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Rescaten el Titanic – Clive Cussler

De vez en cuando también escribo sobre lo que no me ha gustado, por avisar al resto de lectores que puede que se fíen de mi criterio. Y hoy toca hacer reseña de lo que no deja de ser un bodrio.

Es más, en mi opinión llega al fraude. Si en vez de titularlo como Rescaten el Titanic, lo hubiesen llamado Rescaten el barco Tacatún, pues uno haría un esfuerzo sublime y se creería la historia, evaluando únicamente su estilo de escritura. Pero no, le han llamado Titanic, lo que conlleva una cierta leyenda, el hundimiento por antonomasia. Sobre el Titanic se han escrito miles de páginas ensalzando la supuesta valentía del pasaje, con el mito de la orquesta que viéndose perdidos continuaron tocando sus instrumentos ofreciendo un ápice de sosiego a quienes todavía no habían perdido la esperanza por sobrevivir, las avariciosas decisiones de los armadores al no equipar el buque con botes salvavidas suficientes, la inútil llamada de socorro, los náufragos que perecieron por hipotermia…  Además en la portada nos muestran la fotografía de lo que todos intuimos que era el Titanic. Así que uno se deja engañar y espera que el barco sea el protagonista de la novela. Por no hablar del sinfín de posibilidades para la ficción en torno al navío de vapor, una inmejorable fuente de potenciales ideas para la imaginación del escritor, como si fuese un caldo de cultivo que tan solo hay que mimar para obtener cuatrocientas páginas llenas de entrenamiento.

Rescaten al Titanic

Lo malo es que Rescaten el Titanic apenas transcurre en el Titanic. La historia gira en torno al naufragio sin ahondar en el suceso mismo, sin aportar datos de enjundia sobre su hundimiento, ni sobre su historia, ni sus pasajeros… y al final uno se siente decepcionado,  ya que se han creado falsas expectativas por parte del escritor y del editor que no llegan a cumplirse.

Otra cosa hubiese sido que la historia, aunque apenas tratase del susodicho transatlántico, tuviese una gran trama y enganchase. El lector también se hubiese sentido decepcionado, pero por lo menos, como suele decirse, hubiesen salvado los muebles. Sin embargo no es el caso. Esto es un best seller cuyo mayor mérito es la campaña de marketing que en su día le acompañaría, o esto es lo que me imagino pues otra explicación no encuentro dada la pésima calidad del argumento y de su técnica literaria (si la tuviese, porque para mí llenar de diálogos un texto no es novela, será teatro o qué sé yo).

Además, buceando por internet, me topo con que alguien, en un momento de delirio, adaptó el libro para hacer una película, con un presupuesto que rondó los 40 millones de dólares de los de antes, allá por 1.980… que ahora es una cantidad considerable de dinero, pero hace más de treinta años era una pasta gansa, lo que viene siendo una superproducción. Para que os hagáis una idea, Gran Torino, del inigualable Clint Eastwood contó veintiocho años después, con 33 millones de presupuesto, recaudando 269 millones. ¿Qué pasó con la adaptación cinematográfica de Rescaten el Titanic? Pues lo que dicta el sentido común: fracaso total y durante años ejemplo de cómo tirar el dinero por el retrete. Es que 40 millones equivalen a muchos espectadores…

Eso sí, el autor de la novela, un tal Clive Cussler, tiene mucho mérito, al César lo que es del César, porque hacer de esta historia de calidad dudosa un best seller y además vender los derechos cinematográficos a Hollywood, con los previsibles rendimientos económicos, es de campeones.

Titanic

En cuanto al libro, decía que el rollo no va del Titanic, sino que es una de espías, americanos contra rusos y viceversa, que es lo que se llevaba en los ochenta, pero con todos los estereotipos que uno se pueda imaginar: políticos patriotas que se sacrifican para salvaguardar la seguridad del país, anónimos espías asesinados, un presidente de los USA íntegro y preocupado que asume con orgullo la carga que supone dirigir el mejor y más importante país del mundo (cuando leo estas historias me pregunto qué sería de nosotros sin los yanquees), tampoco podía faltar una especie de James Bond que acaba con todos los rusos que se le ponen por delante pero que además es científico y pilota aviones y submarinos (¡¡toma!! me voy a pasar por la DGT a ver si con mi carnet de ciclomotor puedo yo también), sabe desenvolverse en parajes inhóspitos a no sé cuántos grados bajo cero y además ha tenido tiempo de ser un experto del Titanic conociendo todos los pormenores sobre el hundimiento… Total, que a uno le entra un complejo… es que un servidor solo tiene un blog, un trabajito mileurista de ocho horas y casi no le da la vida entre ir a la oficina, leer, escribir post, prepararse la comida, hacer la colada, limpiar, planchar… en cambio estos espías americanos saben hacer de todo y además, perfecto. ¡Qué envidia!

Encima el autor mete con calzador, de una manera nada creíble,  una serie de problemas maritales entre uno de los protagonistas y su mujer, que por cierto, puestos a criticar a los personajes, la imagen de esposa de consejero del presidente de los EEUU no sale muy bien parada: pusilánime, caprichosa por querer ser madre (es que es para flipar a colores, a quién se le ocurre querer tener un hijo cuando está en jaque la seguridad nacional), ligera de cascos que lo mismo le da estar con su marido que liarse con el presidente mancillando la Casa Blanca, le pega a las pastillas y me acabo de enterar que para Clive Cussler, una mujer a los treinta y uno ha entrado en el declive de su vida. Lo que me faltaba por leer.

Y como todo best seller tenemos diálogo, diálogo, alguna previsible descripción con adjetivos también previsibles y más diálogo.  Nada original y lleno de arquetipos sacados de telefilmes cutres, que supongo que será lo que funciona en los USA, pero fuera… como que no.

Uno está expectante pasando hojas a ver cuándo empiezan a describir el hundimiento del Titanic o algo que tenga que ver con el histórico barco… y se encuentra con que en realidad la historia va de un submarino con la última tecnología, que por supuesto solo lo tienen los americanos, que es capaz de sumergirse ni sé a qué profundidad, para conseguir reflotar el Titanic que se encuentra sumergido a una barbaridad de millas, que si lo pasásemos a kilómetros serían un puñau. Para que quede coherente explica con un montón de tecnicismos, que dentro de mi ignorancia no me queda más remedio que creer, todos los detalles de tamaña hazaña.

Como los lectores somos muy listos, nos preguntamos: ¿por qué? ¿Qué beneficio obtiene la humanidad reflotando ese buque agotando los recursos económicos del país más grande y maravilloso de la vía láctea? Pues ahí es donde nos equivocamos. No hay beneficio para la humanidad, solo para los EEUU, porque en las bodegas del Titanic descansa un cargamento de bizanio, un extraño y exiguo mineral que permitirá crear un invisible muro, a modo de escudo, que impedirá que otras potencias, es decir los rusos, ataquen con sus misiles territorio americano. La repanocha.

