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Es curioso esto de la muerte…

… si bien forma parte de la vida, pues todos sabemos que tarde o temprano nos tocará morir, no por ello deja de sorprendernos, cogiéndonos completamente desprevenidos, con la guardia baja y con esa absurda cara de incredulidad.

Sabía que Manu Leguineche andaba desde hacía tiempo pachucho. Sabía que se había retirado a un pueblo de la provincia de Guadalajara y sospechaba que tenía que ser algo serio puesto que llevaba años sin publicar. Cada uno tiene sus escritores fetiches, y en mi caso, el tal Manu (me permito el tuteo), formaba parte del colectivo de escritores a los que no debía perder de vista desde que leí siendo un adolescente El camino más corto.

Es entonces cuando la asquerosa tecnología irrumpe en la vida de uno recibiendo un whatsapp (¿se estará planteando la RAE incluir este palabro?) anunciando que el editor de la guadaña había decidido in extremis no publicar más libros de Manu Leguineche. Esta vez el billete de nuestro viajero incansable no tenía vuelta.

Enlazo esta reflexión teniendo en cuenta una serie de penurias personales, dignas de un macabro melodrama que me han impedido mantener el blog como a mí me gustaría, haciendo que me pregunte por qué oscura razón he sentido la muerte de alguien a quien no conocía, como si lo que ya me está tocando vivir no fuese suficiente.

Y es que tengo que reconocer que disfruté mucho leyendo sus libros, escritos con marcado estilo periodístico, describiéndonos la historia reciente de primera mano. Me lo imagino entre libros de tapas arrugadas y con claros vestigios de uso, en una esquina de la pequeña estancia que hace las veces de despacho descansa la mochila siempre preparada para cubrir el próximo conflicto, abrazado a una soledad escogida que no hace desprecio a la compañía de cualquier amistad alrededor de un buen licor, entre un caos de desorden y papeles que apenas le importunan porque en realidad los datos y el espíritu de la próxima crónica reposan convenientemente clasificados en su cabeza, tecleando en una vieja Olivetti párrafos con mezcla de citas históricas y reflexiones propias, vislumbrando el mundo tras las gafas de pasta gruesa, sin apenas pestañear atento a lo que sucede en tierras inhóspitas con nombres impronunciables.

O no. Quién sabe. En realidad no tengo ni idea pues ya he comentado que no tuve el gusto de conocerle en persona, pero después de leer algunos de sus libros y de seguir durante años su trayectoria, mi imaginación dibuja estos trazos de hombre con cierto toque melancólico y la convicción de querer ser feliz. A su manera.

Con lo difícil que es bautizar con un título a un libro, el tipo disponía de la suficiente habilidad como para resumir, en un puñado de palabras, el mensaje de su literatura, con esa sabiduría analítica aprendida en tantos campos de batalla: La destrucción de Gandhi, El camino más corto, La Tribu, El viaje prodigioso: 900 años de la última cruzada, Recordad Pearl Harbour, Los años de la infamia, Annual 1921: el desastre de España en el Rif, Yo pondré la guerra….

Más de medio centenar de libros escritos desde la honradez, dejándonos un preciado legado de libros periodísticos para que los disfrutemos, los que todavía anhelamos que nos quede mucho por leer.

Ha transcurrido algo más de dos meses desde la nefasta noticia y no quería perder la oportunidad de brindarle mi pequeño homenaje. Con retraso, que nunca fui el primero de la clase. Aunque solo sea como exigua recompensa por tan buenos momentos literarios, por aquello de que es de bien nacido ser agradecido. Total, el blog es mío, yo lo mantengo y yo decido qué y de quién quiero escribir (curioso, parece que la tecnología también tiene cosas buenas).

Espero que en el más allá, que confío que lo haya, siga como el periodista que fue escribiendo las crónicas de un grato paraíso.

Merienda para la lectura: Una cervecita fría, brindis incluido, en honor a un tipo que no conocí y que tanto me enseñó.

 

El largo adiós – Raymond Chandler

No puedo evitar ponerle la cara de Humphrey Bogart al protagonista de El largo adiós, Philip Marlowe, detective creado por Raymond Chandler para sus novelas de género negro, caracterizado por su cinismo, repleto de un pesimismo escogido a conciencia, a la vez íntegro; un tipo que no espera absolutamente nada de la humanidad y aún así, se empeña en ayudar a determinados sujetos que considera, bajo su peculiar punto de vista, que merecen el esfuerzo. Bebedor de licores fuertes y mujeriego, posee un intrincado código de honor que sólo él conoce, lo que le lleva a realizar acciones que sorprenden al lector. En definitiva lo que viene a ser un lobo solitario idealista, fiel a sus principios, que no tienen porqué coincidir con los del resto de la sociedad.

Philip Marlowe

Comento lo de Bogart porque han sido varios los actores que han encarnado el papel de Marlowe en el celuloide, como Robert Mitchum, James Caan, James Garner y hasta Danny Glover. Pero Bogarten blanco y negro con ese halo de humo de sus cigarros, con esas frases cortas y lapidarias, la mirada llena de escepticismo… sin duda es la encarnación de Marlowe en carne y hueso, inevitable comparación según uno va leyendo hoja tras hoja las aventuras de este singular detective literario, artífice junto con el Sam Spade de Dashiell Hammett del origen de la novela negra. Entre otros.

