí puedo escribir.

Visto así, parece una novela policiaca con todos sus ingredientes: la opresión propia de la isla, la aparición del macabro cadáver en la neblina del mar que convulsiona la tranquilidad del pequeño pueblo, el odio racial como probable motivo del crimen, el atormentado amor no correspondido… Sin embargo no lo es, puesto que el asesinato no deja de ser una excusa para describir las animadversiones producidas por la guerra y el racismo que la gente de la isla tiene sobre su comunidad japonesa.

Va desgranando las relaciones entre los habitantes de una pequeña isla, donde los recuerdos son difíciles de olvidar, con el oficio de pescador de fondo y a través de la mirada del director de un mediocre periódico local, que no ha podido olvidar su amor de juventud que va rememorando según discurre la historia.

El libro fue premiado en 1995 con el PEN/Faulkner al autor estadounidense con la mejor obra de ficción del año.

Escrito con un lenguaje sencillo y efectivo, en ocasiones puede resultar algo lento debido a su estilo descriptivo. Si bien uno puede intuir cuál será el final de la historia, en el transcurso de la aparición de pruebas, acusaciones y viejos resentimientos, se nos muestra las dudas morales del protagonista que despechado, se plantea la conveniencia o no de hacer pública la verdad, aportando suspense hasta el último momento.

Es original en su planteamiento de los odios racistas entre dos comunidades dispares y en un contexto nada habitual. Si buscas una historia que se salga de lo normal, ésta puede ser una buena opción. Atentos también con los nombres japoneses, aunque su número no es excesivo y son cortos, si uno no está acostumbrado te puedes perder en el transcurso de la lectura (o por lo menos me ha pasado a mí).

Merienda para la lectura: bocadillo de sardinas de lata.

¿Has tenido ocasión de leer Mientras nieva sobre los cedros? ¿Te ha gustado tanto como a mí?

La buena novela – Laurence Cossé

Pues habrá que reconocer que soy un ignorante. Estoy leyendo La Buena Novela de Laurence Cossé. Hasta hace unos días no sabía quién era esta escritora. Lo peor, y lo digo con cierta vergüenza, flagelándome en público, es que no conozco muchos de los escritores que aparecen en la novela.

La Buena Novela

La trama gira en torno a una librería que sólo vende obras maestras, seleccionadas por un comité secreto de ocho escritores que guardan su identidad a través de un pseudónimo, hasta que tres de estos miembros del comité son víctimas de accidentes que a punto están de costarles la vida.

Se trata de un libro que habla de libros, es decir, a primera vista promete. En breve, cuando lo termine, no dudéis que escribiré mi opinión, pero sólo llevo 100 páginas, y me quedan tres cuartos de libro por leer. Considero que es un poco prematuro para opinar, pero como por otra parte decir lo que uno piensa es gratis (hasta que a alguien se le ocurra crear un impuesto por el pensamiento libre), diré que de momento, no me están gustando los diálogos, demasiado artificiales, así como ciertos recursos estilísticos que los encuentro sobrecargados. Pero eso sí, el libro merece la pena, aunque sólo sea por la ingente lista de escritores y libros que son mencionados y que invita a su lectura.

Precisamente esto es lo que me ha mosqueado, que en esta super lista de nombres que van saliendo, algunos no me suenan de nada. Cierto que la mayoría de ellos pertenecen a la literatura francesa, pero tampoco creo que sea excusa. Así que me autosaco tarjeta amarilla, y a ver si estoy más atento a partir de ahora.

En cuanto al argumento de La Buena Novela, decir que me ha parecido muy buena idea (vale, no he sido nada original). Porque a ver a quién no le apetece leer una historia donde aparece una librería de obras maestras, que no deja de ser un sueño para cualquier lector, unido al suspense propio de los accidentes de los miembros del comité y todo ello, como excusa para ir mencionando autores y libros.

No os preocupéis, pues estoy poniendo en una lista todos los autores que voy descubriendo y  cuando finalice su lectura la publicaré en un post para que nos sirva  a todos como referencia de literatura de la buena.

De momento, y a partir de lo poco que llevo leído del libro, deciros que os lo recomiendo, aunque sólo sea para descubrir otros libros y autores, merece la pena. Y mucho. Muy recomendable también la editorial Impedimenta.

Merienda para la lectura: café au lait con croissant en honor al origen de la autora.

¿Has leído ya La Buena Novela? ¿Qué te ha parecido?