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El sueño de África – Javier Reverte

Hoy toca literatura de viajes, que para quienes aún conservamos cierto espíritu adolescente, eso de que recorrer mundo se convierta en parte de tu profesión es origen de envidia sana.

El libro en cuestión es El sueño de África de Javier Reverte. En general no me suelen gustar mucho las portadas de los libros, más que nada porque la mayoría no me dicen nada o no los entiendo pues carezco de vena artística. Pero en esta ocasión, observar el inocente salto de una niña en mitad de una playa, completamente absorta en sus juegos, concentrada únicamente en el disfrute de la naturaleza, ajena al quehacer del fotógrafo, me parece de una fuerza espectacular, una auténtica invitación a su lectura.

El sueño de Africa

Nada más abrir el libro nos encontramos con la cita de Graham Greene que lo dice todo: “Escribir un libro o viajar permiten huir de la rutina diaria, del miedo al futuro. Y es que aunar literatura y viajes es mano de santo en las épocas en las que andamos bajos de moral.

Posiblemente uno de los principales escritores nacionales de literatura de viajes sea Javier Reverte. Proviene de una familia de periodistas y escritores. Por lo que parece, le entró la vena aventurera convirtiéndose en un viajero incansable.

Creo que a la mayoría de las personas les gusta viajar. Es una de las principales actividades a las que recurrimos en vacaciones, dependiendo de nuestra capacidad de ahorro. Eso sí, no todos viajamos de la misma manera. Los hay quienes prefieren viajar con todas las comodidades posibles alojándose en buenos hoteles y quienes escogen lo que viene a denominarse como viajes alternativos, que normalmente cuentan con más ganas que presupuesto y una mochila al hombro. Según gustos y posibilidades.

Después estamos los que viajamos a través de los libros, gracias a escritores como Javier Reverte y libros como El sueño de África, el relato de un viaje por dicho continente con nombres de lugares que al pronunciar en voz alta nos regalan su peculiar sonoridad como Mombasa, Kampala, Ngorongoro, Zanzíbar… recorriendo por veinte eurillos de papel la costa de los Swahilis, los grandes lagos, Uganda…

“El viaje que relata este libro fue realizado entre los meses de enero y abril de 1992” comienza como preámbulo, pero veinte años no son nada para los lectores, pues el libro va relatando a través del viaje la historia a partir del siglo XIX del continente, con especial relevancia al colonialismo europeo. Historia que no deja de tener su punto triste recordándonos que “Muchos indios murieron para hacer posible la civilización en África” o que por ejemplo David Livingstone calculaba que de cada 5 esclavos que eran obligados a viajar a la costa, tan sólo 1 llegaba con vida. Hablando de Livingstone, el hombre pasó a la historia por la famosa pregunta de Stanley, ¿Doctor Livingstone?, supongo, quedando en el olvido que fue un luchador infatigable contra la esclavitud.

Caravanas esclavistas, rituales religiosos, colonos, fieras salvajes, rebeliones, infinidad de tribus y en definitiva la aventura misma. En busca de los mitos blancos del continente negro es el subtítulo de El sueño de África, avisándonos de que su periplo sigue la senda del colonialismo en África. Javier Reverte nos relata la vida y miserias de exploradores como Burton, Speke, Stanley, Baker

Eso sí, tenemos que estar también preparados ya que algunos de estos protagonistas ensalzados por infinidad de historias, libros y películas, puede que no cumplan nuestras expectativas una vez hayamos conocido sus biografías. Leyendo las hazañas de estos aventureros, me ha pasado lo mismo que cuando leí El imperio español de Hugh Thomas. Por un lado uno siente cierto respeto por aquellos hombres que hicieron frente a las fieras, a enfermedades desconocidas, a la intemperie, a las diferentes tribus cada una con sus costumbres… peligros diarios que les llevaban continuamente al límite. Sin embargo tanto esfuerzo y pundonor acaba siendo canalizado por las potencias europeas y grandes corporaciones empresariales para someter a los aborígenes, convirtiendo a seres humanos en esclavos, garrapiñando con todo objeto de valor, haciendo caso omiso a las leyes, costumbres o religiones, abanderando para vergüenza ajena una supuesta prosperidad que dos siglos después suena a broma macabra.

“Todas las familias de Uganda tienen un muerto por sida” nos informa Javier Reverte con un guiño contemporáneo, tratando de explicar como buen periodista nuestro presente partiendo del pasado. A lo largo del libro, el viaje del propio autor recorriendo los mismos lugares que descubrieron para el mundo “civilizado” los antiguos exploradores, sirve de excusa para relatar sus propias aventuras contemporáneas, obsequiándonos con los personajes que allá por el año 1992 se fue encontrando, tipos de toda índole y condición, pero todos interesantes dada sus diferentes e interesantes culturas.

El sueño de África es el primero de una fantástica trilogía sobre el continente, al que le siguen Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África, este último también lo he leído y os recomiendo su lectura. Los tres siguen la misma estructura literaria pero por diferentes países del continente, y cada región o zona recorrida cuenta con sus propias vivencias.

“La palabra Rift quiere decir algo así como cuchillada o tajo” nos explica Javier Reverte al referirse al valle del Rift. Hay que reconocer que ya solo el nombre alimenta la imaginación de cualquiera, pero es que además Javier Reverte nos ilustra con la historia del lugar, haciendo que en numerosas ocasiones, página tras página, el lector piense aquello de que la realidad supera a la ficción.

Lo bueno de este tipo de libros es que invitan a su relectura pasado un tiempo, pues el maremágnum de nombres y situaciones estrambóticas es constante.