La trama gira en torno a un colectivo acaudalado, supuestos triunfadores pertenecientes a un círculo cerrado, delimitado por la selecta urbanización en la que viven, solo apta para unos pocos bolsillos. Y sin quererlo, por casualidades de la vida, Marlowe se ve investigando un asesinato que nadie quiere que investigue, en un ambiente completamente ajeno para un tipo sin recursos económicos y al que parece que le molesta el dinero. Por lo menos el que no cree que se ha ganado honradamente.

Además se siente continuamente engañado, porque en parte de esto va la historia, de la amistad y de la traición a esa honesta y desinteresada amistad. Aquí es donde reside la fuerza de la novela, pues en El largo adiós, Marlowe encarna a un tipo honesto, justo, incluso cuando se relaciona con la policía es más íntegro que la propia ley y que cualquier inspector que linda con la corrupción, haciendo que tanta rectitud suene estrambótica, todavía más con los tiempos que estamos viviendo donde cualquiera vendería a su madre por una parcela urbanificable. En cambio Marlowe rechaza con mucho estilo los cinco mil dólares de la época, una pasta de entonces y de ahora, porque no se cree merecedor de tanto dinero y porque vienen de donde no querría que viniesen.

Aún así, a pesar de que se huele que están jugando con él, acepta, con un par, ir a la cárcel, a que le den un par de bofetadas de las que estilaban los yanquees de entonces, para no perjudicar a un amigo que quién sabe, tal vez no estaría dispuesto a realizar similar sacrificio por él. Porque en el fondo, no deja de ser un romántico que confía en dar una segunda oportunidad al ser humano, a pesar de la contrastada mezquindad y crueldad demostrada por el Homo Sapiens. Tal vez no deja de ser una ingenuidad y por eso me gusta.

No sé dónde he leído que El largo adiós es el gran ejemplo a seguir de la novela negra. Desconozco si hay libros mejores que éste, o si hay escritores con más talento que Raymond Chandler, a tu albedrío lo dejo, pero lo que tengo claro es que si te va la novela negra, tienes que leer El largo adiós, pues no dudo que el personaje de Marlowe ha sido vilmente copiado durante décadas en infumables historias de dudoso gusto, junto con gratas sorpresas que nos han tenido pegados al sofá leyendo fascinantes penurias detectivescas, por lo que merece la pena dedicar unas horas al original, al precursor del detective privado pasado de vueltas, íntegro, honrado, con su propio código de honor, mujeriego y enamoradizo, defensor del débil y por supuesto, perdedor. Pero sobre todo, con dignidad. ¡¡Cuánto tenemos que aprender de Philip Marlowe !!

El sueño de África – Javier Reverte

Hoy toca literatura de viajes, que para quienes aún conservamos cierto espíritu adolescente, eso de que recorrer mundo se convierta en parte de tu profesión es origen de envidia sana.

El libro en cuestión es El sueño de África de Javier Reverte. En general no me suelen gustar mucho las portadas de los libros, más que nada porque la mayoría no me dicen nada o no los entiendo pues carezco de vena artística. Pero en esta ocasión, observar el inocente salto de una niña en mitad de una playa, completamente absorta en sus juegos, concentrada únicamente en el disfrute de la naturaleza, ajena al quehacer del fotógrafo, me parece de una fuerza espectacular, una auténtica invitación a su lectura.

El sueño de Africa

Nada más abrir el libro nos encontramos con la cita de Graham Greene que lo dice todo: “Escribir un libro o viajar permiten huir de la rutina diaria, del miedo al futuro. Y es que aunar literatura y viajes es mano de santo en las épocas en las que andamos bajos de moral.

Posiblemente uno de los principales escritores nacionales de literatura de viajes sea Javier Reverte. Proviene de una familia de periodistas y escritores. Por lo que parece, le entró la vena aventurera convirtiéndose en un viajero incansable.

Creo que a la mayoría de las personas les gusta viajar. Es una de las principales actividades a las que recurrimos en vacaciones, dependiendo de nuestra capacidad de ahorro. Eso sí, no todos viajamos de la misma manera. Los hay quienes prefieren viajar con todas las comodidades posibles alojándose en buenos hoteles y quienes escogen lo que viene a denominarse como viajes alternativos, que normalmente cuentan con más ganas que presupuesto y una mochila al hombro. Según gustos y posibilidades.

Después estamos los que viajamos a través de los libros, gracias a escritores como Javier Reverte y libros como El sueño de África, el relato de un viaje por dicho continente con nombres de lugares que al pronunciar en voz alta nos regalan su peculiar sonoridad como Mombasa, Kampala, Ngorongoro, Zanzíbar… recorriendo por veinte eurillos de papel la costa de los Swahilis, los grandes lagos, Uganda…

“El viaje que relata este libro fue realizado entre los meses de enero y abril de 1992” comienza como preámbulo, pero veinte años no son nada para los lectores, pues el libro va relatando a través del viaje la historia a partir del siglo XIX del continente, con especial relevancia al colonialismo europeo. Historia que no deja de tener su punto triste recordándonos que “Muchos indios murieron para hacer posible la civilización en África” o que por ejemplo David Livingstone calculaba que de cada 5 esclavos que eran obligados a viajar a la costa, tan sólo 1 llegaba con vida. Hablando de Livingstone, el hombre pasó a la historia por la famosa pregunta de Stanley, ¿Doctor Livingstone?, supongo, quedando en el olvido que fue un luchador infatigable contra la esclavitud.

