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El Club Dumas – Arturo Pérez-Reverte

 A fin de cuentas Dumas, hoy en día…

Frase de El Club Dumas que resume lo que en un tiempo, a mi parecer, ocurría con determinados autores incluidos dentro de una especie de colectivo de literatura de aventuras, de lectura “fácil”, con tramas donde primaba el ingenio y por ello, relegados a una especie de categoría cultural poco seria, como para adolescentes, en definitiva, literatura obsoleta de la que apenas se libraban Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo.

Tal vez sea éste el motivo por el que me gusta este libro que cada cierto tiempo releo. Reconozco que no es el mejor libro que he leído, que a veces las descripciones son repetitivas, y puestos a criticar (de forma constructiva), las pegas a expensas de los gustos de cada uno pueden ser innumerables. Pero tiene una gran virtud: trata de una historia que apetece leer, atractiva para todos aquellos que hemos crecido al calor de las páginas de Dumas, Sabatini, Verne (que en el libro no sale muy bien parado), Salgariy que hicimos de la capa y espada parte de nuestra adolescencia. Aún hoy, con mis treinta y tantos largos años que se acercan a la cuarentena, releo este tipo de aventuras que alimentan mi imaginación como antídoto a la depresión colectiva  a la que nos lleva este mundo de crisis de valores.

Es un libro que habla de libros, pero lo que me gusta, es que no habla sólo del estilismo y de la forma en la que están escritos. Más bien habla de los personajes, de lo que representan para el lector, sobre todo de esos mosqueteros que todos hemos querido ser en un momento dado, y de tantos otros protagonistas literarios: Holmes, Scaramouche, El capitán Blood, El corsario negro

Como aliño, la biografía de su autor, Alejandro Dumas, padre, cuya vida fue de por sí una aventura constante, que a ratos poseía una fortuna inmensa como la ruina total, mujeriego, buen comedor y mejor bebedor, financiador de revoluciones, escritor… explicándonos el sistema de creación de historias que tenía con su principal colaborador Auguste Maquet junto con cierta recreación histórica de la época.

Tiene su punto, incluso diría yo que es un acierto entremezclar historias de capa y espada con las policíacas, tramas imposibles con personajes fuertes y con personalidad, que lo mismo une a D’Artagnan con Sherlock Holmes, porque al fin y al cabo subyace la razón de casi todas las novelas: el bien contra el mal, el bueno contra el malo, la justicia contra la avaricia

Cuando llegó a mis manos la novela, hace ya algún tiempo, yo no tendría veinte años, y venía de una educación literaria donde leía dos tipos de libros:

  • los que me habían obligado a leer en el colegio, literatura con un estilismo cuidado y recargado que en muchas ocasiones apenas contaban algo interesante, pero que los críticos literarios afirmaban que se trataba de libros imprescindibles.
  • Otros libros que escogía yo, donde primaba la aventura, cuyos personajes vivían percances inverosímiles y difíciles de creer pero entretenidos.

Al segundo grupo formaba parte la literatura de Alejandro Dumas, con comentarios un tanto despectivos, como si fuese una lectura menor, de puro entretenimiento… Pero llegó el tipo este, el tal Arturo Pérez-Reverte, publicó el libro, tuvo un gran éxito, y entonces aparecieron como setas las críticas benévolas, todo el mundo había leído a Alejandro Dumas, a todos les gustaba, y los expertos de entonces comenzaron a decir que Alejandro Dumas era un clásico, que sus novelas de aventuras perdurarían en el tiempo y, como por arte de magia, incrédulo por mi parte, veía cómo los que antes criticaban esa literatura “menor”, ahora la encumbraban e incluso la hacían imprescindible…

Yo no soy crítico literario, tan solo dispongo de un blog donde hablo de los libros que leo, escribo mis impresiones por si a otros les pueden ayudar, como lector de infantería que diría Arturo Pérez-Reverte, pero no siento cátedra ni digo que esto está bien y aquello mal. Sí que me mojo, y escribo lo que me gusta y lo que no, sin tener que coincidir con otros. Y a mí Alejandro Dumas siempre me ha gustado, he pagado por ver las adaptaciones cinematográficas de sus libros (en general muy malas, nefastas e incluso insultantes), he leído más de quince de sus novelas y sobre todo, ha evitado que me aburra con párrafos innecesarios, descripciones tediosas y personajes sin sal.

