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El mundo de Sofía – Jostein Gaarder

O de cómo existe el mundo de las ideas.

Advierto desde el principio que esta reseña va a ser un tanto diferente, más bien trata de una reflexión, un tanto insurgente a la vez que descafeinada, puesto que va de preguntas cuya respuesta no tengo.

Comenzaré admitiendo que me genera envidia sana la gente como Jostein Gaarder, capaz de sintetizar en pocas palabras sus pensamientos, divulgadores natos que disfrutan inculcando sus conocimientos. En un tiempo en el que la Filosofía– el arte de pensar, amor por la sabiduría, el conocer por conocer- ha dejado de tener importancia, relegando nuestros credos exclusivamente a la economía, en un mundo donde vales lo que tienes, formando parte de una sociedad que camina tan rápido que nos impide detenernos a pensar… de repente, ante tanto caos, aparecen tipos que nos ayudan a tomar conciencia de quiénes somos, con pequeñas píldoras de cordura en forma de letra impresa.

El Mundo de Sofia

El mundo de Sofía es otro de los libros que cada cierto tiempo releo, más que nada porque es un libro puramente divulgativo, que se apoya en los recursos novelísticos y en la ficción para transmitir conocimientos filosóficos, lo que hace que sus relecturas sean más interesantes si cabe, pues con cada repaso uno va afianzando nuevas  ideas (a mí la cabeza no me da para tanto dato filosófico de una vez).

El libro va describiendo la historia del pensamiento a través de una niña llamada Sofía, ayudándonos a los que hace tiempo que dejamos los estudios a recordar a los viejos filósofos y en mi caso, a reflexionar sobre el dinamismo del pensamiento, el cómo se veía hace siglos el mundo y cómo lo vemos ahora.

Sofía llega un día a casa y se encuentra con una carta con dos preguntas: ¿Quién eres? ¿De dónde viene el mundo? Este inicio sirve como hilo conductor para realizar nuevas preguntas que llevan a la divulgación del pensamiento antiguo.

El motivo por el que reseño este libro es precisamente reflexionar sobre la capacidad que tenemos los humanos de pensar, de tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Estamos viviendo un momento realmente complicado, la crisis nos ha afectado a todos de una manera u otra, pero desde mi punto de vista, este hecho no es lo peor. Lo que nos debería preocupar como ciudadanos, es el papel ridículo que nuestros políticos están protagonizando en esta tragicomedia y cómo lo estamos permitiendo. Igual es que al resto (y me incluyo) se nos ha olvidado pensar

Acabamos de presenciar el bochorno espantoso que nuestros dirigentes han representado con la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos, con cierta hilaridad, a pesar de que en el fondo maldita la gracia que nos hace la imagen y la famosa marca Spain que están repartiendo por el mundo entero a nuestra costa. Y a la plebe no nos queda otra que aguantarlo, estoicamente, porque el día que salgamos a la calle de verdad, defendiendo nuestros derechos y pase alguna desgracia, saldrá alguno diciendo que no son formas de protestar… olvidando en un santiamén las protestas pacíficas que durante todo este tiempo estamos realizando.

El caso es que nos limitamos a observar cómo están hundiendo nuestro futuro esta clase política (incluyo a la totalidad de partidos políticos) como si la cosa no fuese con nosotros. Y yo me pregunto, como esa niña llamada Sofía que se cuestiona todo lo que sucede a su alrededor: ¿dónde hemos dejado nuestra capacidad de raciocinio? ¿Acaso como ciudadanos de a pie, infantería de primera línea hasta arriba de barro, no nos cuestionamos cómo salir de esta situación? ¿Pero es que nadie tiene la fuerza necesaria para tirar del carro?

Pues al parecer no. Con tanta reforma educativa donde ciertas asignaturas “de letras” han dejado de tener importancia (incluyo por supuesto la asignatura de Filosofía), nos han eliminado la creatividad y el libre pensamiento, que por el mero hecho de ser libre, es también dinámico y diverso, enriquecido y original, lo que puede dar lugar a nuevas ideas fuera de ese pensamiento único y dirigido que ayudasen a salir de esta traumática situación. El objetivo debería ser tener algo de criterio, mecanismos de defensa ante lo inesperado, y esto último sólo se consigue si se entrena y se enseña el denostado ejercicio de pensar. De ahí que esa asignatura de Filosofía pudiera tener cierta relevancia. Cuestión de opiniones.

Y es aquí donde vuelvo a El mundo de Sofía, como una especie de introducción a la historia del pensamiento, de manera novelada, entretenida, que puede servir a cualquier adolescente y adulto como iniciación al discernimiento, actividad que por lo que parece, y a los hechos me remito, ha sido olvidada por nuestra sociedad.

Divulgación pura y dura, que una vez asimilada, nos puede servir, o no, como pistoletazo de salida para cuestionarnos otros aspectos terrenales del presente como: ¿por qué tengo yo que aguantar a estos políticos?, ¿por qué tenemos que rescatar a los bancos y no las pensiones de nuestros mayores,? ¿estamos ante una verdadera democracia?, ¿de verdad que Bárcenas actuaba solo?, ¿habrá algún partido político libre de sospechas y que no se haya financiado irregularmente? Y tantas otras preguntas que se nos irán ocurriendo… o que no me atrevo a realizar. Y por supuesto, la mejor de todas… ¿alguien sabe cómo podemos salir de esta crisis de manera digna sin que tantos colectivos desfavorecidos se queden por el camino?

No son preguntas meramente filosóficas, pero se trata de preguntas al fin y al cabo, aunque lo mejor de cuestionar es obtener respuestas acertadas, pero claro, el discernimiento se aprende con práctica, y para esto está esa disciplina que apenas se estudia y que dicen no sirve de nada que es la Filosofía. Y ahora que está en extinción en los futuros planes educativos, pienso que un libro como El mundo de Sofía se hace imprescindible en nuestras bibliotecas.

Se trata de leer y aprender a comprender, no de memorizar el argumentario de otros. Sofía significa algo así como “la que posee sabiduría”. En mi caso, un recurso para conseguir un ápice de sabiduría es la lectura, así que os dejo con la propia Sofía y con preguntas transcendentales tipo quién soy,  de dónde vengo y a dónde voy con la que está cayendo (parecidas preguntas se hacían nuestros amigos de Siniestro Total), en compañía de Platón, Aristóteles, Tales de Miletoy en definitiva con el mundo de las ideas.

Merienda para la lectura: pastel de almendras y frambuesas, que en algún sitio he leído que son buenas para la memoria.

Os invito también a leer cualquier entrevista de Jostein Gaarder que encontraréis por internet, y descubriréis que su autor es también un tipo cuya existencia está basada en múltiples preguntas que invitan a reflexionar.

Ahora te toca a ti… ¿se te ocurre alguna pregunta?, ¿has leído El mundo de Sofía? O mejor… ¿difieres de mis reflexiones? Precisamente para eso estaba el parlamento griego, para argumentar… Espero tus aportaciones.

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