Caravanas esclavistas, rituales religiosos, colonos, fieras salvajes, rebeliones, infinidad de tribus y en definitiva la aventura misma. En busca de los mitos blancos del continente negro es el subtítulo de El sueño de África, avisándonos de que su periplo sigue la senda del colonialismo en África. Javier Reverte nos relata la vida y miserias de exploradores como Burton, Speke, Stanley, Baker

Eso sí, tenemos que estar también preparados ya que algunos de estos protagonistas ensalzados por infinidad de historias, libros y películas, puede que no cumplan nuestras expectativas una vez hayamos conocido sus biografías. Leyendo las hazañas de estos aventureros, me ha pasado lo mismo que cuando leí El imperio español de Hugh Thomas. Por un lado uno siente cierto respeto por aquellos hombres que hicieron frente a las fieras, a enfermedades desconocidas, a la intemperie, a las diferentes tribus cada una con sus costumbres… peligros diarios que les llevaban continuamente al límite. Sin embargo tanto esfuerzo y pundonor acaba siendo canalizado por las potencias europeas y grandes corporaciones empresariales para someter a los aborígenes, convirtiendo a seres humanos en esclavos, garrapiñando con todo objeto de valor, haciendo caso omiso a las leyes, costumbres o religiones, abanderando para vergüenza ajena una supuesta prosperidad que dos siglos después suena a broma macabra.

“Todas las familias de Uganda tienen un muerto por sida” nos informa Javier Reverte con un guiño contemporáneo, tratando de explicar como buen periodista nuestro presente partiendo del pasado. A lo largo del libro, el viaje del propio autor recorriendo los mismos lugares que descubrieron para el mundo “civilizado” los antiguos exploradores, sirve de excusa para relatar sus propias aventuras contemporáneas, obsequiándonos con los personajes que allá por el año 1992 se fue encontrando, tipos de toda índole y condición, pero todos interesantes dada sus diferentes e interesantes culturas.

El sueño de África es el primero de una fantástica trilogía sobre el continente, al que le siguen Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África, este último también lo he leído y os recomiendo su lectura. Los tres siguen la misma estructura literaria pero por diferentes países del continente, y cada región o zona recorrida cuenta con sus propias vivencias.

“La palabra Rift quiere decir algo así como cuchillada o tajo” nos explica Javier Reverte al referirse al valle del Rift. Hay que reconocer que ya solo el nombre alimenta la imaginación de cualquiera, pero es que además Javier Reverte nos ilustra con la historia del lugar, haciendo que en numerosas ocasiones, página tras página, el lector piense aquello de que la realidad supera a la ficción.

Lo bueno de este tipo de libros es que invitan a su relectura pasado un tiempo, pues el maremágnum de nombres y situaciones estrambóticas es constante.

Javier Reverte no sólo ha escrito sobre África, también tiene su trilogía Centroamericana, sobre Grecia, Alaska y Canadá… No sé si alguna vez Javier Reverte leerá esta especie de reseña aderezada con mis propios pensamientos, pero ahí va una propuesta tanto para él como para cualquier otro aventurero: después de la división de la URSS, la antigua Yugoslavia también dividida en varios países… los que dejamos atrás la E.G.B. estamos un poco perdidos con tanta república nueva con nombres imposibles de pronunciar, por lo que no estaría nada mal un libro de parecida estructura literaria a El sueño de África por estos desconocidos parajes.

Merienda para la lectura: Timbal de frutas exóticas.

Rescaten el Titanic – Clive Cussler

De vez en cuando también escribo sobre lo que no me ha gustado, por avisar al resto de lectores que puede que se fíen de mi criterio. Y hoy toca hacer reseña de lo que no deja de ser un bodrio.

Es más, en mi opinión llega al fraude. Si en vez de titularlo como Rescaten el Titanic, lo hubiesen llamado Rescaten el barco Tacatún, pues uno haría un esfuerzo sublime y se creería la historia, evaluando únicamente su estilo de escritura. Pero no, le han llamado Titanic, lo que conlleva una cierta leyenda, el hundimiento por antonomasia. Sobre el Titanic se han escrito miles de páginas ensalzando la supuesta valentía del pasaje, con el mito de la orquesta que viéndose perdidos continuaron tocando sus instrumentos ofreciendo un ápice de sosiego a quienes todavía no habían perdido la esperanza por sobrevivir, las avariciosas decisiones de los armadores al no equipar el buque con botes salvavidas suficientes, la inútil llamada de socorro, los náufragos que perecieron por hipotermia…  Además en la portada nos muestran la fotografía de lo que todos intuimos que era el Titanic. Así que uno se deja engañar y espera que el barco sea el protagonista de la novela. Por no hablar del sinfín de posibilidades para la ficción en torno al navío de vapor, una inmejorable fuente de potenciales ideas para la imaginación del escritor, como si fuese un caldo de cultivo que tan solo hay que mimar para obtener cuatrocientas páginas llenas de entrenamiento.