A mí lo que me molesta es que encima somos los de Bilbao los que tenemos fama de fanfarrones. A ver si el tipo este en vez de Cussler, se va a apellidar Cusslergoitiaberria o algo así…

Bueno, quedáis avisados, y por supuesto, no tenéis que compartir mis opiniones, para gustos los colores. Y si queréis polémica, tenéis la manera de contactar conmigo y escribir que Rescaten el Titanic es una obra maestra o algo así… que para eso están los blogs y las redes sociales, para entablar conversaciones y aprender los unos de los otros. Pero no me vais a convencer, para mí leer Rescaten el Titanic es una pérdida de tiempo.

Merienda para la lectura: Hamburguesa yanquee con muchas grasas saturadas.

El mundo de Sofía – Jostein Gaarder

O de cómo existe el mundo de las ideas.

Advierto desde el principio que esta reseña va a ser un tanto diferente, más bien trata de una reflexión, un tanto insurgente a la vez que descafeinada, puesto que va de preguntas cuya respuesta no tengo.

Comenzaré admitiendo que me genera envidia sana la gente como Jostein Gaarder, capaz de sintetizar en pocas palabras sus pensamientos, divulgadores natos que disfrutan inculcando sus conocimientos. En un tiempo en el que la Filosofía– el arte de pensar, amor por la sabiduría, el conocer por conocer- ha dejado de tener importancia, relegando nuestros credos exclusivamente a la economía, en un mundo donde vales lo que tienes, formando parte de una sociedad que camina tan rápido que nos impide detenernos a pensar… de repente, ante tanto caos, aparecen tipos que nos ayudan a tomar conciencia de quiénes somos, con pequeñas píldoras de cordura en forma de letra impresa.

El Mundo de Sofia

El mundo de Sofía es otro de los libros que cada cierto tiempo releo, más que nada porque es un libro puramente divulgativo, que se apoya en los recursos novelísticos y en la ficción para transmitir conocimientos filosóficos, lo que hace que sus relecturas sean más interesantes si cabe, pues con cada repaso uno va afianzando nuevas  ideas (a mí la cabeza no me da para tanto dato filosófico de una vez).

El libro va describiendo la historia del pensamiento a través de una niña llamada Sofía, ayudándonos a los que hace tiempo que dejamos los estudios a recordar a los viejos filósofos y en mi caso, a reflexionar sobre el dinamismo del pensamiento, el cómo se veía hace siglos el mundo y cómo lo vemos ahora.

Sofía llega un día a casa y se encuentra con una carta con dos preguntas: ¿Quién eres? ¿De dónde viene el mundo? Este inicio sirve como hilo conductor para realizar nuevas preguntas que llevan a la divulgación del pensamiento antiguo.

El motivo por el que reseño este libro es precisamente reflexionar sobre la capacidad que tenemos los humanos de pensar, de tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Estamos viviendo un momento realmente complicado, la crisis nos ha afectado a todos de una manera u otra, pero desde mi punto de vista, este hecho no es lo peor. Lo que nos debería preocupar como ciudadanos, es el papel ridículo que nuestros políticos están protagonizando en esta tragicomedia y cómo lo estamos permitiendo. Igual es que al resto (y me incluyo) se nos ha olvidado pensar

Acabamos de presenciar el bochorno espantoso que nuestros dirigentes han representado con la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos, con cierta hilaridad, a pesar de que en el fondo maldita la gracia que nos hace la imagen y la famosa marca Spain que están repartiendo por el mundo entero a nuestra costa. Y a la plebe no nos queda otra que aguantarlo, estoicamente, porque el día que salgamos a la calle de verdad, defendiendo nuestros derechos y pase alguna desgracia, saldrá alguno diciendo que no son formas de protestar… olvidando en un santiamén las protestas pacíficas que durante todo este tiempo estamos realizando.

El caso es que nos limitamos a observar cómo están hundiendo nuestro futuro esta clase política (incluyo a la totalidad de partidos políticos) como si la cosa no fuese con nosotros. Y yo me pregunto, como esa niña llamada Sofía que se cuestiona todo lo que sucede a su alrededor: ¿dónde hemos dejado nuestra capacidad de raciocinio? ¿Acaso como ciudadanos de a pie, infantería de primera línea hasta arriba de barro, no nos cuestionamos cómo salir de esta situación? ¿Pero es que nadie tiene la fuerza necesaria para tirar del carro?

Pues al parecer no. Con tanta reforma educativa donde ciertas asignaturas “de letras” han dejado de tener importancia (incluyo por supuesto la asignatura de Filosofía), nos han eliminado la creatividad y el libre pensamiento, que por el mero hecho de ser libre, es también dinámico y diverso, enriquecido y original, lo que puede dar lugar a nuevas ideas fuera de ese pensamiento único y dirigido que ayudasen a salir de esta traumática situación. El objetivo debería ser tener algo de criterio, mecanismos de defensa ante lo inesperado, y esto último sólo se consigue si se entrena y se enseña el denostado ejercicio de pensar. De ahí que esa asignatura de Filosofía pudiera tener cierta relevancia. Cuestión de opiniones.

Y es aquí donde vuelvo a El mundo de Sofía, como una especie de introducción a la historia del pensamiento, de manera novelada, entretenida, que puede servir a cualquier adolescente y adulto como iniciación al discernimiento, actividad que por lo que parece, y a los hechos me remito, ha sido olvidada por nuestra sociedad.

Divulgación pura y dura, que una vez asimilada, nos puede servir, o no, como pistoletazo de salida para cuestionarnos otros aspectos terrenales del presente como: ¿por qué tengo yo que aguantar a estos políticos?, ¿por qué tenemos que rescatar a los bancos y no las pensiones de nuestros mayores,? ¿estamos ante una verdadera democracia?, ¿de verdad que Bárcenas actuaba solo?, ¿habrá algún partido político libre de sospechas y que no se haya financiado irregularmente? Y tantas otras preguntas que se nos irán ocurriendo… o que no me atrevo a realizar. Y por supuesto, la mejor de todas… ¿alguien sabe cómo podemos salir de esta crisis de manera digna sin que tantos colectivos desfavorecidos se queden por el camino?

No son preguntas meramente filosóficas, pero se trata de preguntas al fin y al cabo, aunque lo mejor de cuestionar es obtener respuestas acertadas, pero claro, el discernimiento se aprende con práctica, y para esto está esa disciplina que apenas se estudia y que dicen no sirve de nada que es la Filosofía. Y ahora que está en extinción en los futuros planes educativos, pienso que un libro como El mundo de Sofía se hace imprescindible en nuestras bibliotecas.

Se trata de leer y aprender a comprender, no de memorizar el argumentario de otros. Sofía significa algo así como “la que posee sabiduría”. En mi caso, un recurso para conseguir un ápice de sabiduría es la lectura, así que os dejo con la propia Sofía y con preguntas transcendentales tipo quién soy,  de dónde vengo y a dónde voy con la que está cayendo (parecidas preguntas se hacían nuestros amigos de Siniestro Total), en compañía de Platón, Aristóteles, Tales de Miletoy en definitiva con el mundo de las ideas.

Merienda para la lectura: pastel de almendras y frambuesas, que en algún sitio he leído que son buenas para la memoria.