Volviendo a El Club Dumas, refleja también un oficio casi perdido: el del librero. Ya quedan pocos y muchos hemos sucumbido, o más bien nos han fusilado, frente a centros comerciales y librerías de grandes superficies. Es lo que hay. Tal vez por ello existan tantos blogs sobre literatura…

Si eres aficionado a las novelas de aventuras, de capa y espada y/o policíacas, este es un libro que seguro que te interesará.

Merienda para la lectura: confit de pato regado con vino de Burdeos.

Por cierto, aprovecho para recordar, que en realidad las aventuras de nuestros entrañables mosqueteros están formadas por una trilogía: Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizcode de Bragelonne.

Diálogos con la literatura – Toti Martínez de Lezea y Dolores Redondo

Pues como os comenté, tenía pensado ir a la charla de Toti Martínez de Lezea y de Dolores Redondo sobre la mitología en la literatura vasca, en la biblioteca de Bidebarrieta. Todo un acierto. No veáis lo que disfrutamos mi mujer y yo.

Por cierto, genial también la labor de la moderadora Idoia Jauregui, que colaboró siguiendo el tono distendido con el que se desarrolló la conferencia. Y es que el del martes fue un ejemplo de que la literatura no tiene porqué ser aburrida, huyendo del estereotipo de escritor empalagoso que se hace el interesante. Las escritoras resultaron muy cercanas y agradables.

Comenzaron hablando de la mitología vasca y de cómo estaba presente en sus libros. Aquí tomó la palabra Toti Martínez de Lezea,  citando múltiples ejemplos y denunciando las injusticias que se cometieron al amparo de falsas acusaciones de brujería, haciendo hincapié en que dichas imputaciones provenían de los propios vecinos, rencorosos por disputas familiares, dolidos por amores no correspondidos o envidiosos de la prosperidad del rival.

Enseguida aportó Dolores Redondo su visión sobre el valle del Baztán y lo importantes que han sido en la zona las historias mitológicas contadas al calor del fuego en las noches cerradas y completamente negras.

Nos recordaron que estas historias se contaban durante los duros inviernos y en las interminables madrugadas llenas de oscuridad, en un tiempo donde no existía la electricidad ni la televisión y lo único que quedaba era contar excitantes leyendas que pasaban de generación en generación. Situaciones que no son tan lejanas en el tiempo y que hace sólo cien añitos de nada se daban en nuestros pueblos.

basajaun
Fuente: amaroa.com

Basajaun (señor del bosque), Lamiak (ser cuya parte superior suele ser una mujer y la inferior tiene forma de pies de pato) y otros seres de la mitología vasca acompañan los escritos de ambas, los de Toti Martínez de Lezea  desde la licencia que da la novela histórica, mientras que a Dolores Redondo, arriesgando en su primera novela negra, le sirve como excusa para imaginar contemporáneos asesinatos en nuestro apreciado Elizondo.

Me gustó especialmente el cambio de nombre que propone Toti Martínez de Lezea a Mari, nuestra Diosa de la naturaleza, para euskaldunizarlo como Amari, homenajeando nuestras ancestrales costumbres paganas.

Para saber más sobre la mitología vasca, os animo a que visitéis la web amaroa donde han elaborado un resumen sobre el tema muy interesante.

Después vinieron las anécdotas y próximos proyectos. Dolores Redondo nos contó lo ilusionada que está a punto de finiquitar la segunda parte de la trilogía que ha inaugurado con El guardián invisible (que no me va a quedar más remedio que comprarlo, pues promete una historia apasionante, es lo que tiene acudir a estas conferencias), mientras que Toti Martínez de Lezea nos divirtió narrando los pormenores del libro que está escribiendo, asegurando escenas tórridas de amor en el mismísimo Zeberio.

Defendieron lo que peyorativamente algunos definen como “localismo”, y es que… ¿Por  qué tener que escribir historias ambientadas en Nueva York, en Veracruz o en sitios tan lejanos y poco accesibles cuando nuestra vida cotidiana pasa por Durango, Vitoria o Cintruénigo? ¿Qué se nos ha perdido en esos lugares?