Rescaten al Titanic

Lo malo es que Rescaten el Titanic apenas transcurre en el Titanic. La historia gira en torno al naufragio sin ahondar en el suceso mismo, sin aportar datos de enjundia sobre su hundimiento, ni sobre su historia, ni sus pasajeros… y al final uno se siente decepcionado,  ya que se han creado falsas expectativas por parte del escritor y del editor que no llegan a cumplirse.

Otra cosa hubiese sido que la historia, aunque apenas tratase del susodicho transatlántico, tuviese una gran trama y enganchase. El lector también se hubiese sentido decepcionado, pero por lo menos, como suele decirse, hubiesen salvado los muebles. Sin embargo no es el caso. Esto es un best seller cuyo mayor mérito es la campaña de marketing que en su día le acompañaría, o esto es lo que me imagino pues otra explicación no encuentro dada la pésima calidad del argumento y de su técnica literaria (si la tuviese, porque para mí llenar de diálogos un texto no es novela, será teatro o qué sé yo).

Además, buceando por internet, me topo con que alguien, en un momento de delirio, adaptó el libro para hacer una película, con un presupuesto que rondó los 40 millones de dólares de los de antes, allá por 1.980… que ahora es una cantidad considerable de dinero, pero hace más de treinta años era una pasta gansa, lo que viene siendo una superproducción. Para que os hagáis una idea, Gran Torino, del inigualable Clint Eastwood contó veintiocho años después, con 33 millones de presupuesto, recaudando 269 millones. ¿Qué pasó con la adaptación cinematográfica de Rescaten el Titanic? Pues lo que dicta el sentido común: fracaso total y durante años ejemplo de cómo tirar el dinero por el retrete. Es que 40 millones equivalen a muchos espectadores…

Eso sí, el autor de la novela, un tal Clive Cussler, tiene mucho mérito, al César lo que es del César, porque hacer de esta historia de calidad dudosa un best seller y además vender los derechos cinematográficos a Hollywood, con los previsibles rendimientos económicos, es de campeones.

Titanic

En cuanto al libro, decía que el rollo no va del Titanic, sino que es una de espías, americanos contra rusos y viceversa, que es lo que se llevaba en los ochenta, pero con todos los estereotipos que uno se pueda imaginar: políticos patriotas que se sacrifican para salvaguardar la seguridad del país, anónimos espías asesinados, un presidente de los USA íntegro y preocupado que asume con orgullo la carga que supone dirigir el mejor y más importante país del mundo (cuando leo estas historias me pregunto qué sería de nosotros sin los yanquees), tampoco podía faltar una especie de James Bond que acaba con todos los rusos que se le ponen por delante pero que además es científico y pilota aviones y submarinos (¡¡toma!! me voy a pasar por la DGT a ver si con mi carnet de ciclomotor puedo yo también), sabe desenvolverse en parajes inhóspitos a no sé cuántos grados bajo cero y además ha tenido tiempo de ser un experto del Titanic conociendo todos los pormenores sobre el hundimiento… Total, que a uno le entra un complejo… es que un servidor solo tiene un blog, un trabajito mileurista de ocho horas y casi no le da la vida entre ir a la oficina, leer, escribir post, prepararse la comida, hacer la colada, limpiar, planchar… en cambio estos espías americanos saben hacer de todo y además, perfecto. ¡Qué envidia!

Encima el autor mete con calzador, de una manera nada creíble,  una serie de problemas maritales entre uno de los protagonistas y su mujer, que por cierto, puestos a criticar a los personajes, la imagen de esposa de consejero del presidente de los EEUU no sale muy bien parada: pusilánime, caprichosa por querer ser madre (es que es para flipar a colores, a quién se le ocurre querer tener un hijo cuando está en jaque la seguridad nacional), ligera de cascos que lo mismo le da estar con su marido que liarse con el presidente mancillando la Casa Blanca, le pega a las pastillas y me acabo de enterar que para Clive Cussler, una mujer a los treinta y uno ha entrado en el declive de su vida. Lo que me faltaba por leer.

Y como todo best seller tenemos diálogo, diálogo, alguna previsible descripción con adjetivos también previsibles y más diálogo.  Nada original y lleno de arquetipos sacados de telefilmes cutres, que supongo que será lo que funciona en los USA, pero fuera… como que no.

Uno está expectante pasando hojas a ver cuándo empiezan a describir el hundimiento del Titanic o algo que tenga que ver con el histórico barco… y se encuentra con que en realidad la historia va de un submarino con la última tecnología, que por supuesto solo lo tienen los americanos, que es capaz de sumergirse ni sé a qué profundidad, para conseguir reflotar el Titanic que se encuentra sumergido a una barbaridad de millas, que si lo pasásemos a kilómetros serían un puñau. Para que quede coherente explica con un montón de tecnicismos, que dentro de mi ignorancia no me queda más remedio que creer, todos los detalles de tamaña hazaña.

Como los lectores somos muy listos, nos preguntamos: ¿por qué? ¿Qué beneficio obtiene la humanidad reflotando ese buque agotando los recursos económicos del país más grande y maravilloso de la vía láctea? Pues ahí es donde nos equivocamos. No hay beneficio para la humanidad, solo para los EEUU, porque en las bodegas del Titanic descansa un cargamento de bizanio, un extraño y exiguo mineral que permitirá crear un invisible muro, a modo de escudo, que impedirá que otras potencias, es decir los rusos, ataquen con sus misiles territorio americano. La repanocha.

