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El sueño de África – Javier Reverte

Hoy toca literatura de viajes, que para quienes aún conservamos cierto espíritu adolescente, eso de que recorrer mundo se convierta en parte de tu profesión es origen de envidia sana.

El libro en cuestión es El sueño de África de Javier Reverte. En general no me suelen gustar mucho las portadas de los libros, más que nada porque la mayoría no me dicen nada o no los entiendo pues carezco de vena artística. Pero en esta ocasión, observar el inocente salto de una niña en mitad de una playa, completamente absorta en sus juegos, concentrada únicamente en el disfrute de la naturaleza, ajena al quehacer del fotógrafo, me parece de una fuerza espectacular, una auténtica invitación a su lectura.

El sueño de Africa

Nada más abrir el libro nos encontramos con la cita de Graham Greene que lo dice todo: “Escribir un libro o viajar permiten huir de la rutina diaria, del miedo al futuro. Y es que aunar literatura y viajes es mano de santo en las épocas en las que andamos bajos de moral.

Posiblemente uno de los principales escritores nacionales de literatura de viajes sea Javier Reverte. Proviene de una familia de periodistas y escritores. Por lo que parece, le entró la vena aventurera convirtiéndose en un viajero incansable.

Creo que a la mayoría de las personas les gusta viajar. Es una de las principales actividades a las que recurrimos en vacaciones, dependiendo de nuestra capacidad de ahorro. Eso sí, no todos viajamos de la misma manera. Los hay quienes prefieren viajar con todas las comodidades posibles alojándose en buenos hoteles y quienes escogen lo que viene a denominarse como viajes alternativos, que normalmente cuentan con más ganas que presupuesto y una mochila al hombro. Según gustos y posibilidades.

Después estamos los que viajamos a través de los libros, gracias a escritores como Javier Reverte y libros como El sueño de África, el relato de un viaje por dicho continente con nombres de lugares que al pronunciar en voz alta nos regalan su peculiar sonoridad como Mombasa, Kampala, Ngorongoro, Zanzíbar… recorriendo por veinte eurillos de papel la costa de los Swahilis, los grandes lagos, Uganda…

“El viaje que relata este libro fue realizado entre los meses de enero y abril de 1992” comienza como preámbulo, pero veinte años no son nada para los lectores, pues el libro va relatando a través del viaje la historia a partir del siglo XIX del continente, con especial relevancia al colonialismo europeo. Historia que no deja de tener su punto triste recordándonos que “Muchos indios murieron para hacer posible la civilización en África” o que por ejemplo David Livingstone calculaba que de cada 5 esclavos que eran obligados a viajar a la costa, tan sólo 1 llegaba con vida. Hablando de Livingstone, el hombre pasó a la historia por la famosa pregunta de Stanley, ¿Doctor Livingstone?, supongo, quedando en el olvido que fue un luchador infatigable contra la esclavitud.

Caravanas esclavistas, rituales religiosos, colonos, fieras salvajes, rebeliones, infinidad de tribus y en definitiva la aventura misma. En busca de los mitos blancos del continente negro es el subtítulo de El sueño de África, avisándonos de que su periplo sigue la senda del colonialismo en África. Javier Reverte nos relata la vida y miserias de exploradores como Burton, Speke, Stanley, Baker

Eso sí, tenemos que estar también preparados ya que algunos de estos protagonistas ensalzados por infinidad de historias, libros y películas, puede que no cumplan nuestras expectativas una vez hayamos conocido sus biografías. Leyendo las hazañas de estos aventureros, me ha pasado lo mismo que cuando leí El imperio español de Hugh Thomas. Por un lado uno siente cierto respeto por aquellos hombres que hicieron frente a las fieras, a enfermedades desconocidas, a la intemperie, a las diferentes tribus cada una con sus costumbres… peligros diarios que les llevaban continuamente al límite. Sin embargo tanto esfuerzo y pundonor acaba siendo canalizado por las potencias europeas y grandes corporaciones empresariales para someter a los aborígenes, convirtiendo a seres humanos en esclavos, garrapiñando con todo objeto de valor, haciendo caso omiso a las leyes, costumbres o religiones, abanderando para vergüenza ajena una supuesta prosperidad que dos siglos después suena a broma macabra.