Y por supuesto hablaron del oficio del escritor, de las coreografías que recrea Dolores Redondo a la hora de inventarse asesinatos, o del poder de la imaginación de Toti Martínez de Lezea a la hora de ubicar sus personajes, cómo darles vida jugando con las connotaciones históricas, sus fantasiosos recursos que acaban convirtiéndose en interesantes novelas.

Hubo tiempo para insinuar que la buena novela está configurada de prosa de calidad, donde el diálogo es un recurso más del compendio de técnicas, no el único, como parece que nos intentan vender con tanto best seller yankee.

En definitiva, un lujo de conferencia que forma parte de los eventos “Diálogos con la literatura” y que agradezco a los organizadores, iniciativa del área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Bilbao.

Y dime, si tal vez estuviste en la conferencia ¿qué te pareció? ¿Lo disfrutaste tanto como yo? ¿Qué opinas de la propuesta literaria de Dolores Redondo y de Toti Martínez de Lezea?

Un viejo que leía novelas de amor – Luis Sepúlveda

Tendría yo unos veinte años cuando escuché por vez primera el nombre de Luis Sepúlveda. Fue en el programa de radio Levando Anclas, del periodista Roge Blasco en Radio Euskadi. Es un magnífico programa que habla de viajes repletos de aventuras verídicas, alternativos, fuera de los grandes resorts, ajeno a los grandes mayoristas y con un ingrediente en común, y es que están llenos de idealismo. Me considero un fan incondicional de este programa de radio basado en entrevistas de arriesgados viajeros. Se emite los domingos y festivos de 22:00 a 00:00 horas, pero gracias a las nuevas tecnologías os podéis descargar los programas íntegros desde la propia página de la emisora (por aquello de empezar el lunes descansado) pinchando aquí. Seguro que os sorprenderá. Es un programa que se nota que está hecho con mimo e ilusión. Por cierto, lleva más de veinte años en antena. Ahí es nada. Si aceptáis un consejo, seguid a Roge Blasco y su programa que os va a sorprender seguro.

Pues decía que por aquel entonces estaba yo con la oreja pegada al transistor, acostado, soñando en la oscuridad de mi habitación con las descripciones sobre la selva amazónica de un tipo desconocido para mí llamado Luis Sepúlveda, que a la postre, resultó que se dedicaba a escribir. Al día siguiente me hice con un ejemplar de Un viejo que leía novelas de amor, y no me arrepentí. Lo he disfrutado en varias ocasiones.

Se trata de un libro con pocas páginas, pues no llega a las ciento cincuenta, dependiendo de la edición (dicen que lo bueno si breve, dos veces mejor), y habla de un tal Antonio José Bolívar Proaño, un viejo que vive en un pequeño pueblo olvidado de la Amazonía, El Idilio, que sirve como base para las explotaciones de colonos y buscadores de oro. Hay un mensaje intrínseco de ecologismo y de respeto a la naturaleza, pues el protagonista convive siguiendo la doctrina de los indígenas Shuar (los jíbaros), tomando de la selva tan sólo lo que va a necesitar para sobrevivir ese día. Mientras tanto, se entretiene leyendo historias de amor que se las hace llegar el dentista del pueblo, Rubicundo Loachamín (pedazo nombre). Dos novelas de amor cada seis meses.

Esta rutina se ve interrumpida cuando unos indígenas traen el cadáver de un cazador furtivo. El alcalde del pueblo en un principio sospecha de los propios indios, hasta que nuestro protagonista le convence de que ha sido una tigrilla, que tras la muerte de sus cuatro cachorrillos por el furtivo, vaga por la selva con sed de venganza. Sólo queda dar caza al animal antes de que haya más víctimas, y al viejo, obligado por las circunstancias, no le queda más remedio que participar en dicha caza.

Luis Sepúlveda
Fuente: Tusquets

La novela es de fácil lectura, con historias inverosímiles que uno se imagina que sólo pueden ocurrir en la Amazonía, dejándote la impresión de que en aquel lugar cada día es una nueva aventura (misma sensación me dejan las novelas de Alberto Vázquez-Figueroa, muchas de ellas desarrolladas en idénticos parajes).