A mí lo que me molesta es que encima somos los de Bilbao los que tenemos fama de fanfarrones. A ver si el tipo este en vez de Cussler, se va a apellidar Cusslergoitiaberria o algo así…

Bueno, quedáis avisados, y por supuesto, no tenéis que compartir mis opiniones, para gustos los colores. Y si queréis polémica, tenéis la manera de contactar conmigo y escribir que Rescaten el Titanic es una obra maestra o algo así… que para eso están los blogs y las redes sociales, para entablar conversaciones y aprender los unos de los otros. Pero no me vais a convencer, para mí leer Rescaten el Titanic es una pérdida de tiempo.

Merienda para la lectura: Hamburguesa yanquee con muchas grasas saturadas.

Con el agua al cuello – Petros Márkaris

Novela negra + Sarcasmo + Crisis = Con el agua al cuello, una novela amena, divertida, que invita a pensar con una sonrisa en los labios (aunque la coyuntura actual no tiene ninguna gracia).

Ya que tenemos el dudoso honor de pertenecer junto a Grecia al ignominioso colectivo con el acrónimo peyorativo inglés PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), que los británicos con su ¿humor? también británico apuntan sin ningún pudor ni vergüenza a la palabra pig, que todos traducimos gracias a nuestro altísimo nivel de inglés como cerdo, me apetecía leer a Petros Márkaris, dramaturgo griego cuyas últimas novelas policíacas giran en la Grecia contemporánea de recortes, manifestaciones, protestas y resaca financiera que no hay espidifen que solucione.

Con el agua al cuello

Cada lector, mira con ojos diferentes cada novela. Habrá para quien Con el agua al cuello sea una novela de intriga, o de género negro, o una de policías con asesinatos incluidos. Sin embargo para mí, se trata de una novela protesta, llena de ironía, que me ha provocado la carcajada limpia y unos muy buenos momentos (a pesar de que la situación no invita a la risa, pero dicen que es saludable el humor y a falta de dinero, he apostado por cuidar mi salud). Es mi primera novela de Petros Márkaris, y no será la última.

Por ejemplo, nada más comenzar la investigación, nuestro protagonista, Kostas Jaritos, policía de mal genio y observador nato de la sociedad, intenta reunirse con el director del Banco Central para investigar sobre la víctima, por supuesto, otro banquero (a mí que últimamente en la ficción se carguen a banqueros… como que me deja más que satisfecho).  El caso es que Jaritos llega tarde porque tiene que cruzar la ciudad, sorteando primero una manifestación en contra de los recortes de los jubilados, y después otra de los sindicatos en protesta de las medidas de austeridad (eufemismo que viene a significar recortes). Cuando llega por fin al banco, se produce el siguiente diálogo que transcribo:

Me recibe una secretaria cincuentona, vestida impecablemente pero fría y manifiestamente irritada.

–Llega tarde, señor comisario.

–Lo sé, y le pido disculpas, pero la ciudad entera está paralizada por las protestas y las  manifestaciones.

–Ah, ¿es que hay manifestaciones? No me había enterado –dice la mujer y me doy cuenta de que acabo de entrar en otro mundo.

Y es que blanco y en botella…

El caso es que según iba leyendo el libro, el asesino cada vez me iba cayendo mejor, pues sus víctimas forman parte del colectivo de responsables del declive del país (lo mismo me da llamarlo Grecia, que España). Al final acabé preocupándome, ya que me identificaba con quien se supone es el malvado de la novela, al ver cómo sus víctimas son banqueros, consultores de compañías de capital de riesgo o empresarios del gremio del cobrador del frac.

Que nadie espere averiguar quién es el asesino en la última página, pues más o menos desde el principio uno intuye quién puede ser el malo, que resulta no ser tan ruin y cuyas acciones pueden no ser legales, ni éticas, pero sí comprensibles para el noventa por ciento de la sociedad. Sin embargo la novela no pierde fuelle, y las argumentaciones del asesino tienen su punto, que si bien pueden caer en el populismo, no por ello carece de razón.

La literatura que nos ofrece Petros Márkaris es fácil, porque prevalece el contenido al continente. Estamos ante una sátira de nuestra sociedad y detenerse en párrafos con descripciones elocuentes está de más.

Por cierto, que el modus operandi de los asesinatos tiene su cosa: en un mundo moderno en el que vivimos, que hasta el más pintado tiene whatsapp (mira por donde yo de momento continúo con mi teléfono móvil que solo hace llamar y enviar mensajes. Reconozco que soy raro, raro, raro), donde se planifican guerras desde despachos atiborrados de tecnología y solo hace falta un botón (ni tan siquiera el teléfono rojo de antaño) para enviar un misil a miles de kilómetros… Petros Márkaris escoge el olvidado método de la decapitación, espada en mano, como acción mortífera de lo más efectiva, haciendo que se pregunte Jaritos si no había un veneno o procedimiento más contemporáneo para despachar a nadie.