Javier Reverte no sólo ha escrito sobre África, también tiene su trilogía Centroamericana, sobre Grecia, Alaska y Canadá… No sé si alguna vez Javier Reverte leerá esta especie de reseña aderezada con mis propios pensamientos, pero ahí va una propuesta tanto para él como para cualquier otro aventurero: después de la división de la URSS, la antigua Yugoslavia también dividida en varios países… los que dejamos atrás la E.G.B. estamos un poco perdidos con tanta república nueva con nombres imposibles de pronunciar, por lo que no estaría nada mal un libro de parecida estructura literaria a El sueño de África por estos desconocidos parajes.

Merienda para la lectura: Timbal de frutas exóticas.

Nuestros héroes de ficción

El otro día, a cuenta de la crisis, en un programa de televisión dedicado al molesto arte del grito, escuché a un tipo (lo siento, pero no recuerdo su nombre) algo así como que nuestra sociedad necesitaba héroes. Al instante pensé en todos los héroes de ficción que habían jalonado mi vida y los comparé con los iconos publicitarios de ahora…. Paupérrimo creo que es la palabra más elegante que se me ocurre.

Si a esto le unimos la reciente novela de Mario Vargas Llosa, El héroe discreto, que todavía no he leído, pero que según el propio autor representa un homenaje a los héroes anónimos, no quedaba otra que escribir un post al respecto.

El caso es que el problema vino cuando repasé mentalmente a quienes consideraba héroes más o menos famosos de carne y hueso, personas humanas como diría aquél, y en la lista que se me ocurrió, descubrí que todos mis héroes formaban ya parte del pasado (me ahorro la lista no vaya a ser que alguno/a se sienta ofendido). Se conoce que me ha tocado vivir un periodo mediocre. Total, que viendo que a nuestro alrededor no hay muchos héroes que digamos y para encontrar uno me tengo que ceñir a los libros leídos, me ha dado por reflexionar: ¿Qué cualidades tienen los héroes literarios con los que me he encontrado en mis lecturas?

Si pretendemos que el protagonista de nuestra historia de ficción sea un ejemplo a seguir, idolatrado desde nuestra cómoda posición de lector, éste debe cumplir una serie de requisitos:

  • Carácter: Nuestro héroe o heroína, transmitirá una personalidad definida, sin ambigüedades. No importa que el lector esté o no conforme con su forma de ser. El objetivo es que sean creíbles las decisiones que nuestro héroe va tomando durante la historia. No se trata de ser previsible, sino de que para cada decisión, existe una justificación o motivo.
  • Valores: Nuestro héroe tiene que tener unos ideales, ir en cierto modo contracorriente, seguro de estar haciendo las cosas bien, dejando esa sensación de actuar correctamente, convirtiéndose en un modelo para el resto de nuestra sociedad. Actuar acorde a unos principios conllevará irremediablemente pagar un alto precio (el desprecio de los débiles, caer en desgracia, ser odiado por el poderoso…).
  • Actúa contra su propio interés: Si anhelas ser un héroe, es imprescindible cierto sacrificio por tus ideales, pues siempre hay fuerzas externas y oscuras como el malo de la película, el mafioso de turno o el político corrupto que intentarán impedir que el bien prevalezca. El ignominioso mirará a otro lado, ajeno a las implícitas consecuencias, por otro lado nefastas para algún colectivo débil. Sin embargo, nuestro héroe no se dejará amedrentar y luchará contra la injusticia, aún sabiendo que quien acabará pagando un cuantioso tributo sea él mismo.
  • Bondad: Nunca se sabe quién puede llegar a ser un héroe. Incluso el más insignificante de los ciudadanos puede realizar actos heroicos, lo que es más importante: la heroicidad va unida a la bondad y al altruismo exacerbado. Supongo que gracias a esta característica millones de novelas han tenido éxito a lo largo de la historia.
  • Un buen héroe tiene un antagonista ruin y peligroso: Tiene que haber un malo, una injusticia, algo que combatir y que merezca la pena el previsible sacrificio, aunque le vaya la vida en ello.
  • Dispone de una cualidad que le hace único: es un virtuoso de alguna disciplina, que si bien no es destacable para la vida cotidiana, se convierte en una pieza fundamental de la trama.
  • Rebelde: En el fondo se trata de una cualidad implícita en las anteriores, pero que considero dispone de entidad propia, pues es precisamente este ingrediente de rebeldía el que lleva al héroe a actuar.

No confundir héroe con protagonista, pues el personaje de una novela no tiene porqué ser un tipo digno de admiración, siendo algunos auténticos seres despreciables. Sin embargo, en determinados géneros como por ejemplo la novela negra, lo usual es que el protagonista, con un oscuro pasado al bode de la ley, tenga algún rasgo diferenciador que le convierta en héroe anónimo.

Cuando repasamos el pasado, examinamos con lupa los héroes que convivieron en las diferentes épocas. Ya que últimamente me ha dado por reflexionar (creo que se debe al extraño proceso de la madurez), no dejo de preguntarme qué tipo de héroes encontrarán las futuras generaciones cuando estudien nuestro tiempo. Me quedo con el consuelo de que recurrirán al panadero que acude a su trabajo en las noches frías y solitarias, o tal vez con el administrativo parapetado tras su escritorio preguntándose si al final de mes conseguirá cobrar, o la viuda con una pensión miserable que aún así saca adelante a hijos y nietos… pero sobre todo, confío en que el sentido común evitará que generaciones futuras escojan como arquetipo de héroe del siglo veintiuno a Lady Gaga, Mourinho o Berlusconi.

¿Qué cualidades hechas en falta para describir al héroe literario perfecto?

El Club Dumas – Arturo Pérez-Reverte

 A fin de cuentas Dumas, hoy en día…

Frase de El Club Dumas que resume lo que en un tiempo, a mi parecer, ocurría con determinados autores incluidos dentro de una especie de colectivo de literatura de aventuras, de lectura “fácil”, con tramas donde primaba el ingenio y por ello, relegados a una especie de categoría cultural poco seria, como para adolescentes, en definitiva, literatura obsoleta de la que apenas se libraban Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo.