“Todas las familias de Uganda tienen un muerto por sida” nos informa Javier Reverte con un guiño contemporáneo, tratando de explicar como buen periodista nuestro presente partiendo del pasado. A lo largo del libro, el viaje del propio autor recorriendo los mismos lugares que descubrieron para el mundo “civilizado” los antiguos exploradores, sirve de excusa para relatar sus propias aventuras contemporáneas, obsequiándonos con los personajes que allá por el año 1992 se fue encontrando, tipos de toda índole y condición, pero todos interesantes dada sus diferentes e interesantes culturas.

El sueño de África es el primero de una fantástica trilogía sobre el continente, al que le siguen Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África, este último también lo he leído y os recomiendo su lectura. Los tres siguen la misma estructura literaria pero por diferentes países del continente, y cada región o zona recorrida cuenta con sus propias vivencias.

“La palabra Rift quiere decir algo así como cuchillada o tajo” nos explica Javier Reverte al referirse al valle del Rift. Hay que reconocer que ya solo el nombre alimenta la imaginación de cualquiera, pero es que además Javier Reverte nos ilustra con la historia del lugar, haciendo que en numerosas ocasiones, página tras página, el lector piense aquello de que la realidad supera a la ficción.

Lo bueno de este tipo de libros es que invitan a su relectura pasado un tiempo, pues el maremágnum de nombres y situaciones estrambóticas es constante.

Javier Reverte no sólo ha escrito sobre África, también tiene su trilogía Centroamericana, sobre Grecia, Alaska y Canadá… No sé si alguna vez Javier Reverte leerá esta especie de reseña aderezada con mis propios pensamientos, pero ahí va una propuesta tanto para él como para cualquier otro aventurero: después de la división de la URSS, la antigua Yugoslavia también dividida en varios países… los que dejamos atrás la E.G.B. estamos un poco perdidos con tanta república nueva con nombres imposibles de pronunciar, por lo que no estaría nada mal un libro de parecida estructura literaria a El sueño de África por estos desconocidos parajes.

Merienda para la lectura: Timbal de frutas exóticas.

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Un viejo que leía novelas de amor – Luis Sepúlveda

Tendría yo unos veinte años cuando escuché por vez primera el nombre de Luis Sepúlveda. Fue en el programa de radio Levando Anclas, del periodista Roge Blasco en Radio Euskadi. Es un magnífico programa que habla de viajes repletos de aventuras verídicas, alternativos, fuera de los grandes resorts, ajeno a los grandes mayoristas y con un ingrediente en común, y es que están llenos de idealismo. Me considero un fan incondicional de este programa de radio basado en entrevistas de arriesgados viajeros. Se emite los domingos y festivos de 22:00 a 00:00 horas, pero gracias a las nuevas tecnologías os podéis descargar los programas íntegros desde la propia página de la emisora (por aquello de empezar el lunes descansado) pinchando aquí. Seguro que os sorprenderá. Es un programa que se nota que está hecho con mimo e ilusión. Por cierto, lleva más de veinte años en antena. Ahí es nada. Si aceptáis un consejo, seguid a Roge Blasco y su programa que os va a sorprender seguro.

Pues decía que por aquel entonces estaba yo con la oreja pegada al transistor, acostado, soñando en la oscuridad de mi habitación con las descripciones sobre la selva amazónica de un tipo desconocido para mí llamado Luis Sepúlveda, que a la postre, resultó que se dedicaba a escribir. Al día siguiente me hice con un ejemplar de Un viejo que leía novelas de amor, y no me arrepentí. Lo he disfrutado en varias ocasiones.