En una Grecia en crisis, con las jubilaciones congeladas, sin trabajo ni expectativas de que lo haya, la juventud sin futuro, los funcionarios y empleados por cuenta ajena ahogados por los impuestos y la sociedad endeudada hasta las cejas, la lista de sospechosos que quieran liquidar banqueros es pelín larga. Por si esto fuera poco, tiene que compartir el caso con los de Antiterrorismo, con un tira y afloja entre departamentos policiales, y no sabe por dónde coger el caso. Mientras da tumbos buscando pistas imposibles que le ayuden a resolver los crímenes, parodia la situación socioeconómica apoyándose en varios personajes secundarios.

Afortunadamente Petros Márkaris nos propone también una serie de soluciones, unas píldoras de esperanza. Por ejemplo que esos países PIIGS se asocien y hagan un frente común, hasta el punto de que su yerno le sugiere comprarse un seat Ibiza, porque es un coche español, es decir, de otro país pobre y rescatado, y entre pobres, hay que ser solidario.

Nos propone también como alternativa vivir una vida simple, bajo la premisa de que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita, realizando compras responsables, tirando de las ofertas en el supermercado, ayudándose entre la familia. No me parece mala idea, es más, es una teoría que hacía tiempo había aplicado en mi vida cotidiana, lo malo es que ahora necesitamos mucho para pagar los diezmos gubernamentales, por lo que la vida sencilla viene de serie, y encima, hace poco me he enterado de que Robin Hood es un personaje de ficción (un trauma que lo trataré con medicación).

Curiosa también la actitud y forma de ser de Jaritos, porque para ser un policía que investiga asesinatos, no es un borracho, ni busca la compañía de mujeres fáciles, no dice tacos, ni le da a las drogas, ni a nada a lo que habitualmente le dan los policías de novela negra. O sea, un virtuoso como mandan los cánones. Y eso que en este caso estaría justificado, porque aguantar a su señora Adrianí tiene su mérito. La mujer ha venido a este mundo para hacer la vida imposible al pobre Jaritos, y todo hay que decirlo, se le da francamente bien. Adrianí acaba lanzando frases lapidarias, premisas de peso filosófico de andar por la calle, que a pesar de su formulación tosca, entrañan verdades como puños. Forman un tándem equilibrado, donde choca la racionalidad de uno y la pasión de la otra.

Por supuesto no olvida la crítica al ciudadano medio, sobre todo al principio cuando describe el derroche en la boda de su hija, que le lleva a comprarse ropa cara, coche nuevo, un banquete excesivo… Es decir, que tenemos nuestra dosis de responsabilidad por vivir por encima de nuestras posibilidades, aunque contra quien realmente carga es contra los bancos. Les da cizaña de la buena.

Y ahí no acaba la trama, pues parece que es compatible el matar banqueros con pegar carteles subversivos animando a no pagar las deudas de los bancos, ni hipotecas, ni tarjetas de crédito, ni nada de nada (esta parte mola). Así que nuestro Jaritos, además de ser un funcionario al que se le recorta el sueldo como al resto de funcionarios griegos, no le queda más remedio que comportarse como un profesional e investigar los asesinatos y llamadas a la subversión, con su parafernalia correspondiente.

Me llama la atención también la inexistente solidaridad entre banqueros y tipos del gremio, que permanecen impasibles cuando asesinan a sus colegas, pero inmediatamente se movilizan ante el llamamiento de insumisión hipotecaria, chantajeando a la población con no conceder más préstamos. No tengo yo tan claro que estemos exclusivamente ante una historia de ficción…

En fin, sólo puedo decir que en mi humilde (cada vez más gracias a los recortes) opinión, Petros Márkaris es un crack, un eficiente descriptor del mundo actual, que a través de una prosa fácil y directa, nos desgrana nuestro día a día y encima, lo que tiene un mérito impresionante dadas las circunstancias, nos regala en cada capítulo una sonrisa repleta de ironía y sarcasmo.

Merienda para la lectura: ensalada griega con aceitunas y queso feta. Comida saludable y sobre todo barata… ¡¡¡que estamos en crisis!!!

Si habéis leído a este autor, ¿qué os parece Petros Márkaris y su propuesta literaria? No te cortes y opina, que de momento, no han creado un impuesto contra el libre pensamiento.

Nuestros héroes de ficción

El otro día, a cuenta de la crisis, en un programa de televisión dedicado al molesto arte del grito, escuché a un tipo (lo siento, pero no recuerdo su nombre) algo así como que nuestra sociedad necesitaba héroes. Al instante pensé en todos los héroes de ficción que habían jalonado mi vida y los comparé con los iconos publicitarios de ahora…. Paupérrimo creo que es la palabra más elegante que se me ocurre.

Si a esto le unimos la reciente novela de Mario Vargas Llosa, El héroe discreto, que todavía no he leído, pero que según el propio autor representa un homenaje a los héroes anónimos, no quedaba otra que escribir un post al respecto.

El caso es que el problema vino cuando repasé mentalmente a quienes consideraba héroes más o menos famosos de carne y hueso, personas humanas como diría aquél, y en la lista que se me ocurrió, descubrí que todos mis héroes formaban ya parte del pasado (me ahorro la lista no vaya a ser que alguno/a se sienta ofendido). Se conoce que me ha tocado vivir un periodo mediocre. Total, que viendo que a nuestro alrededor no hay muchos héroes que digamos y para encontrar uno me tengo que ceñir a los libros leídos, me ha dado por reflexionar: ¿Qué cualidades tienen los héroes literarios con los que me he encontrado en mis lecturas?