Tal vez sea éste el motivo por el que me gusta este libro que cada cierto tiempo releo. Reconozco que no es el mejor libro que he leído, que a veces las descripciones son repetitivas, y puestos a criticar (de forma constructiva), las pegas a expensas de los gustos de cada uno pueden ser innumerables. Pero tiene una gran virtud: trata de una historia que apetece leer, atractiva para todos aquellos que hemos crecido al calor de las páginas de Dumas, Sabatini, Verne (que en el libro no sale muy bien parado), Salgariy que hicimos de la capa y espada parte de nuestra adolescencia. Aún hoy, con mis treinta y tantos largos años que se acercan a la cuarentena, releo este tipo de aventuras que alimentan mi imaginación como antídoto a la depresión colectiva  a la que nos lleva este mundo de crisis de valores.

Es un libro que habla de libros, pero lo que me gusta, es que no habla sólo del estilismo y de la forma en la que están escritos. Más bien habla de los personajes, de lo que representan para el lector, sobre todo de esos mosqueteros que todos hemos querido ser en un momento dado, y de tantos otros protagonistas literarios: Holmes, Scaramouche, El capitán Blood, El corsario negro

Como aliño, la biografía de su autor, Alejandro Dumas, padre, cuya vida fue de por sí una aventura constante, que a ratos poseía una fortuna inmensa como la ruina total, mujeriego, buen comedor y mejor bebedor, financiador de revoluciones, escritor… explicándonos el sistema de creación de historias que tenía con su principal colaborador Auguste Maquet junto con cierta recreación histórica de la época.

Tiene su punto, incluso diría yo que es un acierto entremezclar historias de capa y espada con las policíacas, tramas imposibles con personajes fuertes y con personalidad, que lo mismo une a D’Artagnan con Sherlock Holmes, porque al fin y al cabo subyace la razón de casi todas las novelas: el bien contra el mal, el bueno contra el malo, la justicia contra la avaricia

Cuando llegó a mis manos la novela, hace ya algún tiempo, yo no tendría veinte años, y venía de una educación literaria donde leía dos tipos de libros:

  • los que me habían obligado a leer en el colegio, literatura con un estilismo cuidado y recargado que en muchas ocasiones apenas contaban algo interesante, pero que los críticos literarios afirmaban que se trataba de libros imprescindibles.
  • Otros libros que escogía yo, donde primaba la aventura, cuyos personajes vivían percances inverosímiles y difíciles de creer pero entretenidos.

Al segundo grupo formaba parte la literatura de Alejandro Dumas, con comentarios un tanto despectivos, como si fuese una lectura menor, de puro entretenimiento… Pero llegó el tipo este, el tal Arturo Pérez-Reverte, publicó el libro, tuvo un gran éxito, y entonces aparecieron como setas las críticas benévolas, todo el mundo había leído a Alejandro Dumas, a todos les gustaba, y los expertos de entonces comenzaron a decir que Alejandro Dumas era un clásico, que sus novelas de aventuras perdurarían en el tiempo y, como por arte de magia, incrédulo por mi parte, veía cómo los que antes criticaban esa literatura “menor”, ahora la encumbraban e incluso la hacían imprescindible…

Yo no soy crítico literario, tan solo dispongo de un blog donde hablo de los libros que leo, escribo mis impresiones por si a otros les pueden ayudar, como lector de infantería que diría Arturo Pérez-Reverte, pero no siento cátedra ni digo que esto está bien y aquello mal. Sí que me mojo, y escribo lo que me gusta y lo que no, sin tener que coincidir con otros. Y a mí Alejandro Dumas siempre me ha gustado, he pagado por ver las adaptaciones cinematográficas de sus libros (en general muy malas, nefastas e incluso insultantes), he leído más de quince de sus novelas y sobre todo, ha evitado que me aburra con párrafos innecesarios, descripciones tediosas y personajes sin sal.

Volviendo a El Club Dumas, refleja también un oficio casi perdido: el del librero. Ya quedan pocos y muchos hemos sucumbido, o más bien nos han fusilado, frente a centros comerciales y librerías de grandes superficies. Es lo que hay. Tal vez por ello existan tantos blogs sobre literatura…

Si eres aficionado a las novelas de aventuras, de capa y espada y/o policíacas, este es un libro que seguro que te interesará.

Merienda para la lectura: confit de pato regado con vino de Burdeos.

Por cierto, aprovecho para recordar, que en realidad las aventuras de nuestros entrañables mosqueteros están formadas por una trilogía: Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizcode de Bragelonne.

El cine según Hitchcock – François Truffaut

Desde Fnac Bilbao nos anuncian una nueva proyección Audiovisual para hoy 19/06/2013, Hitchcock, y claro con la excusa de la película, inmediatamente se me ha encendido una lucecita recordando un libro estupendo, escrito por François Truffaut: El cine según Hitchcock.

En general, o por lo menos en mi círculo más cercano, el buen lector suele ser también un buen cinéfilo, además de tener un buen criterio musical (salvo en mi caso, que carezco de todas estas cualidades). Será porque al fin y al cabo lo que nos gusta son las historias.

No es precisamente una novela, pero tampoco viene mal cambiar de registro de vez en cuando para mantener una mente saludable, y en este caso, el libro no deja de ser más que una entrevista transcrita que realizó François Truffaut al inigualable director de cine Alfred Hitchcock. Si no te suenan títulos de películas como Atrapa a un ladrón, Psicosis, La soga o Extraños en un tren, por poner unos ejemplos, te sugiero que te pongas las pilas y corras al videoclub más cercano porque eso no puede seguir así.