Os invito también a leer cualquier entrevista de Jostein Gaarder que encontraréis por internet, y descubriréis que su autor es también un tipo cuya existencia está basada en múltiples preguntas que invitan a reflexionar.

Ahora te toca a ti… ¿se te ocurre alguna pregunta?, ¿has leído El mundo de Sofía? O mejor… ¿difieres de mis reflexiones? Precisamente para eso estaba el parlamento griego, para argumentar… Espero tus aportaciones.

El Club Dumas – Arturo Pérez-Reverte

 A fin de cuentas Dumas, hoy en día…

Frase de El Club Dumas que resume lo que en un tiempo, a mi parecer, ocurría con determinados autores incluidos dentro de una especie de colectivo de literatura de aventuras, de lectura “fácil”, con tramas donde primaba el ingenio y por ello, relegados a una especie de categoría cultural poco seria, como para adolescentes, en definitiva, literatura obsoleta de la que apenas se libraban Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo.

Tal vez sea éste el motivo por el que me gusta este libro que cada cierto tiempo releo. Reconozco que no es el mejor libro que he leído, que a veces las descripciones son repetitivas, y puestos a criticar (de forma constructiva), las pegas a expensas de los gustos de cada uno pueden ser innumerables. Pero tiene una gran virtud: trata de una historia que apetece leer, atractiva para todos aquellos que hemos crecido al calor de las páginas de Dumas, Sabatini, Verne (que en el libro no sale muy bien parado), Salgariy que hicimos de la capa y espada parte de nuestra adolescencia. Aún hoy, con mis treinta y tantos largos años que se acercan a la cuarentena, releo este tipo de aventuras que alimentan mi imaginación como antídoto a la depresión colectiva  a la que nos lleva este mundo de crisis de valores.

Es un libro que habla de libros, pero lo que me gusta, es que no habla sólo del estilismo y de la forma en la que están escritos. Más bien habla de los personajes, de lo que representan para el lector, sobre todo de esos mosqueteros que todos hemos querido ser en un momento dado, y de tantos otros protagonistas literarios: Holmes, Scaramouche, El capitán Blood, El corsario negro

Como aliño, la biografía de su autor, Alejandro Dumas, padre, cuya vida fue de por sí una aventura constante, que a ratos poseía una fortuna inmensa como la ruina total, mujeriego, buen comedor y mejor bebedor, financiador de revoluciones, escritor… explicándonos el sistema de creación de historias que tenía con su principal colaborador Auguste Maquet junto con cierta recreación histórica de la época.

Tiene su punto, incluso diría yo que es un acierto entremezclar historias de capa y espada con las policíacas, tramas imposibles con personajes fuertes y con personalidad, que lo mismo une a D’Artagnan con Sherlock Holmes, porque al fin y al cabo subyace la razón de casi todas las novelas: el bien contra el mal, el bueno contra el malo, la justicia contra la avaricia

Cuando llegó a mis manos la novela, hace ya algún tiempo, yo no tendría veinte años, y venía de una educación literaria donde leía dos tipos de libros:

  • los que me habían obligado a leer en el colegio, literatura con un estilismo cuidado y recargado que en muchas ocasiones apenas contaban algo interesante, pero que los críticos literarios afirmaban que se trataba de libros imprescindibles.
  • Otros libros que escogía yo, donde primaba la aventura, cuyos personajes vivían percances inverosímiles y difíciles de creer pero entretenidos.

Al segundo grupo formaba parte la literatura de Alejandro Dumas, con comentarios un tanto despectivos, como si fuese una lectura menor, de puro entretenimiento… Pero llegó el tipo este, el tal Arturo Pérez-Reverte, publicó el libro, tuvo un gran éxito, y entonces aparecieron como setas las críticas benévolas, todo el mundo había leído a Alejandro Dumas, a todos les gustaba, y los expertos de entonces comenzaron a decir que Alejandro Dumas era un clásico, que sus novelas de aventuras perdurarían en el tiempo y, como por arte de magia, incrédulo por mi parte, veía cómo los que antes criticaban esa literatura “menor”, ahora la encumbraban e incluso la hacían imprescindible…

Yo no soy crítico literario, tan solo dispongo de un blog donde hablo de los libros que leo, escribo mis impresiones por si a otros les pueden ayudar, como lector de infantería que diría Arturo Pérez-Reverte, pero no siento cátedra ni digo que esto está bien y aquello mal. Sí que me mojo, y escribo lo que me gusta y lo que no, sin tener que coincidir con otros. Y a mí Alejandro Dumas siempre me ha gustado, he pagado por ver las adaptaciones cinematográficas de sus libros (en general muy malas, nefastas e incluso insultantes), he leído más de quince de sus novelas y sobre todo, ha evitado que me aburra con párrafos innecesarios, descripciones tediosas y personajes sin sal.

Volviendo a El Club Dumas, refleja también un oficio casi perdido: el del librero. Ya quedan pocos y muchos hemos sucumbido, o más bien nos han fusilado, frente a centros comerciales y librerías de grandes superficies. Es lo que hay. Tal vez por ello existan tantos blogs sobre literatura…

Si eres aficionado a las novelas de aventuras, de capa y espada y/o policíacas, este es un libro que seguro que te interesará.

Merienda para la lectura: confit de pato regado con vino de Burdeos.

Por cierto, aprovecho para recordar, que en realidad las aventuras de nuestros entrañables mosqueteros están formadas por una trilogía: Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizcode de Bragelonne.

El cine según Hitchcock – François Truffaut

Desde Fnac Bilbao nos anuncian una nueva proyección Audiovisual para hoy 19/06/2013, Hitchcock, y claro con la excusa de la película, inmediatamente se me ha encendido una lucecita recordando un libro estupendo, escrito por François Truffaut: El cine según Hitchcock.

En general, o por lo menos en mi círculo más cercano, el buen lector suele ser también un buen cinéfilo, además de tener un buen criterio musical (salvo en mi caso, que carezco de todas estas cualidades). Será porque al fin y al cabo lo que nos gusta son las historias.

No es precisamente una novela, pero tampoco viene mal cambiar de registro de vez en cuando para mantener una mente saludable, y en este caso, el libro no deja de ser más que una entrevista transcrita que realizó François Truffaut al inigualable director de cine Alfred Hitchcock. Si no te suenan títulos de películas como Atrapa a un ladrón, Psicosis, La soga o Extraños en un tren, por poner unos ejemplos, te sugiero que te pongas las pilas y corras al videoclub más cercano porque eso no puede seguir así.

50 horas en varias sesiones desgranando la filmografía del director británico que nos enseña porqué una película es buena o no. De manera informal y a través de una conversación originada por sucesivas preguntas junto con sus respuestas, nos invita a conocer la peculiar personalidad de Alfred Hitchcock apoyándose en determinados ejemplos, estudiando sus películas, analizando los personajes, explicando aspectos concretos de escenas, su obsesión por las mujeres rubias, el salto al cine americano, anécdotas sobre los rodajes, trucos, inesperados efectos especiales… De todo.

Lo bueno de este libro, es que después te enfrentas a dichas películas desde otra perspectiva, es decir, entendiendo la razón de ser de cada fotograma. Es una manera más de aprender a ver cine y además entretenida, lejos de intrincados libros pseudofilosóficos que sólo aportan dolores de cabeza.