Se trata de un libro con pocas páginas, pues no llega a las ciento cincuenta, dependiendo de la edición (dicen que lo bueno si breve, dos veces mejor), y habla de un tal Antonio José Bolívar Proaño, un viejo que vive en un pequeño pueblo olvidado de la Amazonía, El Idilio, que sirve como base para las explotaciones de colonos y buscadores de oro. Hay un mensaje intrínseco de ecologismo y de respeto a la naturaleza, pues el protagonista convive siguiendo la doctrina de los indígenas Shuar (los jíbaros), tomando de la selva tan sólo lo que va a necesitar para sobrevivir ese día. Mientras tanto, se entretiene leyendo historias de amor que se las hace llegar el dentista del pueblo, Rubicundo Loachamín (pedazo nombre). Dos novelas de amor cada seis meses.

Esta rutina se ve interrumpida cuando unos indígenas traen el cadáver de un cazador furtivo. El alcalde del pueblo en un principio sospecha de los propios indios, hasta que nuestro protagonista le convence de que ha sido una tigrilla, que tras la muerte de sus cuatro cachorrillos por el furtivo, vaga por la selva con sed de venganza. Sólo queda dar caza al animal antes de que haya más víctimas, y al viejo, obligado por las circunstancias, no le queda más remedio que participar en dicha caza.

Luis Sepúlveda
Fuente: Tusquets

La novela es de fácil lectura, con historias inverosímiles que uno se imagina que sólo pueden ocurrir en la Amazonía, dejándote la impresión de que en aquel lugar cada día es una nueva aventura (misma sensación me dejan las novelas de Alberto Vázquez-Figueroa, muchas de ellas desarrolladas en idénticos parajes).

Ecologismo, posicionamiento político, la dureza de la selva, la falsedad de los gobernantes, el aislamiento indígena, anécdotas amazónicas y como telón de fondo el particular duelo entre el viejo y el felino, repleto de suspense, el cazador que a su vez puede ser cazado, con el peligro latente en cada página.

En el libro está impreso el pensamiento político que ha marcado la vida de Luis Sepúlveda, como ejemplo, este extracto:

El doctor Loachamín odiaba al Gobierno. A todos y a cualquier Gobierno.  (…)

Vociferaba contra los Gobiernos de turno de la misma manera como lo hacía contra los gringos llegados a veces desde las instalaciones petroleras del Coca, impúdicos extraños que fotografiaban sin permiso las bocas abiertas de sus pacientes.”

Diálogos rápidos y descripciones eficientes marcan la lectura de la novela, recreándose en las situaciones justo lo necesario para continuar con la historia, pues tiene mucho que contar y poco papel. Párrafos sin demasiada adjetivación ni sobrecargados en exceso, pues es más importante el mensaje que la forma, pero de perfecto equilibrio.

Un buen libro que a los urbanitas nos traslada a la naturaleza, a plena selva amazónica cuya sola mención, entraña de por sí suficientes connotaciones de riesgo, haciéndonos ver que nuestro sistema económico no es el único en el mundo y nos invita a reflexionar sobre las nefastas consecuencias de nuestro ritmo de vida (y es que no acabamos de aprender).

Soy de costumbres fijas, y cuando descubro un escritor que me gusta, me preocupo de seguirle y de leer parte de su obra. Me gustó tanto Un viejo que leía novelas de amor, que de seguido vinieron Patagonia Express (autobiografía de Luis Sepúlveda con sus crónicas de viaje por Latinoamérica, otro ejemplo más de que la vida de un escritor puede ser una aventura en sí misma), Nombre de Torero (novela negra) y Mundo del fin del mundo (sobre la caza de ballenas). Todos recomendables.

Luis Sepúlveda fue hecho prisionero durante la dictadura de Pinochet, compromiso político y social que mantiene en sus escritos, lo que le llevó al exilio y a comenzar su vida viajera. Además de escritor, ha compaginado su vida profesional con el cine, como guionista y director.

Merienda para la lectura: una refrescante pieza de fruta, una manzana por ejemplo, pero de las ecológicas, nada de transgénicos, por continuar con la filosofía de vida de Antonio José Bolívar Proaño.

¿Todavía no conoces la escritura de Luis Sepúlveda? Cuéntame tus impresiones sobre este fantástico escritor, lleno de vitalidad e idealismo.