50 horas en varias sesiones desgranando la filmografía del director británico que nos enseña porqué una película es buena o no. De manera informal y a través de una conversación originada por sucesivas preguntas junto con sus respuestas, nos invita a conocer la peculiar personalidad de Alfred Hitchcock apoyándose en determinados ejemplos, estudiando sus películas, analizando los personajes, explicando aspectos concretos de escenas, su obsesión por las mujeres rubias, el salto al cine americano, anécdotas sobre los rodajes, trucos, inesperados efectos especiales… De todo.

Lo bueno de este libro, es que después te enfrentas a dichas películas desde otra perspectiva, es decir, entendiendo la razón de ser de cada fotograma. Es una manera más de aprender a ver cine y además entretenida, lejos de intrincados libros pseudofilosóficos que sólo aportan dolores de cabeza.

Yo no diría que El cine según Hitchcock sea una especie de biblia que tengamos que seguir a rajatabla para entender una película, pero sí nos puede servir para comprender qué lleva a un director de cine a crear una obra de una manera determinada. En el caso de Alfred Hitchcock el suspense es su carta de presentación, y nos explica cómo combinar los elementos audiovisuales para transmitir esta emoción. Como ejemplo os dejo una de las tantas frases que le ayudan a uno a reflexionar:

“Cuando se cuenta una historia en cine, sólo se debería recurrir al diálogo cuando no se pueda contar de otra forma”

Por cierto, el curriculum del entrevistador y autor del libro, François Truffaut, no se queda corto siendo uno de los protagonistas de la cinematografía francesa. Dos genios reunidos cada uno con su rol definido: François Truffaut en el papel de improvisado periodista proponiendo cuestiones en torno al cine con el objetivo de divulgar el talento de Alfred Hitchcock, el cual, accede a exteriorizar parte de su pensamiento, conversando sobre su biografía cinéfila, desde sus inicios en Inglaterra con el cine mudo hasta sus éxitos de taquilla en Hollywood.

De indispensable lectura si eres aficionado al cine.

Merienda para la lectura: lo siento pero no puedo ser original, bol hasta arriba de palomitas.

¿Te has leído El cine según Hitchcock? ¿Ha cambiado tu manera de ver las películas del maestro del suspense?

Correr – Jean Echenoz

O como escribir un libro repleto de metáforas estupendas, ironía y sarcasmo inteligente. Os dejo un extracto como ejemplo:

“Su curiosidad le mueve aún así a visitar el zoo de Berma, donde disfruta viendo monos, especie a quien todavía no se otorga el permiso de residencia en Checoslovaquia. Pero los monos parecen malos, atormentados, amargados, perpetuamente ofendidos, resentidos por haber dejado escapar la humanidad por un pelín.”

Correr de Jean Echenoz trata de la vida de Emil Zátopek, “La locomotora humana”, atleta checoslovaco especialista en pruebas de fondo y que a mediados de los años 50, batió todos los records posibles y por haber. Su vida está llena de contradicciones y sacrificios, en una constante ambigüedad, pues si bien por un lado anhela una vida discreta, acaba convirtiéndose en el ídolo de su pueblo, discrepa con el régimen autoritario y comunista de la época, pero éste se empeña en promocionarle en su escalafón de mando militar convirtiéndole en un héroe nacional… Pero su manera de canalizar la rebeldía, de luchar ante las normas impuestas por el régimen político, fue correr, además de una manera nada ortodoxa, sin técnica ni estilo, corriendo contra todo y a veces contra sí mismo.

Sin embargo, llega un momento en que no le queda más remedio que posicionarse, y durante la primavera de Praga apoya a Alexander Dubcek, lo que le lleva a ser expulsado del Partido Comunista y del ejército, vilipendiado por las autoridades pero alimentando su idealizada imagen frene a sus compatriotas. Como castigo le destierran a trabajar a una mina, le convierten en basurero y al final, ante las protestas del resto de la población y viendo el régimen checoslovaco que este tipo de humillación se vuelve en su contra, acaban por darle un gris trabajo de administrativo  en un oscuro sótano, lejos de las miradas indiscretas.

Con una prosa que ya la quisiera para mí, estamos ante una novela que no es una biografía en su forma más estricta, ya que aunque se basa en la figura de Emil Zátopek y describe parte de las vicisitudes del plusmarquista, tampoco se detiene en detallar su vida saltándose varias etapas. A Jean Echenoz, le llama la atención esa ambigüedad repleta de humildad, centrando su relato en esta extraña dicotomía.

Interesante su relación política, la vigilancia a la que le sometían, su relación con los periodistas extranjeros y todos los impedimentos para que corriese competiciones internacionales por miedo a que pidiese asilo político en otros países. En vez de recompensar sus esfuerzos, las autoridades le impusieron una férrea vigilancia.

También es un relato contra la adversidad. Imaginaos a un individuo que aparece sólo en Berlín para competir en una carrera internacional, siendo el único representante de su país, sin que nadie se moleste en avisarle de que va a dar comienzo la carrera, llegando en el último instante a la salida ante la guasa generalizada en el estadio, sin equipamiento, ni equipo y humillado por la masa que asiste al espectáculo. Pero gana. Gana la carrera de calle, doblando al resto de corredores, humillándolos a su vez.

Y según uno va leyendo a Jean Echenoz, mientras describe las carreras y cómo Emil Zátopek va ganando puestos en el ranking internacional, basando su correr en el sacrificio y con mucho esfuerzo, el relato va ganando a su vez velocidad, como si el propio lector estuviese compitiendo también. Trata de una sucesión de carreras, cada una con su particularidad, sin repetirse.

Creo que es un buen libro si te gusta el deporte. Y si eres de los que le asustan el número de páginas, que sepas que apenas tiene 140 y una letra de tamaño considerable.