Yo no diría que El cine según Hitchcock sea una especie de biblia que tengamos que seguir a rajatabla para entender una película, pero sí nos puede servir para comprender qué lleva a un director de cine a crear una obra de una manera determinada. En el caso de Alfred Hitchcock el suspense es su carta de presentación, y nos explica cómo combinar los elementos audiovisuales para transmitir esta emoción. Como ejemplo os dejo una de las tantas frases que le ayudan a uno a reflexionar:

“Cuando se cuenta una historia en cine, sólo se debería recurrir al diálogo cuando no se pueda contar de otra forma”

Por cierto, el curriculum del entrevistador y autor del libro, François Truffaut, no se queda corto siendo uno de los protagonistas de la cinematografía francesa. Dos genios reunidos cada uno con su rol definido: François Truffaut en el papel de improvisado periodista proponiendo cuestiones en torno al cine con el objetivo de divulgar el talento de Alfred Hitchcock, el cual, accede a exteriorizar parte de su pensamiento, conversando sobre su biografía cinéfila, desde sus inicios en Inglaterra con el cine mudo hasta sus éxitos de taquilla en Hollywood.

De indispensable lectura si eres aficionado al cine.

Merienda para la lectura: lo siento pero no puedo ser original, bol hasta arriba de palomitas.

¿Te has leído El cine según Hitchcock? ¿Ha cambiado tu manera de ver las películas del maestro del suspense?

La marca del meridiano – Lorenzo Silva

Complicada esta reseña. Así que lo resumiré desde el principio y luego me enrollaré, que es lo que se me da bien.

¿Me ha gustado el libro? Sí.

¿Merece la pena la historia? Sí.

¿Lo recomendaría? Sí.

¿Es bueno el escritor? Sí, es muy bueno, me gusta y recomiendo sus libros. Es más, pienso seguirle con más detenimiento.

¿El libro merece un premio como el Planeta? No.

Y ahí es donde está el quid de la cuestión. Un premio literario, en mi opinión, tiene que exigir más. Si hubiese escogido el libro como mero entretenimiento, buscando una novela policíaca cañí para disfrutar de sus irónicos diálogos, reconozco que hubiese dado en el clavo. Porque la novela tiene ritmo, es entretenida, divertida, me gusta cómo su autor maneja los recursos propios del género, se lee fácilmente y la historia está repleta de comentarios sarcásticos, muy del temperamento con el que pretende retratar a sus personajes.

La marca del meridiano
Fuente: http://www.bevilacquaychamorro.com

Sin embargo, dado que ha ganado un premio literario, nada más ni nada menos que el Planeta, que como todos sabemos va acompañado de una pasta… merece ser juzgado acorde con la cuantía recibida.

Y entonces pasa lo que pasa con la mayoría de los premios Planeta: que no convence.

Mis aitas, en algún momento de enajenación mental, se hicieron con toda la colección y sé de lo que hablo, porque ya que tenía los libros pululando por el salón los iba leyendo, con más expectación que interés y progresivamente, con cada nueva lectura, iba aumentando mi decepción con respecto al premio y a quienes lo recibían.

En cuanto a la historia de La marca del meridiano, nos encontramos con un nuevo caso para esa pareja de guardia civiles que son Bevilacqua y Chamorro, que esta vez les toca investigar el asesinato de otro guardia civil retirado, antiguo compañero y mentor de Bevilacqua, que aparece colgado y salvajemente torturado en un puente. A partir de aquí, y siguiendo punto por punto la línea de investigación, nos encontramos con lo mejorcito de cada casa: corrupción policial, proxenetismo, narcotráfico…

La marca del meridiano es el séptimo libro de la serie Bevilacqua y Chamorro, de la que  Lorenzo Silva nos hace un resumen desde su web.

Debo reconocer que es el primer libro de la serie que leo, no así de Lorenzo Silva, que me parece un buen escritor que sabe combinar varios registros. Lo que no deja de tener mérito.

Por lo demás, recomiendo el libro aunque echo en falta alguna que otra descripción más pausada y simple, pues el libro está lleno de diálogos, muchos de ellos extensos, lo que ayuda a su lectura pero deja un tanto coja la narrativa que a veces se presenta un poco rebuscada. Muchos de estos diálogos están construidos con expresiones populares, que sirven para conferir cierta personalidad a los protagonistas y aportan un guiño de humor a veces un tanto grosero que si bien puede no gustar a todos, a mí me ha hecho sonreír. Pero claro, es que estamos ante novela policíaca española, con su idiosincrasia, es decir, en este país se dicen tacos y comentarios jocosos.

Me parece a mí que es más propia del género policiaco que del de novela negra, pero es un asunto discutible, pues a ratos lo englobo en un colectivo y en otras ocasiones en el otro. Aquí no hay CSI, ni FBI ni demás siglas, ni detectives alcohólicos, ni mucho menos paranoias psicológicas, sino dos “picoletos” que llevan el peso de la historia con sus intrincados fantasmas, miedos y anhelos de redención. En resumen: los buenos contra los malos, con ciertos ingredientes éticos porque los protagonistas han elegido ser como son por los previsibles motivos, algo oscuros, del pasado, negándose a rebasar esa marca imaginaria hacia el lado oscuro.

Aparecen también los de asuntos internos (SAI), que si bien aportan su granito de arena a la trama, disponen de menos glamour que sus homónimos de los best-sellers yankees que todos nos hemos tragado en alguna ocasión, lo que supongo que aporta cierta dosis de realidad. Por no hablar de las distintas policías autonómicas y su relación con  la Guardia Civil, la burocracia en los juzgados, la falta de recursos y ese “colegueo” entre las fuerzas de seguridad en su lucha contra las ovejas descarriadas. Siguiendo con la comparativa de la literatura policíaca que importamos, resulta curioso (por lo menos a mí que del tema militar y policial sé bien poco, y que siga así) leer los diferentes rangos con los que se tutean: a sus órdenes mi brigada, se presenta al alférez XXX… acostumbrado a que en Norteamérica hablen de detectives, agentes secretos y demás “titulitis”.

Ahora es cuando meto la pata, y alguno dirá que soy un mal pensado, pero es que se me hace difícil imaginarme a un guardia civil pagándose un billete de avión de su bolsillo o comprándose un Mac o un Ipod de su nómina en bien de la seguridad nacional… es que una cosa es tener imaginación, y creerte una historia ficticia, y otra atentar contra la credibilidad.

Algo que me ha gustado y que hace a esta serie especial, es el papel relevante de la mujer en las diferentes policías, mostrando cómo poco a poco van obteniendo puestos de mando y responsabilidad en las diferentes policías y órganos legislativos, ya que aparece una competente jueza, el mando intermedio de los Mossos es otra mujer, la responsable de la Guardia Civil en Barcelona también es otra fémina y por fin tenemos a la propia Chamorro, que en cierto modo hace el papel de la conciencia de Bevilacqua (o no).