Si pretendemos que el protagonista de nuestra historia de ficción sea un ejemplo a seguir, idolatrado desde nuestra cómoda posición de lector, éste debe cumplir una serie de requisitos:

  • Carácter: Nuestro héroe o heroína, transmitirá una personalidad definida, sin ambigüedades. No importa que el lector esté o no conforme con su forma de ser. El objetivo es que sean creíbles las decisiones que nuestro héroe va tomando durante la historia. No se trata de ser previsible, sino de que para cada decisión, existe una justificación o motivo.
  • Valores: Nuestro héroe tiene que tener unos ideales, ir en cierto modo contracorriente, seguro de estar haciendo las cosas bien, dejando esa sensación de actuar correctamente, convirtiéndose en un modelo para el resto de nuestra sociedad. Actuar acorde a unos principios conllevará irremediablemente pagar un alto precio (el desprecio de los débiles, caer en desgracia, ser odiado por el poderoso…).
  • Actúa contra su propio interés: Si anhelas ser un héroe, es imprescindible cierto sacrificio por tus ideales, pues siempre hay fuerzas externas y oscuras como el malo de la película, el mafioso de turno o el político corrupto que intentarán impedir que el bien prevalezca. El ignominioso mirará a otro lado, ajeno a las implícitas consecuencias, por otro lado nefastas para algún colectivo débil. Sin embargo, nuestro héroe no se dejará amedrentar y luchará contra la injusticia, aún sabiendo que quien acabará pagando un cuantioso tributo sea él mismo.
  • Bondad: Nunca se sabe quién puede llegar a ser un héroe. Incluso el más insignificante de los ciudadanos puede realizar actos heroicos, lo que es más importante: la heroicidad va unida a la bondad y al altruismo exacerbado. Supongo que gracias a esta característica millones de novelas han tenido éxito a lo largo de la historia.
  • Un buen héroe tiene un antagonista ruin y peligroso: Tiene que haber un malo, una injusticia, algo que combatir y que merezca la pena el previsible sacrificio, aunque le vaya la vida en ello.
  • Dispone de una cualidad que le hace único: es un virtuoso de alguna disciplina, que si bien no es destacable para la vida cotidiana, se convierte en una pieza fundamental de la trama.
  • Rebelde: En el fondo se trata de una cualidad implícita en las anteriores, pero que considero dispone de entidad propia, pues es precisamente este ingrediente de rebeldía el que lleva al héroe a actuar.

No confundir héroe con protagonista, pues el personaje de una novela no tiene porqué ser un tipo digno de admiración, siendo algunos auténticos seres despreciables. Sin embargo, en determinados géneros como por ejemplo la novela negra, lo usual es que el protagonista, con un oscuro pasado al bode de la ley, tenga algún rasgo diferenciador que le convierta en héroe anónimo.

Cuando repasamos el pasado, examinamos con lupa los héroes que convivieron en las diferentes épocas. Ya que últimamente me ha dado por reflexionar (creo que se debe al extraño proceso de la madurez), no dejo de preguntarme qué tipo de héroes encontrarán las futuras generaciones cuando estudien nuestro tiempo. Me quedo con el consuelo de que recurrirán al panadero que acude a su trabajo en las noches frías y solitarias, o tal vez con el administrativo parapetado tras su escritorio preguntándose si al final de mes conseguirá cobrar, o la viuda con una pensión miserable que aún así saca adelante a hijos y nietos… pero sobre todo, confío en que el sentido común evitará que generaciones futuras escojan como arquetipo de héroe del siglo veintiuno a Lady Gaga, Mourinho o Berlusconi.

¿Qué cualidades hechas en falta para describir al héroe literario perfecto?

El mundo de Sofía – Jostein Gaarder

O de cómo existe el mundo de las ideas.

Advierto desde el principio que esta reseña va a ser un tanto diferente, más bien trata de una reflexión, un tanto insurgente a la vez que descafeinada, puesto que va de preguntas cuya respuesta no tengo.

Comenzaré admitiendo que me genera envidia sana la gente como Jostein Gaarder, capaz de sintetizar en pocas palabras sus pensamientos, divulgadores natos que disfrutan inculcando sus conocimientos. En un tiempo en el que la Filosofía– el arte de pensar, amor por la sabiduría, el conocer por conocer- ha dejado de tener importancia, relegando nuestros credos exclusivamente a la economía, en un mundo donde vales lo que tienes, formando parte de una sociedad que camina tan rápido que nos impide detenernos a pensar… de repente, ante tanto caos, aparecen tipos que nos ayudan a tomar conciencia de quiénes somos, con pequeñas píldoras de cordura en forma de letra impresa.

El Mundo de Sofia

El mundo de Sofía es otro de los libros que cada cierto tiempo releo, más que nada porque es un libro puramente divulgativo, que se apoya en los recursos novelísticos y en la ficción para transmitir conocimientos filosóficos, lo que hace que sus relecturas sean más interesantes si cabe, pues con cada repaso uno va afianzando nuevas  ideas (a mí la cabeza no me da para tanto dato filosófico de una vez).