Ecologismo, posicionamiento político, la dureza de la selva, la falsedad de los gobernantes, el aislamiento indígena, anécdotas amazónicas y como telón de fondo el particular duelo entre el viejo y el felino, repleto de suspense, el cazador que a su vez puede ser cazado, con el peligro latente en cada página.

En el libro está impreso el pensamiento político que ha marcado la vida de Luis Sepúlveda, como ejemplo, este extracto:

El doctor Loachamín odiaba al Gobierno. A todos y a cualquier Gobierno.  (…)

Vociferaba contra los Gobiernos de turno de la misma manera como lo hacía contra los gringos llegados a veces desde las instalaciones petroleras del Coca, impúdicos extraños que fotografiaban sin permiso las bocas abiertas de sus pacientes.”

Diálogos rápidos y descripciones eficientes marcan la lectura de la novela, recreándose en las situaciones justo lo necesario para continuar con la historia, pues tiene mucho que contar y poco papel. Párrafos sin demasiada adjetivación ni sobrecargados en exceso, pues es más importante el mensaje que la forma, pero de perfecto equilibrio.

Un buen libro que a los urbanitas nos traslada a la naturaleza, a plena selva amazónica cuya sola mención, entraña de por sí suficientes connotaciones de riesgo, haciéndonos ver que nuestro sistema económico no es el único en el mundo y nos invita a reflexionar sobre las nefastas consecuencias de nuestro ritmo de vida (y es que no acabamos de aprender).

Soy de costumbres fijas, y cuando descubro un escritor que me gusta, me preocupo de seguirle y de leer parte de su obra. Me gustó tanto Un viejo que leía novelas de amor, que de seguido vinieron Patagonia Express (autobiografía de Luis Sepúlveda con sus crónicas de viaje por Latinoamérica, otro ejemplo más de que la vida de un escritor puede ser una aventura en sí misma), Nombre de Torero (novela negra) y Mundo del fin del mundo (sobre la caza de ballenas). Todos recomendables.

Luis Sepúlveda fue hecho prisionero durante la dictadura de Pinochet, compromiso político y social que mantiene en sus escritos, lo que le llevó al exilio y a comenzar su vida viajera. Además de escritor, ha compaginado su vida profesional con el cine, como guionista y director.

Merienda para la lectura: una refrescante pieza de fruta, una manzana por ejemplo, pero de las ecológicas, nada de transgénicos, por continuar con la filosofía de vida de Antonio José Bolívar Proaño.

¿Todavía no conoces la escritura de Luis Sepúlveda? Cuéntame tus impresiones sobre este fantástico escritor, lleno de vitalidad e idealismo.

El camino más corto – Manu Leguineche

Manu Leguineche aprovecha una cita del Conde de Keyserling, El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo, como inspiración para el título de su libro El camino más corto, resumiendo con cuatro palabras lo que supuso para él su vuelta al mundo en jeep allá por el año 1.965, junto con tres norteamericanos y un suizo.

Lo que comienza como una huida de la claustrofobia de la dictadura, acaba convirtiéndose en un viaje que le marcará para siempre, ayudándole a centrar su juventud y orientando su madurez, en definitiva, su aventurera vida.

Reputado e incluso idolatrado reportero y periodista, fundador de las agencias de noticias Colpisa y Fax Press, escribió crónicas desde Argelia, India, Pakistán, Guinea Ecuatorial (su libro La Tribu sobre la caída del dictador Francisco Macías marcó a futuros periodistas, auténtica radiografía de lo que era el periodismo en aquellos tiempos), nos relató de primera mano la guerra de Vietnam, Nicaragua… un sinfín de destinos periodísticos en donde aunaba su pasión por los viajes con la necesidad de transmitir la realidad  del momento.

Y todo se origina desde una vuelta al mundo en jeep, que queda reflejada en este libro de viajes llamado El camino más corto, donde nos indica que en su caso, la forma más rápida para conocerse a sí mismo fue dar la vuelta al mundo, necesitando 60.000 kilómetros para conseguir su objetivo.

