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¿Digital o papel?

Contesto con preguntas parecidas: ¿Monte o playa? ¿Rubias o morenas? ¿Sol o lluvia?

Pues supongo que todo tiene su momento, y a veces es preferible una opción a otra (aunque en el caso de las rubias o morenas… lo que sea, ni que pudiésemos elegir…). Unas veces te apetecerá el libro electrónico, y otras el papel. No me decanto por una alternativa a diferencia de muchas de las opiniones que he leído en internet.

En un principio yo era reacio al libro electrónico, hasta que un regalo de cumpleaños me hizo cambiar de opinión y ver sus ventajas.

A cuenta del post sobre la creación de arrobabooks, el cuerpo me pedía escribir otro artículo comparando el formato digital y el del papel, más que nada porque no entiendo el por qué estamos obligados a elegir. Parece que a este respecto cada uno tiene sus intereses.

Creo que hay un momento para todo. Por ejemplo un lector de ebooks es muy buena alternativa para llevarlo de viaje o en el día a día, en el metro o en el autobús de camino al trabajo, porque pesa poco y es fácil de transportar en un bolso o en una pequeña mochila. En cambio, desplazarte a la oficina con un tocho de ochocientas páginas no resulta nada práctico, salvo que te quieras ahorrar la matrícula del gimnasio, en cuyo caso recomiendo Cuentos Esenciales de Guy de Maupassant con sus 1.272 páginas para hacer bíceps.

No nos podemos olvidar de la piratería de libros, intrínsecamente unido al ebook, que para algunos será una cuestión positiva y para otros no, según se mire, en función de en qué lado de la industria esté uno ubicado. Es más fácil piratear un ebook que fotocopiar un libro, dentro de que ambas opciones son ilegales (cuestión moral que algunos pretenden obviar). Casi todo el mundo que se compra un lector de libros digitales (que cuestan un dinero), justifica su compra aduciendo que el primo del amigo de fulanito, le ha dejado un DVD con la biblioteca de Alejandría, fíjate el ahorro en literatura que supone para la economía familiar. Aquí el problema radica en nuestra actitud hacia el escritor profesional/amateur que intenta hacerse un hueco en el mercado editorial, ese trabajador en la sombra al que le pirateamos los libros, que en la mayoría de los casos compagina el oficio de la escritura con alguna otra actividad económica para llegar a fin de mes; es lo que tiene el vicio de querer comer todos los días. Si no me equivoco, un escritor gana un 10 % sobre el PVP del libro, es decir, como mucho 2 € por libro… Haced cuentas de los libros que tiene que vender el autor para vivir de la escritura, y después, restar impuestos, autónomos… Esta es la parte que en muchas ocasiones no vemos, obnubilados por los escritores de best-sellers. Y esto en el mejor de los casos, no digamos ya si eres uno de esos locos que se autopublica, en cuyo caso, la posibilidad de obtener beneficios es remota.

Porque a veces nuestra postura es un tanto egoísta, pretendemos que otros escriban historias de calidad, que nos entretengan, pero que a nosotros no nos cueste dinero, pagar por leer… ¡¡qué absurdez!! Si únicamente es por una cuestión económica, os recuerdo que existen bibliotecas municipales, que por lo menos en Bilbao, funcionan de maravilla, y que remuneran los correspondientes derechos de autor.

Comprar un ebook suele resultar más barato que comprar el mismo libro en papel, a pesar de que algunas editoriales ponen unos precios abusivos a los libros de este formato. Por el contrario, necesitamos el lector de ebooks, el dispositivo que nos permite leer el libro electrónico, y aunque estos aparatos cada vez son más baratos (cuentan por ahí que Amazon quiere realizar una fuerte campaña para abaratar los lectores dentro de su estrategia de venta), tenemos que tener en cuenta este gasto inicial.

Dicen que los ebooks no ocupan espacio, pero quiero pensar que no soy el único al que le gusta ver estanterías repletas de libros. En mi casa tenemos un conflicto en cuanto a decoración se refiere, puesto que mi apuesta es montar una librería que recorra toda la pared del salón, de abajo a arriba, forrando la pared de libros, con un par de espacios libres para la televisión y el equipo de música.  Pero ojo, no para adornar, sino para leer y disfrutar. Sin embargo mi mujer se ha empeñado en poner un mueble moderno y decorarlo con fotografías, figuritas, recuerdos de nuestros viajes y demás cachivaches. En mi opinión, todo un sacrilegio, pero ya sabéis, donde manda capitán…