Otro toque de modernismo es que uno espera que un guardia civil como Bevilacqua escuche música del estilo de Tomatito, los Chunguitos y parecido, sin embargo nos sorprende con un buen gusto por rock del bueno con Johnny Cash, Freddie Mercury o Leonard Cohen, haciendo un inesperado quiebro al buen gusto musical con Franco Battiato.

Reconozco que en su conjunto me ha dejado un buen regusto y me apunto leer más libros de la serie, si bien esperaba más de un premio Planeta.

Merienda para la lectura: ya que la mayor parte de la historia discurre en Cataluña, una buena rebanada de pan tumaca.

¿Qué te parece la serie protagonizada por Bevilacqua y Chamorro? ¿Te atrae?

El desdeñado mundo de la autopublicación

A raíz del post Autopublicación y librerías escrito por Daniel Jerez en su ardua lucha por hacer llegar su libro El arcabucero Nº 61 a las “masas”, con esa última reflexión que ciertos libreros le han transmitido y se podría resumir en que no exponen el libro en sus establecimientos simple y llanamente porque se trata de un libro autopublicado, ergo no es un best-seller, ergo es de mala calidad (según ellos) y encima quita espacio en las asépticas librerías que en vez de libros lo mismo podrían vender dodotis, me ha dado por pensar en lo difícil que lo tienen los escritores noveles, máxime si su única posibilidad es la de la autopublicación. Os recomiendo que leáis su post lleno de ironía.

arcabucero_61

No hace falta ser ingeniero para saber que hoy en día es muy difícil que un libro, de un autor desconocido, pueda llegar a ser expuesto en una librería fuera de la distribución “tradicional”, copada por empresas en una especie de oligopolio que llega al extremo de pagar a los libreros por las mejores estanterías de sus establecimientos. Independientemente de si la historia es buena o no y de su calidad literaria. Ya puede ser el mejor libro del mundo, que si estás fuera de estos canales “tradicionales”, lo tienes crudo.

Si como dijo Kafka, lo natural es escribir, no publicar, pero al final le echas valor a la vida y te autopublicas con el esfuerzo que implica (y no me refiero sólo al dinero), qué menos que dedicar cinco minutos a su autor. De acuerdo que a muchos escritores noveles les faltan muchas páginas por escribir para superar la línea del sonrojo ajeno, pero nadie me podrá negar que la base de la ciencia matemática dicta que para llegar a publicar 5, 17 o 25 libros, inevitablemente ha tenido que pasar por el número 1. Imagino que pocos autores consagrados elaboraron una obra maestra con sus primeras cuatrocientas páginas.

Al hilo de todo esto y puestos a comparar, yo haría otra reflexión, ¿es que los best-sellers son todos buenos y de calidad? Por mi experiencia diré que no. Me he leído bodrios que abochornarían a cualquiera, con un millón de ventas entre tomo y lomo. Un best-seller no asegura calidad literaria, tan sólo que la consultora de marketing subcontratada ha hecho correctamente su trabajo.

 Si como en el caso de Daniel Jerez, has escogido la opción de autopublicar invirtiendo tu tiempo y tu dinero en la corrección, maquetación y el resto de tareas (mira que es complicado comercializar un libro), entonces en lo que a calidad de producto se refiere deberías estar en igualdad de condiciones que una editorial grande, a falta del eficiente entramado de distribución. Otra cosa es la calidad literaria, pero por eso hay buenos y malos escritores, dejando este criterio a los lectores.

Sin embargo, nuestros amables libreros son reticentes a publicar libros autopublicados. Eso es un hecho. Y supongo que en muchos casos justificado. Ahora bien, y siempre según mi opinión, si estuviésemos tratando con libreros de verdad (estoy generalizando), de los de antes, profesionales que aman su profesión y que invierten cinco minutos (no se les pide más) en ojear la historia que se les ofrece para evaluar si merece ser vendido o no en su negocio, tal vez, quizás, quién sabe, en el mundo de la imaginación y la piruleta, gente como Daniel Jerez verían expuestos sus libros en los escaparates de las librerías de nuestras ciudades, flanqueando en igualdad de condiciones otros títulos de dudoso gusto.

Y es que ahora hay demasiada librería nueva que copia el formato de exposición de los grandes almacenes matando la magia de legendarias librerías.

Si el librero examina el producto y cree que merece la pena el libro, lo ofrece a sus clientes, que no, pues nada, al autor/corrector/editor/distribuidor se le muestra la puerta de salida y quién sabe, con un poco de suerte, en un futuro con otra historia puedan llegar a un acuerdo, sin acritud, pues el autor también tiene que estar dispuesto a aguantar la implícita crítica con dignidad. Pero por lo menos, querido librero, ojéalo, y decide en función de tu criterio literario.

He leído los tres primeros capítulos que nos ofrece gratuitamente en su web Daniel Jerez de El arcabucero Nº 61, para que nos entre el gusanillo por la historia, y qué queréis que os diga, me parece que cumple, que está aceptablemente bien escrito, con ritmo, una interesante propuesta de intriga y que puede ser una opción de compra tan buena como cualquier otro best-seller que nos intentan vender con grandes campañas de marketing. No me parece una osadía leer el libro en cuestión.

Pero ojo, que la autopublicación también tiene ventajas para los libreros. Dado que ahora hay un gran problema con todo lo relacionado con la piratería y cada vez se vende menos, puede ser una buena solución apostar por ciertos escritores noveles que de momento, no resultan interesantes ni tan siquiera para estas redes de piratería. Por no hablar del servicio del librero bueno y profesional, recomendando a sus clientes libros desconocidos, brindando al cliente ese valor añadido, sabedor éste de que está leyendo hasta cierto punto algo exclusivo, una lectura que fruto de su profesionalidad ha llegado a unos “elegidos”.

Además, desde el punto de vista financiero es un “chollo”: un tipo como Daniel Jerez le lleva in situ su obra, ahorrando al librero cualquier gasto de transporte, cede un par de ejemplares, si no se venden, los recoge, gasto cero para el librero. Si hay suerte y los vende, ciento por ciento de beneficios.

No sé, tal vez en tiempos de crisis tengamos que arriesgar… un poquito.

Por si acaso, y para que algún librero no se me enfade, con esto no estoy queriendo decir que cualquiera que se autopublique tiene el derecho de ser comercializado. Hay unos mínimos y lo dicho anteriormente, siempre a criterio del librero. Pero en este caso, Daniel Jerez, se ha preocupado de cumplir esos mínimos, y a 3 capítulos de lectura introductoria, estimo, en mi humilde y a su vez criticable opinión, que se ha ganado el derecho de compartir estantería con cualquier otro best-seller, que dicho sea de paso, muchos de ellos a pesar de contar con una industria a sus espaldas, publican con faltas de ortografía y errores tipográficos.

Conclusión: nos debería dar igual que el autor fuese conocido o no, limitándonos a juzgar únicamente la historia en sí.

Curiosos los últimos estudios estadísticos que dicen que cada vez se lee menos pero se publica más. Nos tendremos que replantear esto de alguna manera, desde los editores y escritores, pasando por los libreros y acabando por los lectores (de las reformas educativas ni hablamos porque todo lo que venga desde el estamento político lo doy por perdido, es lo que tiene la resignación).