Por lo que he podido investigar, El camino más corto está descatalogado (si yo fuese el editor me tomaría inmediatamente una pastilla de sentido común y le pondría remedio, pues estoy seguro que si se reedita, vende), por lo que os dejo una imagen de todocoleccion donde particulares venden dicho libro.

El camino mas corto

Otra opción igual de buena y un tanto más barata, es recurrir a la biblioteca municipal, con un poco de suerte tendrás algún ejemplar. En concreto, en la Biblioteca Municipal de Bilbao tienen 2 tomos esperando que los leas.

Y por supuesto, siempre podemos recurrir a nuestro amigo librero, ese buen profesional que tampoco entiende cómo es posible que los libros buenos caigan en el olvido.

El libro es una joya de la literatura de viajes, por no hablar de la crónica socio-política-económica-militar mundial de finales de los años 60 y principios de los 70, que nos describe con detalle y de forma amena, desde su propia experiencia, in situ, en países de difícil acceso para los extranjeros y no exento de cierto peligro, los entresijos que movían el devenir del planeta en ese caos formado por religiones, intereses económicos y luchas de poder. Eran años en los que todavía existía el Telón de Acero, la Guerra Fría estaba en boca de todos y el muro de Berlín se erigía imponente separando las libertades. Decisiones políticas que afectaban al mundo entero. Y él estuvo allí y nos lo cuenta en El camino más corto mezclando con soltura la crónica periodística con la novela y la literatura de viajes, haciendo que su lectura sea ágil e interesante.

30 países, 5 continentes, dificultades mecánicas y aduaneras, ladrones, disentería, hambre, deshidratación o fiebres, con horas de euforia y de desánimo, por no hablar de todos los datos de biografías y aventuras que van jalonando el libro, hasta el punto que es imposible retener y acordarte de todo. Consigue lo que muchos libros intentan y no todos tienen éxito: que el lector se involucre en la historia dando rienda suelta a la imaginación, siendo partícipe de las propias vivencias del autor, creyéndose todo un reportero de guerra con esa especie de aura llena idealismo.

Recomendable para que los adolescentes actuales comprendan la historia mundial de los años 60 y 70, desde una visión autobiográfica, viajera, plagada de aventuras y distendida, para que les vayan sonando los nombres de antiguos líderes que dominaron la política mundial y entiendan las consecuencias de conflictos bélicos ya olvidados.

El camino más corto no te defraudará porque está bien escrito, repleto de historias, aventuras y biografías. ¿Acaso se puede pedir más? Lo mejor: que como dicen por ahí la realidad supera a la ficción, y lo que nos cuenta Manu Leguineche con su ingeniosa prosa, por muy inverosímil que nos parezca, fue realidad.

Varios premios periodísticos y literarios avalan la lectura de cualquiera de sus libros. No me cabe ninguna duda de que si te animas a leer El camino más corto, será el primero de los muchos libros de Manu Leguineche que acabarás leyendo. Lectura rápida, fácil y de la buena.

Merienda para la lectura: bocadillo de chorizo de Pamplona, de los de toda la vida.

Si has leído ya El camino más corto, ¿no te ha pedido el cuerpo hacerte con un 4×4 para lanzarte a recorrer desiertos, selvas y estepas para descubrir ciudades, países, gentes y culturas inimaginables?

El Testamento Maya – Steve Alten

Pues mira que hay libros malos. Que levante la mano quien no se haya tragado algún esperpento literario.

Supongo que para eso están los blogs de lectura, para que los lectores opinemos ajenos a la maquinaria de la industria literaria, libremente, sin ataduras de ningún tipo y recomendemos únicamente los libros que nos parezcan buenos.

En cambio, si en nuestro trasiego lector nos topamos con historietas de dudoso gusto, tenemos la obligación de advertir al personal, siempre con educación pero con firmeza, para evitar que otros pierdan el tiempo como lo hemos perdido nosotros, y dediquen sus energías a lecturas que realmente merezcan la pena. Y es que reconozcámoslo, la escritura es un arte complicado.

Comento esto, porque he leído a algún crítico literario, de los que cobran una pasta, afirmar que El Testamento Maya está lleno de suspense, tratándose de un thriller bien documentado. ¡¡Venga ya!! (Por no utilizar otro tipo de expresiones) Pero quién se va a creer esto… Sinceramente, flaco favor ha hecho este libro a la novela de aventuras, ciencia ficción, thriller o al género que pertenezca.