Por cierto, la última carrera y triunfo de Emil Zátopek fue en el Cross Internacional de San Sebastián en 1.958.

Merienda para la lectura: zumo de naranja con barritas energéticas para reponer fuerzas de tanto maratón.

¿Qué te ha parecido Correr? ¿No crees que tiene mérito la prosa de Jean Echenoz?

Bilbao-New York-Bilbao – Kirmen Uribe

Por un lado estaba ansioso por escribir la reseña de Bilbao-New York-Bilbao, pero por otro no tenía muy claro cómo empezar. Ansioso porque el libro me ha gustado, porque es original y porque hacía tiempo que no leía un libro que me hiciese pasar tan buenos ratos. Os lo quiero recomendar con todas mis ganas, si es que todavía no lo habéis leído, pero no sé cómo empezar para convenceros. Sólo puedo decir que fue un regalo de navidades de 2011 y aparqué el libro en la estantería pensando que un argumento tan personal y nostálgico no acompañaba a mi estado de ánimo. Ahora, a toro pasado, me arrepiento de no haberlo leído antes. Si es que donde no hay mata…

Bilbao-New York-Bilbao

La historia comienza en un vuelo entre el aeropuerto de Bilbao y el JFK de Nueva York, en el cual el escritor reflexiona sobre la vida de tres de las generaciones de su familia. Ya está. Pedazo resumen, lo sé… pero es que de esto trata el libro. Es un relato intimista y muy ligero, pues se apoya en sus propios recuerdos, cartas, diarios, poemas… que le permiten dar una agradable continuidad a la narración.

Comienza hablando Liborio Uribe cuyo último deseo es ver un cuadro de Aurelio Arteta que le sirve como excusa a su nieto, que no es otro que el propio Kirmen Uribe, para empezar a contar parte de la historia de su familia.

La novela ha recibido varios premios y todos ellos justificados: Premio Nacional de Narrativa 2009, Premio Nacional de la Crítica 2008 en lengua vasca, Premio de la Fundación Ramón Rubial y Premio del Gremio de Libreros de Euskadi.

Se nota que Kirmen Uribe es también poeta, ya que va mezclando historias de diferentes familiares enlazándolas con interesantes metáforas poéticas, que si no estás preparado desde el principio, puede parecer una lectura un tanto rara, pero una vez que cambias la perspectiva, entusiasma y atrae.

No es una lectura típica, tal vez por eso me haya gustado tanto, un poco harto de los clásicos planteamientos argumentales. Tiene también un cierto sentido del humor camuflado en la manera de abordar las diferentes reflexiones que le confiere una lectura fresca.

Narrativa poética, sentido del humor, historia familiar, la mar, un mínimo suspense en torno al barco Dos Amigos y una novela sincera escrita honestamente.

Me ha encantado.

Merienda para la lectura: cualquier pescado en salazón entre pan y pan como homenaje a las empresas conserveras de Ondarroa, pueblo natal de Kirmen Uribe.

¿Todavía no te has hecho con un ejemplar de Bilbao-New York-Bilbao? Tú mismo, no sabes lo que te pierdes…

Mientras nieva sobre los cedros – David Guterson

De vez en cuando uno da con libros que en un principio no le llaman la atención, con las expectativas por los suelos, pero que por algún inexplicable motivo comienza a leer, pescando una lectura amena y agradable en el tormentoso océano de la distribución literaria. Este es el caso de Mientras nieva sobre los cedros.

Mientras nieva sobre los cedros
Fuente: Wikipedia

Recordaba la película basada en el libro protagonizada por Ethan Hawke que aunque me gustó, tampoco me pareció una historia excesivamente atractiva, por lo menos para la pantalla, lo que no ayudaba para animarme a leer la novela, a pesar de que en general los libros son muchos mejores que sus adaptaciones cinematográficas. Y éste cumple dicha premisa. Sin juzgar la película como mala, me quedo con el libro.

Escrito por David Guterson, su argumento se centra en una pequeña isla del Pacífico donde un pescador es encontrado muerto atrapado entre las redes de su barco. Al instante dictaminan que se trata de un asesinato y todas las pruebas apuntan a un sospechoso de origen japonés con el que tenía una disputa vecinal. Con fuerte presencia de inmigrantes japoneses en la isla y las heridas sin cicatrizar de Pearl Harbor, la desconfianza entre las comunidades es palpable. El peso de la narración recae sobre el director del periódico local y protagonista, Ishmael Chambers,  que desde su perspectiva, nos va contando los pormenores de la investigación. Para enredar un poco más, descubrimos que fue un antiguo amor adolescente de la esposa del acusado, y herido todavía por haber sido rechazado, a nuestro protagonista le surgen diferentes dudas y sentimientos encontrados a lo largo de la investigación.  A la vez que  van saliendo a la luz los diferentes sucesos, también nos va mostrando los rencores ocultos que suelen caracterizar a una comunidad tan pequeña limitada por el mar. Y hasta aquí puedo escribir.

Visto así, parece una novela policiaca con todos sus ingredientes: la opresión propia de la isla, la aparición del macabro cadáver en la neblina del mar que convulsiona la tranquilidad del pequeño pueblo, el odio racial como probable motivo del crimen, el atormentado amor no correspondido… Sin embargo no lo es, puesto que el asesinato no deja de ser una excusa para describir las animadversiones producidas por la guerra y el racismo que la gente de la isla tiene sobre su comunidad japonesa.

Va desgranando las relaciones entre los habitantes de una pequeña isla, donde los recuerdos son difíciles de olvidar, con el oficio de pescador de fondo y a través de la mirada del director de un mediocre periódico local, que no ha podido olvidar su amor de juventud que va rememorando según discurre la historia.

El libro fue premiado en 1995 con el PEN/Faulkner al autor estadounidense con la mejor obra de ficción del año.