Para finalizar y limar suspicacias, recalcar que yo a Daniel Jerez no tengo el gusto de conocerlo, no somos amigos y me limito a seguirle por Twitter. Nada más.

Para que no me creáis un hipócrita, sumo El arcabucero Nº 61 a mi ya super lista de próximas lecturas, con su futura reseña en meriendalibros.

Merienda para la autopublicación: tarta bien dulce de chocolate, pues la autopublicación ya es bastante amarga.

Daniel, ¡¡Mucho ánimo con tu aventura como escritor!! Que no decaiga… Desde meriendalibros te deseo la mejor de las suertes.

¿Te animas a leer El arcabucero Nº 61 ahora que llega el veranito?

Mientras nieva sobre los cedros – David Guterson

De vez en cuando uno da con libros que en un principio no le llaman la atención, con las expectativas por los suelos, pero que por algún inexplicable motivo comienza a leer, pescando una lectura amena y agradable en el tormentoso océano de la distribución literaria. Este es el caso de Mientras nieva sobre los cedros.

Mientras nieva sobre los cedros
Fuente: Wikipedia

Recordaba la película basada en el libro protagonizada por Ethan Hawke que aunque me gustó, tampoco me pareció una historia excesivamente atractiva, por lo menos para la pantalla, lo que no ayudaba para animarme a leer la novela, a pesar de que en general los libros son muchos mejores que sus adaptaciones cinematográficas. Y éste cumple dicha premisa. Sin juzgar la película como mala, me quedo con el libro.

Escrito por David Guterson, su argumento se centra en una pequeña isla del Pacífico donde un pescador es encontrado muerto atrapado entre las redes de su barco. Al instante dictaminan que se trata de un asesinato y todas las pruebas apuntan a un sospechoso de origen japonés con el que tenía una disputa vecinal. Con fuerte presencia de inmigrantes japoneses en la isla y las heridas sin cicatrizar de Pearl Harbor, la desconfianza entre las comunidades es palpable. El peso de la narración recae sobre el director del periódico local y protagonista, Ishmael Chambers,  que desde su perspectiva, nos va contando los pormenores de la investigación. Para enredar un poco más, descubrimos que fue un antiguo amor adolescente de la esposa del acusado, y herido todavía por haber sido rechazado, a nuestro protagonista le surgen diferentes dudas y sentimientos encontrados a lo largo de la investigación.  A la vez que  van saliendo a la luz los diferentes sucesos, también nos va mostrando los rencores ocultos que suelen caracterizar a una comunidad tan pequeña limitada por el mar. Y hasta aquí puedo escribir.

Visto así, parece una novela policiaca con todos sus ingredientes: la opresión propia de la isla, la aparición del macabro cadáver en la neblina del mar que convulsiona la tranquilidad del pequeño pueblo, el odio racial como probable motivo del crimen, el atormentado amor no correspondido… Sin embargo no lo es, puesto que el asesinato no deja de ser una excusa para describir las animadversiones producidas por la guerra y el racismo que la gente de la isla tiene sobre su comunidad japonesa.

Va desgranando las relaciones entre los habitantes de una pequeña isla, donde los recuerdos son difíciles de olvidar, con el oficio de pescador de fondo y a través de la mirada del director de un mediocre periódico local, que no ha podido olvidar su amor de juventud que va rememorando según discurre la historia.

El libro fue premiado en 1995 con el PEN/Faulkner al autor estadounidense con la mejor obra de ficción del año.

Escrito con un lenguaje sencillo y efectivo, en ocasiones puede resultar algo lento debido a su estilo descriptivo. Si bien uno puede intuir cuál será el final de la historia, en el transcurso de la aparición de pruebas, acusaciones y viejos resentimientos, se nos muestra las dudas morales del protagonista que despechado, se plantea la conveniencia o no de hacer pública la verdad, aportando suspense hasta el último momento.

Es original en su planteamiento de los odios racistas entre dos comunidades dispares y en un contexto nada habitual. Si buscas una historia que se salga de lo normal, ésta puede ser una buena opción. Atentos también con los nombres japoneses, aunque su número no es excesivo y son cortos, si uno no está acostumbrado te puedes perder en el transcurso de la lectura (o por lo menos me ha pasado a mí).

Merienda para la lectura: bocadillo de sardinas de lata.

¿Has tenido ocasión de leer Mientras nieva sobre los cedros? ¿Te ha gustado tanto como a mí?

Reseña La buena novela – Laurence Cossé

Pues en su día comenté que estaba leyendo La buena novela, de Laurence Cossé, asustado a la vez que agradecido por la cantidad de escritores que estaba descubriendo. Ya lo he terminado y a falta de vítores y salvas de artillería diré lo siguiente: merece, y mucho, la pena.

La Buena Novela

Un imprescindible motivo os tiene que llevar a leer esta novela: haceros con una lista de escritores y libros magnífica, que os ayude a la hora de escoger vuestro próximo libro. Sobre todo franceses, pero es normal puesto que la autora, como habréis deducido por su nombre mis queridos Watsons, es francesa y resulta lógico pensar que sobre todo dominará la literatura de su país.

Además, analiza el mundo editorial y el de la crítica, no saliendo muy bien parados ninguno de los dos. Por un lado manifiesta que muchas editoriales centran sus ventas en best sellers de dudoso gusto, que acompañados de buenas campañas de marketing, consiguen vender muchos ejemplares y hacer dinero, pero… se trata de libros que no perdurarán en el tiempo. Por otro lado en cuanto a los críticos, denuncia que también forman parte del entramado industrial del libro puesto que muchos de ellos además de periodistas son o aspiran a ser escritores, por lo que no disponen de esa independencia total que se les presupone. Y es que no vas a hablar mal de la editorial que te da de comer…

Mi solución: leer las reseñas de meriendalibros, aprovechad ahora que todavía permanezco puro y no he vendido mi prosa a nadie.

La buena novela no es perfecta (ya lo dice el título, “solo” es buena) y en mi opinión la trama pseudopoliciaca no es de gran nivel, pero seré magnánimo por una vez y tendré que reconocer que el argumento no es más que una mera excusa para la exposición de un ingente listado de novelas y escritores. Que de eso se trata. Creo que en el fondo su objetivo no es otro que el de la divulgación, proponiéndonos infinidad de libros de los que disfrutar. Y a mí esto último me ha seducido.

Sin embargo, me veo en la obligación de sacar tarjeta amarilla a la señora Laurence Cossé. Después de mencionar varias veces a Stendhal, Cormac McCarthy, Sabatini, Zola, Michon, Echenoz, Auster… (y muchos otros, creédme que la lista es descomunal) apenas menciona a Alejandro Dumas, y lo siento, pero eso no se lo perdono. Si mi contabilidad de literatos que aparece en La buena novela no me engaña, sólo es mencionado en dos ocasiones, una de ellas de refilón, y hace alusión a la calle Alexandre Dumas de París (claro, como esta ciudad casi no tiene calles…), pero para mí no es suficiente. Después de idolatrar a otros en sucesivas ocasiones, me deja un regusto amargo el pensar que le ha asignado el papel de secundario. Cuestión de opiniones diría aquél, o tal vez es que estoy siendo demasiado riguroso. Y es que las comparaciones son odiosas. Menos mal que aquí estoy yo para remediar esta injusticia (¡¡cómo no!!) y prometo un post sobre El club Dumas escrito por Arturo Pérez-Reverte (que por cierto sale mencionado en La buena novela) para remediar tamaña injusticia.