El Testamento Maya

 Y eso que no quito mérito al trabajo que lleva escribir 586 páginas, pero un poquito de autocrítica tampoco viene mal.

El problema es que la literatura también forma parte de la rueda mercantil, lo que genera efectos colaterales en forma de publicaciones sin sentido. Porque no nos engañemos, hoy en día se planifican libros destinados a ser superventas, independientemente del disfrute en sí. De lo que se trata es de tener un producto, aunque sea una porquería, que acompañado de una buena campaña de marketing, recaude un pastizal. Hay especialistas en crear best-sellers, reputados segmentadores de mercado que encuentran nichos de mercado donde uno no imagina.

Eso o tu cuñado es el editor, y de rebote consigues publicar quinientas inservibles páginas, colaborando con la desforestación del Amazonas.

No tengo muy claro en cuál de las dos opciones podríamos englobar El Testamento Maya de Steve Alten, de lo que sí que estoy seguro, es que mi regalo del amigo invisible de este año ha sido…. Digamos que para olvidar. No se acierta siempre.

Sin embargo, parece que tiene su público y hay opiniones que pululan por la red que aseguran lo contrario, que recomiendan el libro, cuyo argumento en mi opinión, es de alucinar: un antropólogo recluido en un psiquiátrico por sus locas teorías agoreras, que convence a su médico, por supuesto una bella psiquiatra de origen latino (de esta manera ya tenemos al macho alfa y la previsible tensión sexual, como si no hubiésemos leído esto nunca…), de que se acerca el fin del mundo, y sólo está en sus manos la salvación del planeta. Ahí es donde aparecen las pirámides de Chichen Itza, Machu Pichu, Teotihuacan… como eje de un misterio a resolver y cuatro líneas sobre estas civilizaciones, queriendo aparentar que ha invertido mucho tiempo en documentarse, cuando en el fondo, dudo que sea así (apreciación exclusivamente mía y no dudo que discutible), limitándose a copiar datos de alguna enciclopedia barata.

Hasta aquí, digamos que te lo crees, porque llevas 200 páginas, con un par, y ya no es cuestión de cerrar el libro puesto que hace tiempo que has superado el punto de no retorno, y sigo leyendo poco convencido, con esa sensación que a veces me invade de estar cometiendo un terrible error. Entonces llegan los alienígenas (no es coña), y claro, estoy tan tranquilo en el sofá, estupefacto, y releo una decena de veces el último párrafo, sin dar crédito a lo que leen mis ojitos azules. El caso es que aparecen seres de otro planeta, sin otra cosa que hacer que acabar con la raza humana precisamente en la fecha indicada en el calendario Maya, pero vosotros tranquilos, que no cunda el pánico, que menos mal que tenemos a estos dos protagonistas que velan por nuestra seguridad y ellos, y sólo ellos, tienen la clave de la salvación del planeta… Y ahí sí, cierro el libro y hecho espumarajos por la boca. Hombre, no me fastidies… Demasiado. Desconozco en qué consiste el resto del libro y espero que a nadie se le ocurra hacer la película

Lo que me alucina, no es que haya gente a la que le guste el libro, porque estamos muchos en el mundo y tiene que haber de todo, lo que me llama la atención es que el fulano promete una trilogía, y El Testamento Maya es el primero. Trágate eso, taza y media de alienígenas junto a las pirámides Mayas. No tiene desperdicio.

Steve Alten
Fuente: Steve Alten

Claro, intrigado, uno busca el nombre del autor en internet, abre la wikipedia y se encuentra no sólo con que es un autor de best-sellers (¿cómo es que este tipo vende millones de ejemplares y en cambio yo no logro convencer ni a los amigos para que me compren un libro? ¿Qué estoy haciendo mal?) , sino que encima, asegura que hay muchos jóvenes que se han aficionado a la lectura después de haber leído sus libros (me ahorro comentarios), hasta el punto que ha creado una organización sin ánimo de lucro diseñada a animar a los estudiantes a leer.