Escrito con un lenguaje sencillo y efectivo, en ocasiones puede resultar algo lento debido a su estilo descriptivo. Si bien uno puede intuir cuál será el final de la historia, en el transcurso de la aparición de pruebas, acusaciones y viejos resentimientos, se nos muestra las dudas morales del protagonista que despechado, se plantea la conveniencia o no de hacer pública la verdad, aportando suspense hasta el último momento.

Es original en su planteamiento de los odios racistas entre dos comunidades dispares y en un contexto nada habitual. Si buscas una historia que se salga de lo normal, ésta puede ser una buena opción. Atentos también con los nombres japoneses, aunque su número no es excesivo y son cortos, si uno no está acostumbrado te puedes perder en el transcurso de la lectura (o por lo menos me ha pasado a mí).

Merienda para la lectura: bocadillo de sardinas de lata.

¿Has tenido ocasión de leer Mientras nieva sobre los cedros? ¿Te ha gustado tanto como a mí?

Reseña La buena novela – Laurence Cossé

Pues en su día comenté que estaba leyendo La buena novela, de Laurence Cossé, asustado a la vez que agradecido por la cantidad de escritores que estaba descubriendo. Ya lo he terminado y a falta de vítores y salvas de artillería diré lo siguiente: merece, y mucho, la pena.

La Buena Novela

Un imprescindible motivo os tiene que llevar a leer esta novela: haceros con una lista de escritores y libros magnífica, que os ayude a la hora de escoger vuestro próximo libro. Sobre todo franceses, pero es normal puesto que la autora, como habréis deducido por su nombre mis queridos Watsons, es francesa y resulta lógico pensar que sobre todo dominará la literatura de su país.

Además, analiza el mundo editorial y el de la crítica, no saliendo muy bien parados ninguno de los dos. Por un lado manifiesta que muchas editoriales centran sus ventas en best sellers de dudoso gusto, que acompañados de buenas campañas de marketing, consiguen vender muchos ejemplares y hacer dinero, pero… se trata de libros que no perdurarán en el tiempo. Por otro lado en cuanto a los críticos, denuncia que también forman parte del entramado industrial del libro puesto que muchos de ellos además de periodistas son o aspiran a ser escritores, por lo que no disponen de esa independencia total que se les presupone. Y es que no vas a hablar mal de la editorial que te da de comer…

Mi solución: leer las reseñas de meriendalibros, aprovechad ahora que todavía permanezco puro y no he vendido mi prosa a nadie.

La buena novela no es perfecta (ya lo dice el título, “solo” es buena) y en mi opinión la trama pseudopoliciaca no es de gran nivel, pero seré magnánimo por una vez y tendré que reconocer que el argumento no es más que una mera excusa para la exposición de un ingente listado de novelas y escritores. Que de eso se trata. Creo que en el fondo su objetivo no es otro que el de la divulgación, proponiéndonos infinidad de libros de los que disfrutar. Y a mí esto último me ha seducido.

Sin embargo, me veo en la obligación de sacar tarjeta amarilla a la señora Laurence Cossé. Después de mencionar varias veces a Stendhal, Cormac McCarthy, Sabatini, Zola, Michon, Echenoz, Auster… (y muchos otros, creédme que la lista es descomunal) apenas menciona a Alejandro Dumas, y lo siento, pero eso no se lo perdono. Si mi contabilidad de literatos que aparece en La buena novela no me engaña, sólo es mencionado en dos ocasiones, una de ellas de refilón, y hace alusión a la calle Alexandre Dumas de París (claro, como esta ciudad casi no tiene calles…), pero para mí no es suficiente. Después de idolatrar a otros en sucesivas ocasiones, me deja un regusto amargo el pensar que le ha asignado el papel de secundario. Cuestión de opiniones diría aquél, o tal vez es que estoy siendo demasiado riguroso. Y es que las comparaciones son odiosas. Menos mal que aquí estoy yo para remediar esta injusticia (¡¡cómo no!!) y prometo un post sobre El club Dumas escrito por Arturo Pérez-Reverte (que por cierto sale mencionado en La buena novela) para remediar tamaña injusticia.

La buena novela nos expone una aventura en torno a una librería que sólo vende obras maestras y sólo novelas, no hay espacio para ensayos y demás géneros. Con esta excusa Laurence Cossé reivindica la buena literatura frente al mal gusto perpetrado por determinados creadores de best sellers.

El catálogo ofertado por La buena novela, que así es como se llama la librería, es confeccionado por ocho clandestinos escritores, pues sus nombres permanecen en el anonimato y ni tan siquiera entre ellos se conocen para evitar devaluar la lista de libros que ofertan.  Tanta calidad junta acaba por molestar a otros escritores y editores que no han sido escogidos en el selecto catálogo, perpetrando una especie de atentados criminales, de manera un tanto ilusa. Puestos a imaginar crímenes, se me ocurren posibilidades más eficientes y excitantes.

A veces uno se lía con tanto nombre, entre los escritores reales, las novelas reales, los protagonistas, los escritores ficticios, sus pseudónimos, las novelas ficticias… y mi ignorancia, a veces no se sabe quién es quién.

Además, los diálogos no me acaban de encajar, todo el rato hablándose de usted, incluso cuando los protagonistas empiezan una relación afectiva… no lo acabo de coger, y excesivas disertaciones sobre un mismo tema, que a veces se repiten a lo largo de la novela.

Hay una historia de amor y otro amor no correspondido, que en ocasiones encajan con calzador. De más a menos.

Positivo es que invita a la reflexión: ¿Qué leemos? ¿Cómo leemos? ¿Somos lo suficiente exigentes con nuestras lecturas? ¿Nos dejamos llevar por las novedades y el marketing? ¿Seguimos algún criterio a la hora de escoger un libro?