Y por último está el placer de leer por leer. Aquí sí que me decanto, y aunque a veces, dado nuestro modo de vida puede resultar más práctico el ebook, en cuanto al disfrute de la lectura en sí, sin ninguna duda mi opción es el libro tradicional, el de papel que con el paso de tiempo amarillea dejando constancia de que forma parte de tu vida. Porque no es lo mismo viajar en un mercedes que en mi utilitario cutre, ni tomarte un cafecito en la tasca del polígono un lunes a las ocho de la mañana, con toda la semana por delante, acompañado del incesante ruido de los transportistas y demás gremios, que el mismo café un domingo al mediodía en una terraza mirando al mar, con total libertad y sosiego, acompañado de tus seres queridos. Te tomas ambos cafés, pero sólo uno disfrutas.

De la misma manera, te puedes leer el mismo libro en ambos formatos, pero yo prefiero el método tradicional, en papel, pasando las hojas, sintiendo la rugosidad de la letra impresa, el olor a papel viejuno.

Así que supongo que lo suyo será que coexistan, como buenos hermanos, cada uno con sus peculiaridades, siguiendo la filosofía del carpe diem, vive y deja vivir, tomando lo mejor de los avances de nuestra sociedad, sin olvidar las ventajas de los métodos tradicionales. Porque no entiendo que seamos seres de límites, o lo uno o lo otro. ¿Por qué no ambos?

Merienda para la lectura, independientemente del soporte: pastel casero de zanahorias, que dicen que es bueno para la vista.

Ahora te toca a ti, mójate y dime qué soporte de lectura prefieres ¿papel o digital?

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El desdeñado mundo de la autopublicación

A raíz del post Autopublicación y librerías escrito por Daniel Jerez en su ardua lucha por hacer llegar su libro El arcabucero Nº 61 a las “masas”, con esa última reflexión que ciertos libreros le han transmitido y se podría resumir en que no exponen el libro en sus establecimientos simple y llanamente porque se trata de un libro autopublicado, ergo no es un best-seller, ergo es de mala calidad (según ellos) y encima quita espacio en las asépticas librerías que en vez de libros lo mismo podrían vender dodotis, me ha dado por pensar en lo difícil que lo tienen los escritores noveles, máxime si su única posibilidad es la de la autopublicación. Os recomiendo que leáis su post lleno de ironía.

arcabucero_61

No hace falta ser ingeniero para saber que hoy en día es muy difícil que un libro, de un autor desconocido, pueda llegar a ser expuesto en una librería fuera de la distribución “tradicional”, copada por empresas en una especie de oligopolio que llega al extremo de pagar a los libreros por las mejores estanterías de sus establecimientos. Independientemente de si la historia es buena o no y de su calidad literaria. Ya puede ser el mejor libro del mundo, que si estás fuera de estos canales “tradicionales”, lo tienes crudo.

Si como dijo Kafka, lo natural es escribir, no publicar, pero al final le echas valor a la vida y te autopublicas con el esfuerzo que implica (y no me refiero sólo al dinero), qué menos que dedicar cinco minutos a su autor. De acuerdo que a muchos escritores noveles les faltan muchas páginas por escribir para superar la línea del sonrojo ajeno, pero nadie me podrá negar que la base de la ciencia matemática dicta que para llegar a publicar 5, 17 o 25 libros, inevitablemente ha tenido que pasar por el número 1. Imagino que pocos autores consagrados elaboraron una obra maestra con sus primeras cuatrocientas páginas.

Al hilo de todo esto y puestos a comparar, yo haría otra reflexión, ¿es que los best-sellers son todos buenos y de calidad? Por mi experiencia diré que no. Me he leído bodrios que abochornarían a cualquiera, con un millón de ventas entre tomo y lomo. Un best-seller no asegura calidad literaria, tan sólo que la consultora de marketing subcontratada ha hecho correctamente su trabajo.

 Si como en el caso de Daniel Jerez, has escogido la opción de autopublicar invirtiendo tu tiempo y tu dinero en la corrección, maquetación y el resto de tareas (mira que es complicado comercializar un libro), entonces en lo que a calidad de producto se refiere deberías estar en igualdad de condiciones que una editorial grande, a falta del eficiente entramado de distribución. Otra cosa es la calidad literaria, pero por eso hay buenos y malos escritores, dejando este criterio a los lectores.