Muy loable la iniciativa, no digo que no. Pero quiero pensar, por dar alguna explicación a tanto despropósito, que la parte esa de que gracias a sus libros ha inculcado la afición por la lectura, se debe a un tema generacional, y ya que hace veinte años que he abandonado la adolescencia, el problema es mío y no acabo de ver las virtudes de este libro. Hay quien asegura que cada libro tiene su momento, y sencillamente, mi momento no es el de El Testamento Maya.

Igual me he pasado con las opiniones, y supongo que habrá hordas de personas que no las compartirán, pero es que reconozco que no estoy preparado para un producto tan simplón. De hecho, ya  la portada me echaba para atrás, se veía que formaba parte de esas novedades editoriales que más pronto que tarde caerán en el olvido, pero como era un regalo, caes en la tentación de empezarlo. Craso error.

Opino que tiene que haber todo tipo de literatura, pero también tenemos que exigir un mínimo, y lo siento mucho, pero El Testamento Maya no llega.

En fin… sólo puedo finalizar el post con una pregunta que dejo en el aire… ¿nos hemos vuelto locos o qué?

Merienda para la lectura: si eres mayor de edad, por lo menos dos gin tonics hasta arriba de ginebra, no queda otra. En caso contrario, surtido de gominolas, de esas que al masticar se te pegan a los dientes.

Espero tus comentarios al respecto, sobre todo si te ha gustado el libro, que de todo se aprende y para eso he creado meriendalibros.

Tiempo de Conquistadores – Alberto Vázquez-Figueroa

En plena adolescencia, no creo que tuviese yo más de quince años, con la imaginación repleta de aventuras y efervescentes sueños propios de la edad, cayó en mis manos el primer libro que leí de Alberto Vázquez-Figueroa. Es curioso, por aquel entonces yo tenía una imagen distinta de este hombre, por lo que fuese, por su trayectoria periodística o seguramente, por ignorancia. No me caía simpático y años después, reconozco que mi apreciación es completamente distinta, hasta el punto de que he decidido inaugurar el blog con una de sus obras. El libro en cuestión era Manaos y recuerdo perfectamente que me gustó por dos motivos:

  1. Se trataba de un libro de aventuras, de los que gustan, de esos que no quieres que se acaben y continúas leyendo a pesar del escozor de los ojos y del cansancio.
  2. Tenía moraleja. Dejaba un mensaje de la situación del mundo, en concreto de una región de América Latina, y describía un oficio, el de los caucheros, del que nunca había oído hablar. Y lo más importante en ese momento adolescente y rebelde: denunciaba una injusticia.

Después llegó otro libro del mismo autor, posiblemente Sicario, y luego otro y otro más… Convirtiéndose en uno de mis escritores favoritos. A pesar de lo mal que le ha tratado la crítica, tenemos que reconocer que ha siso un superventas y lleva vendidos más de 25 millones de libros.

Y además, a mí me cautiva esa combinación de aventura y denuncia social o reflexión que ha guiado toda su obra.

Alberto Vázquez-Figueroa
Fuente: http://uniradio.ujaen.es/

Su vida es una aventura en sí, periodista, buzo, escritor, inventor, empresario, director, guionista, corresponsal de guerra… Os recomiendo que leáis también su autobiografía, un estupendo libro de título Anaconda (con ese título cualquiera lo diría).

También ha escrito mucho sobre novela histórica y tiene varios libros en torno al descubrimiento de América. Así que voy a aprovechar para hablaros de Tiempo de Conquistadores, que no creo que es su mejor libro (para mí Tuareg es el mejor, sin ninguna duda), pero está repleto de personajes históricos (Colón, Bartolomé de las Casas, Cortés, Orellana, Pizarro, Alonso de Ojeda…) y creo que es un libro ameno que puede servir como iniciación histórica de un tiempo y unos conquistadores que si bien tenemos que reconocer su valentía, no podemos obviar determinados aspectos oscuros intrínsecamente unidos a la época.

Tiempo de Conquistadores

Tiempo de Conquistadores se basa en su protagonista, Catalina Barrancas, anciana habitante del nuevo mundo, que narra su vida al lado de los principales protagonistas de la conquista del imperio español a su hija Manuela.