Y por supuesto, una vez leído La buena novela, a uno le entran unas ganas locas de montarse su propia librería, a pie de calle, fuera de los centros comerciales, y formar parte de ese ideal en lo que lo único que importa es la calidad literaria. Claro que esto forma parte de la ficción, puesto que lamentablemente, ninguna librería sobreviviría vendiendo sólo buenas novelas, sin su sección de novedades, best sellers y resto de temáticas… El pequeño y honesto librero hoy en día sobrevive gracias al consumo rápido de literatura, independientemente de su calidad, apenas logran llegar a fin de mes y cada vez quedan menos librerías tradicionales. Sería injusto que les exigiésemos un filtro de calidad a sus ya exiguas ventas.

En resumen, si bien la trama me ha parecido sosa, La buena novela me ha gustado y os la recomiendo porque transmite un gran amor y respeto por la literatura. ¿Para qué más?

Como sabéis que soy un friki, me he creado una lista con todos los autores que aparecen en la novela… sólo os pido un poco de paciencia para que me de tiempo para pasarlo al blog y en cuanto pueda os lo publicaré. Espero que os sirva.

Merienda para la lectura: crêpes de chocolate con helado de mandarina, receta muy francesa…

¿Todavía no has leído La buena novela? Pues lo siento por ti… ¡¡no sabes lo que te estás perdiendo!!

Diálogos con la literatura – Toti Martínez de Lezea y Dolores Redondo

Pues como os comenté, tenía pensado ir a la charla de Toti Martínez de Lezea y de Dolores Redondo sobre la mitología en la literatura vasca, en la biblioteca de Bidebarrieta. Todo un acierto. No veáis lo que disfrutamos mi mujer y yo.

Por cierto, genial también la labor de la moderadora Idoia Jauregui, que colaboró siguiendo el tono distendido con el que se desarrolló la conferencia. Y es que el del martes fue un ejemplo de que la literatura no tiene porqué ser aburrida, huyendo del estereotipo de escritor empalagoso que se hace el interesante. Las escritoras resultaron muy cercanas y agradables.

Comenzaron hablando de la mitología vasca y de cómo estaba presente en sus libros. Aquí tomó la palabra Toti Martínez de Lezea,  citando múltiples ejemplos y denunciando las injusticias que se cometieron al amparo de falsas acusaciones de brujería, haciendo hincapié en que dichas imputaciones provenían de los propios vecinos, rencorosos por disputas familiares, dolidos por amores no correspondidos o envidiosos de la prosperidad del rival.

Enseguida aportó Dolores Redondo su visión sobre el valle del Baztán y lo importantes que han sido en la zona las historias mitológicas contadas al calor del fuego en las noches cerradas y completamente negras.

Nos recordaron que estas historias se contaban durante los duros inviernos y en las interminables madrugadas llenas de oscuridad, en un tiempo donde no existía la electricidad ni la televisión y lo único que quedaba era contar excitantes leyendas que pasaban de generación en generación. Situaciones que no son tan lejanas en el tiempo y que hace sólo cien añitos de nada se daban en nuestros pueblos.

basajaun
Fuente: amaroa.com

Basajaun (señor del bosque), Lamiak (ser cuya parte superior suele ser una mujer y la inferior tiene forma de pies de pato) y otros seres de la mitología vasca acompañan los escritos de ambas, los de Toti Martínez de Lezea  desde la licencia que da la novela histórica, mientras que a Dolores Redondo, arriesgando en su primera novela negra, le sirve como excusa para imaginar contemporáneos asesinatos en nuestro apreciado Elizondo.

Me gustó especialmente el cambio de nombre que propone Toti Martínez de Lezea a Mari, nuestra Diosa de la naturaleza, para euskaldunizarlo como Amari, homenajeando nuestras ancestrales costumbres paganas.

Para saber más sobre la mitología vasca, os animo a que visitéis la web amaroa donde han elaborado un resumen sobre el tema muy interesante.

Después vinieron las anécdotas y próximos proyectos. Dolores Redondo nos contó lo ilusionada que está a punto de finiquitar la segunda parte de la trilogía que ha inaugurado con El guardián invisible (que no me va a quedar más remedio que comprarlo, pues promete una historia apasionante, es lo que tiene acudir a estas conferencias), mientras que Toti Martínez de Lezea nos divirtió narrando los pormenores del libro que está escribiendo, asegurando escenas tórridas de amor en el mismísimo Zeberio.

Defendieron lo que peyorativamente algunos definen como “localismo”, y es que… ¿Por  qué tener que escribir historias ambientadas en Nueva York, en Veracruz o en sitios tan lejanos y poco accesibles cuando nuestra vida cotidiana pasa por Durango, Vitoria o Cintruénigo? ¿Qué se nos ha perdido en esos lugares?

Y por supuesto hablaron del oficio del escritor, de las coreografías que recrea Dolores Redondo a la hora de inventarse asesinatos, o del poder de la imaginación de Toti Martínez de Lezea a la hora de ubicar sus personajes, cómo darles vida jugando con las connotaciones históricas, sus fantasiosos recursos que acaban convirtiéndose en interesantes novelas.

Hubo tiempo para insinuar que la buena novela está configurada de prosa de calidad, donde el diálogo es un recurso más del compendio de técnicas, no el único, como parece que nos intentan vender con tanto best seller yankee.

En definitiva, un lujo de conferencia que forma parte de los eventos “Diálogos con la literatura” y que agradezco a los organizadores, iniciativa del área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Bilbao.

Y dime, si tal vez estuviste en la conferencia ¿qué te pareció? ¿Lo disfrutaste tanto como yo? ¿Qué opinas de la propuesta literaria de Dolores Redondo y de Toti Martínez de Lezea?