Sin embargo, nuestros amables libreros son reticentes a publicar libros autopublicados. Eso es un hecho. Y supongo que en muchos casos justificado. Ahora bien, y siempre según mi opinión, si estuviésemos tratando con libreros de verdad (estoy generalizando), de los de antes, profesionales que aman su profesión y que invierten cinco minutos (no se les pide más) en ojear la historia que se les ofrece para evaluar si merece ser vendido o no en su negocio, tal vez, quizás, quién sabe, en el mundo de la imaginación y la piruleta, gente como Daniel Jerez verían expuestos sus libros en los escaparates de las librerías de nuestras ciudades, flanqueando en igualdad de condiciones otros títulos de dudoso gusto.

Y es que ahora hay demasiada librería nueva que copia el formato de exposición de los grandes almacenes matando la magia de legendarias librerías.

Si el librero examina el producto y cree que merece la pena el libro, lo ofrece a sus clientes, que no, pues nada, al autor/corrector/editor/distribuidor se le muestra la puerta de salida y quién sabe, con un poco de suerte, en un futuro con otra historia puedan llegar a un acuerdo, sin acritud, pues el autor también tiene que estar dispuesto a aguantar la implícita crítica con dignidad. Pero por lo menos, querido librero, ojéalo, y decide en función de tu criterio literario.

He leído los tres primeros capítulos que nos ofrece gratuitamente en su web Daniel Jerez de El arcabucero Nº 61, para que nos entre el gusanillo por la historia, y qué queréis que os diga, me parece que cumple, que está aceptablemente bien escrito, con ritmo, una interesante propuesta de intriga y que puede ser una opción de compra tan buena como cualquier otro best-seller que nos intentan vender con grandes campañas de marketing. No me parece una osadía leer el libro en cuestión.

Pero ojo, que la autopublicación también tiene ventajas para los libreros. Dado que ahora hay un gran problema con todo lo relacionado con la piratería y cada vez se vende menos, puede ser una buena solución apostar por ciertos escritores noveles que de momento, no resultan interesantes ni tan siquiera para estas redes de piratería. Por no hablar del servicio del librero bueno y profesional, recomendando a sus clientes libros desconocidos, brindando al cliente ese valor añadido, sabedor éste de que está leyendo hasta cierto punto algo exclusivo, una lectura que fruto de su profesionalidad ha llegado a unos “elegidos”.

Además, desde el punto de vista financiero es un “chollo”: un tipo como Daniel Jerez le lleva in situ su obra, ahorrando al librero cualquier gasto de transporte, cede un par de ejemplares, si no se venden, los recoge, gasto cero para el librero. Si hay suerte y los vende, ciento por ciento de beneficios.

No sé, tal vez en tiempos de crisis tengamos que arriesgar… un poquito.

Por si acaso, y para que algún librero no se me enfade, con esto no estoy queriendo decir que cualquiera que se autopublique tiene el derecho de ser comercializado. Hay unos mínimos y lo dicho anteriormente, siempre a criterio del librero. Pero en este caso, Daniel Jerez, se ha preocupado de cumplir esos mínimos, y a 3 capítulos de lectura introductoria, estimo, en mi humilde y a su vez criticable opinión, que se ha ganado el derecho de compartir estantería con cualquier otro best-seller, que dicho sea de paso, muchos de ellos a pesar de contar con una industria a sus espaldas, publican con faltas de ortografía y errores tipográficos.

Conclusión: nos debería dar igual que el autor fuese conocido o no, limitándonos a juzgar únicamente la historia en sí.

Curiosos los últimos estudios estadísticos que dicen que cada vez se lee menos pero se publica más. Nos tendremos que replantear esto de alguna manera, desde los editores y escritores, pasando por los libreros y acabando por los lectores (de las reformas educativas ni hablamos porque todo lo que venga desde el estamento político lo doy por perdido, es lo que tiene la resignación).

Para finalizar y limar suspicacias, recalcar que yo a Daniel Jerez no tengo el gusto de conocerlo, no somos amigos y me limito a seguirle por Twitter. Nada más.

Para que no me creáis un hipócrita, sumo El arcabucero Nº 61 a mi ya super lista de próximas lecturas, con su futura reseña en meriendalibros.

Merienda para la autopublicación: tarta bien dulce de chocolate, pues la autopublicación ya es bastante amarga.

Daniel, ¡¡Mucho ánimo con tu aventura como escritor!! Que no decaiga… Desde meriendalibros te deseo la mejor de las suertes.

¿Te animas a leer El arcabucero Nº 61 ahora que llega el veranito?