La buena novela nos expone una aventura en torno a una librería que sólo vende obras maestras y sólo novelas, no hay espacio para ensayos y demás géneros. Con esta excusa Laurence Cossé reivindica la buena literatura frente al mal gusto perpetrado por determinados creadores de best sellers.

El catálogo ofertado por La buena novela, que así es como se llama la librería, es confeccionado por ocho clandestinos escritores, pues sus nombres permanecen en el anonimato y ni tan siquiera entre ellos se conocen para evitar devaluar la lista de libros que ofertan.  Tanta calidad junta acaba por molestar a otros escritores y editores que no han sido escogidos en el selecto catálogo, perpetrando una especie de atentados criminales, de manera un tanto ilusa. Puestos a imaginar crímenes, se me ocurren posibilidades más eficientes y excitantes.

A veces uno se lía con tanto nombre, entre los escritores reales, las novelas reales, los protagonistas, los escritores ficticios, sus pseudónimos, las novelas ficticias… y mi ignorancia, a veces no se sabe quién es quién.

Además, los diálogos no me acaban de encajar, todo el rato hablándose de usted, incluso cuando los protagonistas empiezan una relación afectiva… no lo acabo de coger, y excesivas disertaciones sobre un mismo tema, que a veces se repiten a lo largo de la novela.

Hay una historia de amor y otro amor no correspondido, que en ocasiones encajan con calzador. De más a menos.

Positivo es que invita a la reflexión: ¿Qué leemos? ¿Cómo leemos? ¿Somos lo suficiente exigentes con nuestras lecturas? ¿Nos dejamos llevar por las novedades y el marketing? ¿Seguimos algún criterio a la hora de escoger un libro?

Y por supuesto, una vez leído La buena novela, a uno le entran unas ganas locas de montarse su propia librería, a pie de calle, fuera de los centros comerciales, y formar parte de ese ideal en lo que lo único que importa es la calidad literaria. Claro que esto forma parte de la ficción, puesto que lamentablemente, ninguna librería sobreviviría vendiendo sólo buenas novelas, sin su sección de novedades, best sellers y resto de temáticas… El pequeño y honesto librero hoy en día sobrevive gracias al consumo rápido de literatura, independientemente de su calidad, apenas logran llegar a fin de mes y cada vez quedan menos librerías tradicionales. Sería injusto que les exigiésemos un filtro de calidad a sus ya exiguas ventas.

En resumen, si bien la trama me ha parecido sosa, La buena novela me ha gustado y os la recomiendo porque transmite un gran amor y respeto por la literatura. ¿Para qué más?

Como sabéis que soy un friki, me he creado una lista con todos los autores que aparecen en la novela… sólo os pido un poco de paciencia para que me de tiempo para pasarlo al blog y en cuanto pueda os lo publicaré. Espero que os sirva.

Merienda para la lectura: crêpes de chocolate con helado de mandarina, receta muy francesa…

¿Todavía no has leído La buena novela? Pues lo siento por ti… ¡¡no sabes lo que te estás perdiendo!!

Diálogos con la literatura – Toti Martínez de Lezea y Dolores Redondo

Pues como os comenté, tenía pensado ir a la charla de Toti Martínez de Lezea y de Dolores Redondo sobre la mitología en la literatura vasca, en la biblioteca de Bidebarrieta. Todo un acierto. No veáis lo que disfrutamos mi mujer y yo.

Por cierto, genial también la labor de la moderadora Idoia Jauregui, que colaboró siguiendo el tono distendido con el que se desarrolló la conferencia. Y es que el del martes fue un ejemplo de que la literatura no tiene porqué ser aburrida, huyendo del estereotipo de escritor empalagoso que se hace el interesante. Las escritoras resultaron muy cercanas y agradables.

Comenzaron hablando de la mitología vasca y de cómo estaba presente en sus libros. Aquí tomó la palabra Toti Martínez de Lezea,  citando múltiples ejemplos y denunciando las injusticias que se cometieron al amparo de falsas acusaciones de brujería, haciendo hincapié en que dichas imputaciones provenían de los propios vecinos, rencorosos por disputas familiares, dolidos por amores no correspondidos o envidiosos de la prosperidad del rival.

Enseguida aportó Dolores Redondo su visión sobre el valle del Baztán y lo importantes que han sido en la zona las historias mitológicas contadas al calor del fuego en las noches cerradas y completamente negras.

Nos recordaron que estas historias se contaban durante los duros inviernos y en las interminables madrugadas llenas de oscuridad, en un tiempo donde no existía la electricidad ni la televisión y lo único que quedaba era contar excitantes leyendas que pasaban de generación en generación. Situaciones que no son tan lejanas en el tiempo y que hace sólo cien añitos de nada se daban en nuestros pueblos.

basajaun
Fuente: amaroa.com

Basajaun (señor del bosque), Lamiak (ser cuya parte superior suele ser una mujer y la inferior tiene forma de pies de pato) y otros seres de la mitología vasca acompañan los escritos de ambas, los de Toti Martínez de Lezea  desde la licencia que da la novela histórica, mientras que a Dolores Redondo, arriesgando en su primera novela negra, le sirve como excusa para imaginar contemporáneos asesinatos en nuestro apreciado Elizondo.

Me gustó especialmente el cambio de nombre que propone Toti Martínez de Lezea a Mari, nuestra Diosa de la naturaleza, para euskaldunizarlo como Amari, homenajeando nuestras ancestrales costumbres paganas.

Para saber más sobre la mitología vasca, os animo a que visitéis la web amaroa donde han elaborado un resumen sobre el tema muy interesante.

Después vinieron las anécdotas y próximos proyectos. Dolores Redondo nos contó lo ilusionada que está a punto de finiquitar la segunda parte de la trilogía que ha inaugurado con El guardián invisible (que no me va a quedar más remedio que comprarlo, pues promete una historia apasionante, es lo que tiene acudir a estas conferencias), mientras que Toti Martínez de Lezea nos divirtió narrando los pormenores del libro que está escribiendo, asegurando escenas tórridas de amor en el mismísimo Zeberio.

Defendieron lo que peyorativamente algunos definen como “localismo”, y es que… ¿Por  qué tener que escribir historias ambientadas en Nueva York, en Veracruz o en sitios tan lejanos y poco accesibles cuando nuestra vida cotidiana pasa por Durango, Vitoria o Cintruénigo? ¿Qué se nos ha perdido en esos lugares?

Y por supuesto hablaron del oficio del escritor, de las coreografías que recrea Dolores Redondo a la hora de inventarse asesinatos, o del poder de la imaginación de Toti Martínez de Lezea a la hora de ubicar sus personajes, cómo darles vida jugando con las connotaciones históricas, sus fantasiosos recursos que acaban convirtiéndose en interesantes novelas.