Un viejo que leía novelas de amor – Luis Sepúlveda

Tendría yo unos veinte años cuando escuché por vez primera el nombre de Luis Sepúlveda. Fue en el programa de radio Levando Anclas, del periodista Roge Blasco en Radio Euskadi. Es un magnífico programa que habla de viajes repletos de aventuras verídicas, alternativos, fuera de los grandes resorts, ajeno a los grandes mayoristas y con un ingrediente en común, y es que están llenos de idealismo. Me considero un fan incondicional de este programa de radio basado en entrevistas de arriesgados viajeros. Se emite los domingos y festivos de 22:00 a 00:00 horas, pero gracias a las nuevas tecnologías os podéis descargar los programas íntegros desde la propia página de la emisora (por aquello de empezar el lunes descansado) pinchando aquí. Seguro que os sorprenderá. Es un programa que se nota que está hecho con mimo e ilusión. Por cierto, lleva más de veinte años en antena. Ahí es nada. Si aceptáis un consejo, seguid a Roge Blasco y su programa que os va a sorprender seguro.

Pues decía que por aquel entonces estaba yo con la oreja pegada al transistor, acostado, soñando en la oscuridad de mi habitación con las descripciones sobre la selva amazónica de un tipo desconocido para mí llamado Luis Sepúlveda, que a la postre, resultó que se dedicaba a escribir. Al día siguiente me hice con un ejemplar de Un viejo que leía novelas de amor, y no me arrepentí. Lo he disfrutado en varias ocasiones.

Se trata de un libro con pocas páginas, pues no llega a las ciento cincuenta, dependiendo de la edición (dicen que lo bueno si breve, dos veces mejor), y habla de un tal Antonio José Bolívar Proaño, un viejo que vive en un pequeño pueblo olvidado de la Amazonía, El Idilio, que sirve como base para las explotaciones de colonos y buscadores de oro. Hay un mensaje intrínseco de ecologismo y de respeto a la naturaleza, pues el protagonista convive siguiendo la doctrina de los indígenas Shuar (los jíbaros), tomando de la selva tan sólo lo que va a necesitar para sobrevivir ese día. Mientras tanto, se entretiene leyendo historias de amor que se las hace llegar el dentista del pueblo, Rubicundo Loachamín (pedazo nombre). Dos novelas de amor cada seis meses.

Esta rutina se ve interrumpida cuando unos indígenas traen el cadáver de un cazador furtivo. El alcalde del pueblo en un principio sospecha de los propios indios, hasta que nuestro protagonista le convence de que ha sido una tigrilla, que tras la muerte de sus cuatro cachorrillos por el furtivo, vaga por la selva con sed de venganza. Sólo queda dar caza al animal antes de que haya más víctimas, y al viejo, obligado por las circunstancias, no le queda más remedio que participar en dicha caza.

Luis Sepúlveda
Fuente: Tusquets

La novela es de fácil lectura, con historias inverosímiles que uno se imagina que sólo pueden ocurrir en la Amazonía, dejándote la impresión de que en aquel lugar cada día es una nueva aventura (misma sensación me dejan las novelas de Alberto Vázquez-Figueroa, muchas de ellas desarrolladas en idénticos parajes).

Ecologismo, posicionamiento político, la dureza de la selva, la falsedad de los gobernantes, el aislamiento indígena, anécdotas amazónicas y como telón de fondo el particular duelo entre el viejo y el felino, repleto de suspense, el cazador que a su vez puede ser cazado, con el peligro latente en cada página.

En el libro está impreso el pensamiento político que ha marcado la vida de Luis Sepúlveda, como ejemplo, este extracto:

El doctor Loachamín odiaba al Gobierno. A todos y a cualquier Gobierno.  (…)

Vociferaba contra los Gobiernos de turno de la misma manera como lo hacía contra los gringos llegados a veces desde las instalaciones petroleras del Coca, impúdicos extraños que fotografiaban sin permiso las bocas abiertas de sus pacientes.”

Diálogos rápidos y descripciones eficientes marcan la lectura de la novela, recreándose en las situaciones justo lo necesario para continuar con la historia, pues tiene mucho que contar y poco papel. Párrafos sin demasiada adjetivación ni sobrecargados en exceso, pues es más importante el mensaje que la forma, pero de perfecto equilibrio.

Un buen libro que a los urbanitas nos traslada a la naturaleza, a plena selva amazónica cuya sola mención, entraña de por sí suficientes connotaciones de riesgo, haciéndonos ver que nuestro sistema económico no es el único en el mundo y nos invita a reflexionar sobre las nefastas consecuencias de nuestro ritmo de vida (y es que no acabamos de aprender).

Soy de costumbres fijas, y cuando descubro un escritor que me gusta, me preocupo de seguirle y de leer parte de su obra. Me gustó tanto Un viejo que leía novelas de amor, que de seguido vinieron Patagonia Express (autobiografía de Luis Sepúlveda con sus crónicas de viaje por Latinoamérica, otro ejemplo más de que la vida de un escritor puede ser una aventura en sí misma), Nombre de Torero (novela negra) y Mundo del fin del mundo (sobre la caza de ballenas). Todos recomendables.

Luis Sepúlveda fue hecho prisionero durante la dictadura de Pinochet, compromiso político y social que mantiene en sus escritos, lo que le llevó al exilio y a comenzar su vida viajera. Además de escritor, ha compaginado su vida profesional con el cine, como guionista y director.

Merienda para la lectura: una refrescante pieza de fruta, una manzana por ejemplo, pero de las ecológicas, nada de transgénicos, por continuar con la filosofía de vida de Antonio José Bolívar Proaño.

¿Todavía no conoces la escritura de Luis Sepúlveda? Cuéntame tus impresiones sobre este fantástico escritor, lleno de vitalidad e idealismo.