Con un tono familiar, de rápidos diálogos (creo que es una de las características de la literatura de Alberto Vázquez-Figueroa), y con una excesiva jocosidad que en mi opinión a veces sobra, intenta transmitir las penurias de los primeros colonos, que tuvieron que soportar huracanes, epidemias, asesinatos e intrigas, sabedores de que sus éxitos y fracasos estaban siendo vigilados desde la corona en el otro lado del Atlántico.

Posiblemente el escritor intentó combinar el entretenimiento con la divulgación, sin aspirar a más (que no es poco), y aunque en ocasiones no lo consigue exagerando en exceso el personaje de Catalina Barrancas, no le podemos quitar el mérito de querer acercar un periodo de nuestra historia hipócritamente enaltecido.

La protagonista se ganó la vida como tabernera en la isla de Santo Domingo (bautizada por Colón como La Española), y gracias a la afición a la bebida de los descubridores del nuevo mundo, consiguió sin mucho esfuerzo su confianza, acumulando las confesiones de los aventureros, describiéndolos con personalidades al límite, libidinosos,  incultos (por ejemplo define a Pizarro como analfabeto) y embrutecidos.

En mi opinión, sobresaliente el trato que hace de los indios y habitantes de las isla de Santo Domingo, dejando malparado toda la parafernalia que acompañó a los españoles, con sus gobernadores corruptos y pusilánimes (no deja bien parados a  Francisco de Bobadilla ni a Ovando),  detallando el caos inicial reinante en la isla, el chabolismo con el que se tuvieron que organizar, cómo preparaban las expediciones…

De una manera desenfadada nos transmite cómo pudo ser la vida diaria de una comunidad que salió con lo puesto de una España empobrecida y no supo asimilar su rol de descubridores de un continente con tantas posibilidades como América.

Y por supuesto la relación de los hermanos Colón con la corona…

Os dejo un extracto para que os hagáis una idea del contenido:

—Ten en cuenta una cosa, pequeña. Pasaron más de treinta años desde que Francisco Pizarro puso el pie en Santo Domingo, hasta que consiguió organizar la expedición que le condujo a la conquista del Perú, treinta años, ¡piénsalo bien! Y en treinta años lo más probable es que un hombre se acueste con cientos de mujeres, pero no conquiste ni un solo imperio.

—¡Tiempos fabulosos aquellos sin duda!

—¡Tú lo has dicho…! Realmente fabulosos. Una mañana, recuerdo muy bien que estábamos pescando sobre aquella roca del recodo, vimos llegar cuatro naves con las velas desplegadas al viento… —Chasqueó la lengua como queriendo expresar su admiración—: Era la flota del Comendador de Calatrava, don Francisco de Bobadilla, que acudía a prender a los hermanos Colón.

—¿Prenderles… ? ¿Por qué?

—Porque en lugar de oro, que se lo guardaban para ellos, se habían dedicado a pagar sus deudas enviando a España esclavos indígenas pese a que la reina Isabel había estipulado que los nativos de las Indias eran tan súbditos de la Corona como los burgaleses, y por lo tanto nadie tenía derecho a esclavizarlos. Ni tan siquiera el Almirante.

En general, os recomiendo a este autor si tenéis hijos o familiares adolescentes, si queréis que crezca en ellos la pasión por la lectura, me parece una opción acertada, por esa combinación que ya he comentado de entretenimiento y divulgación

Y si no eres adolescente y todavía no has leído nada de este escritor, yo me pregunto… ¿a qué estas esperando?

Nota: Por cierto, y en relación con el mundo de los caucheros que se describe en el mencionado Manaos, años después leí otro libro que trata el mismo tema, Senderos de libertad de Javier Moro, basado en la historia de Chico Mendes y que por supuesto, os recomiendo también.

Otro libro interesante, pero puramente histórico, es El Imperio Español: de Colón a Magallanes de Hugh Thomas.

Merienda para la lectura: revuelto de frutos secos.

¿Qué opinas de Alberto Vázquez-Figueroa? ¿Te gustan sus libros? ¿Cuál te ha gustado más? Venga, no me seas tímido/a y dame tu opinión, que seguro que es interesante.