Hubo tiempo para insinuar que la buena novela está configurada de prosa de calidad, donde el diálogo es un recurso más del compendio de técnicas, no el único, como parece que nos intentan vender con tanto best seller yankee.

En definitiva, un lujo de conferencia que forma parte de los eventos “Diálogos con la literatura” y que agradezco a los organizadores, iniciativa del área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Bilbao.

Y dime, si tal vez estuviste en la conferencia ¿qué te pareció? ¿Lo disfrutaste tanto como yo? ¿Qué opinas de la propuesta literaria de Dolores Redondo y de Toti Martínez de Lezea?

El Testamento Maya – Steve Alten

Pues mira que hay libros malos. Que levante la mano quien no se haya tragado algún esperpento literario.

Supongo que para eso están los blogs de lectura, para que los lectores opinemos ajenos a la maquinaria de la industria literaria, libremente, sin ataduras de ningún tipo y recomendemos únicamente los libros que nos parezcan buenos.

En cambio, si en nuestro trasiego lector nos topamos con historietas de dudoso gusto, tenemos la obligación de advertir al personal, siempre con educación pero con firmeza, para evitar que otros pierdan el tiempo como lo hemos perdido nosotros, y dediquen sus energías a lecturas que realmente merezcan la pena. Y es que reconozcámoslo, la escritura es un arte complicado.

Comento esto, porque he leído a algún crítico literario, de los que cobran una pasta, afirmar que El Testamento Maya está lleno de suspense, tratándose de un thriller bien documentado. ¡¡Venga ya!! (Por no utilizar otro tipo de expresiones) Pero quién se va a creer esto… Sinceramente, flaco favor ha hecho este libro a la novela de aventuras, ciencia ficción, thriller o al género que pertenezca.

El Testamento Maya

 Y eso que no quito mérito al trabajo que lleva escribir 586 páginas, pero un poquito de autocrítica tampoco viene mal.

El problema es que la literatura también forma parte de la rueda mercantil, lo que genera efectos colaterales en forma de publicaciones sin sentido. Porque no nos engañemos, hoy en día se planifican libros destinados a ser superventas, independientemente del disfrute en sí. De lo que se trata es de tener un producto, aunque sea una porquería, que acompañado de una buena campaña de marketing, recaude un pastizal. Hay especialistas en crear best-sellers, reputados segmentadores de mercado que encuentran nichos de mercado donde uno no imagina.

Eso o tu cuñado es el editor, y de rebote consigues publicar quinientas inservibles páginas, colaborando con la desforestación del Amazonas.

No tengo muy claro en cuál de las dos opciones podríamos englobar El Testamento Maya de Steve Alten, de lo que sí que estoy seguro, es que mi regalo del amigo invisible de este año ha sido…. Digamos que para olvidar. No se acierta siempre.

Sin embargo, parece que tiene su público y hay opiniones que pululan por la red que aseguran lo contrario, que recomiendan el libro, cuyo argumento en mi opinión, es de alucinar: un antropólogo recluido en un psiquiátrico por sus locas teorías agoreras, que convence a su médico, por supuesto una bella psiquiatra de origen latino (de esta manera ya tenemos al macho alfa y la previsible tensión sexual, como si no hubiésemos leído esto nunca…), de que se acerca el fin del mundo, y sólo está en sus manos la salvación del planeta. Ahí es donde aparecen las pirámides de Chichen Itza, Machu Pichu, Teotihuacan… como eje de un misterio a resolver y cuatro líneas sobre estas civilizaciones, queriendo aparentar que ha invertido mucho tiempo en documentarse, cuando en el fondo, dudo que sea así (apreciación exclusivamente mía y no dudo que discutible), limitándose a copiar datos de alguna enciclopedia barata.

Hasta aquí, digamos que te lo crees, porque llevas 200 páginas, con un par, y ya no es cuestión de cerrar el libro puesto que hace tiempo que has superado el punto de no retorno, y sigo leyendo poco convencido, con esa sensación que a veces me invade de estar cometiendo un terrible error. Entonces llegan los alienígenas (no es coña), y claro, estoy tan tranquilo en el sofá, estupefacto, y releo una decena de veces el último párrafo, sin dar crédito a lo que leen mis ojitos azules. El caso es que aparecen seres de otro planeta, sin otra cosa que hacer que acabar con la raza humana precisamente en la fecha indicada en el calendario Maya, pero vosotros tranquilos, que no cunda el pánico, que menos mal que tenemos a estos dos protagonistas que velan por nuestra seguridad y ellos, y sólo ellos, tienen la clave de la salvación del planeta… Y ahí sí, cierro el libro y hecho espumarajos por la boca. Hombre, no me fastidies… Demasiado. Desconozco en qué consiste el resto del libro y espero que a nadie se le ocurra hacer la película

Lo que me alucina, no es que haya gente a la que le guste el libro, porque estamos muchos en el mundo y tiene que haber de todo, lo que me llama la atención es que el fulano promete una trilogía, y El Testamento Maya es el primero. Trágate eso, taza y media de alienígenas junto a las pirámides Mayas. No tiene desperdicio.

Steve Alten
Fuente: Steve Alten

Claro, intrigado, uno busca el nombre del autor en internet, abre la wikipedia y se encuentra no sólo con que es un autor de best-sellers (¿cómo es que este tipo vende millones de ejemplares y en cambio yo no logro convencer ni a los amigos para que me compren un libro? ¿Qué estoy haciendo mal?) , sino que encima, asegura que hay muchos jóvenes que se han aficionado a la lectura después de haber leído sus libros (me ahorro comentarios), hasta el punto que ha creado una organización sin ánimo de lucro diseñada a animar a los estudiantes a leer.

Muy loable la iniciativa, no digo que no. Pero quiero pensar, por dar alguna explicación a tanto despropósito, que la parte esa de que gracias a sus libros ha inculcado la afición por la lectura, se debe a un tema generacional, y ya que hace veinte años que he abandonado la adolescencia, el problema es mío y no acabo de ver las virtudes de este libro. Hay quien asegura que cada libro tiene su momento, y sencillamente, mi momento no es el de El Testamento Maya.

Igual me he pasado con las opiniones, y supongo que habrá hordas de personas que no las compartirán, pero es que reconozco que no estoy preparado para un producto tan simplón. De hecho, ya  la portada me echaba para atrás, se veía que formaba parte de esas novedades editoriales que más pronto que tarde caerán en el olvido, pero como era un regalo, caes en la tentación de empezarlo. Craso error.

Opino que tiene que haber todo tipo de literatura, pero también tenemos que exigir un mínimo, y lo siento mucho, pero El Testamento Maya no llega.

En fin… sólo puedo finalizar el post con una pregunta que dejo en el aire… ¿nos hemos vuelto locos o qué?

Merienda para la lectura: si eres mayor de edad, por lo menos dos gin tonics hasta arriba de ginebra, no queda otra. En caso contrario, surtido de gominolas, de esas que al masticar se te pegan a los dientes.

Espero tus comentarios al respecto, sobre todo si te ha gustado el libro, que de todo se aprende y para eso he creado meriendalibros.