El libro va describiendo la historia del pensamiento a través de una niña llamada Sofía, ayudándonos a los que hace tiempo que dejamos los estudios a recordar a los viejos filósofos y en mi caso, a reflexionar sobre el dinamismo del pensamiento, el cómo se veía hace siglos el mundo y cómo lo vemos ahora.

Sofía llega un día a casa y se encuentra con una carta con dos preguntas: ¿Quién eres? ¿De dónde viene el mundo? Este inicio sirve como hilo conductor para realizar nuevas preguntas que llevan a la divulgación del pensamiento antiguo.

El motivo por el que reseño este libro es precisamente reflexionar sobre la capacidad que tenemos los humanos de pensar, de tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Estamos viviendo un momento realmente complicado, la crisis nos ha afectado a todos de una manera u otra, pero desde mi punto de vista, este hecho no es lo peor. Lo que nos debería preocupar como ciudadanos, es el papel ridículo que nuestros políticos están protagonizando en esta tragicomedia y cómo lo estamos permitiendo. Igual es que al resto (y me incluyo) se nos ha olvidado pensar

Acabamos de presenciar el bochorno espantoso que nuestros dirigentes han representado con la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos, con cierta hilaridad, a pesar de que en el fondo maldita la gracia que nos hace la imagen y la famosa marca Spain que están repartiendo por el mundo entero a nuestra costa. Y a la plebe no nos queda otra que aguantarlo, estoicamente, porque el día que salgamos a la calle de verdad, defendiendo nuestros derechos y pase alguna desgracia, saldrá alguno diciendo que no son formas de protestar… olvidando en un santiamén las protestas pacíficas que durante todo este tiempo estamos realizando.

El caso es que nos limitamos a observar cómo están hundiendo nuestro futuro esta clase política (incluyo a la totalidad de partidos políticos) como si la cosa no fuese con nosotros. Y yo me pregunto, como esa niña llamada Sofía que se cuestiona todo lo que sucede a su alrededor: ¿dónde hemos dejado nuestra capacidad de raciocinio? ¿Acaso como ciudadanos de a pie, infantería de primera línea hasta arriba de barro, no nos cuestionamos cómo salir de esta situación? ¿Pero es que nadie tiene la fuerza necesaria para tirar del carro?

Pues al parecer no. Con tanta reforma educativa donde ciertas asignaturas “de letras” han dejado de tener importancia (incluyo por supuesto la asignatura de Filosofía), nos han eliminado la creatividad y el libre pensamiento, que por el mero hecho de ser libre, es también dinámico y diverso, enriquecido y original, lo que puede dar lugar a nuevas ideas fuera de ese pensamiento único y dirigido que ayudasen a salir de esta traumática situación. El objetivo debería ser tener algo de criterio, mecanismos de defensa ante lo inesperado, y esto último sólo se consigue si se entrena y se enseña el denostado ejercicio de pensar. De ahí que esa asignatura de Filosofía pudiera tener cierta relevancia. Cuestión de opiniones.

Y es aquí donde vuelvo a El mundo de Sofía, como una especie de introducción a la historia del pensamiento, de manera novelada, entretenida, que puede servir a cualquier adolescente y adulto como iniciación al discernimiento, actividad que por lo que parece, y a los hechos me remito, ha sido olvidada por nuestra sociedad.

Divulgación pura y dura, que una vez asimilada, nos puede servir, o no, como pistoletazo de salida para cuestionarnos otros aspectos terrenales del presente como: ¿por qué tengo yo que aguantar a estos políticos?, ¿por qué tenemos que rescatar a los bancos y no las pensiones de nuestros mayores,? ¿estamos ante una verdadera democracia?, ¿de verdad que Bárcenas actuaba solo?, ¿habrá algún partido político libre de sospechas y que no se haya financiado irregularmente? Y tantas otras preguntas que se nos irán ocurriendo… o que no me atrevo a realizar. Y por supuesto, la mejor de todas… ¿alguien sabe cómo podemos salir de esta crisis de manera digna sin que tantos colectivos desfavorecidos se queden por el camino?

No son preguntas meramente filosóficas, pero se trata de preguntas al fin y al cabo, aunque lo mejor de cuestionar es obtener respuestas acertadas, pero claro, el discernimiento se aprende con práctica, y para esto está esa disciplina que apenas se estudia y que dicen no sirve de nada que es la Filosofía. Y ahora que está en extinción en los futuros planes educativos, pienso que un libro como El mundo de Sofía se hace imprescindible en nuestras bibliotecas.

Se trata de leer y aprender a comprender, no de memorizar el argumentario de otros. Sofía significa algo así como “la que posee sabiduría”. En mi caso, un recurso para conseguir un ápice de sabiduría es la lectura, así que os dejo con la propia Sofía y con preguntas transcendentales tipo quién soy,  de dónde vengo y a dónde voy con la que está cayendo (parecidas preguntas se hacían nuestros amigos de Siniestro Total), en compañía de Platón, Aristóteles, Tales de Miletoy en definitiva con el mundo de las ideas.

Merienda para la lectura: pastel de almendras y frambuesas, que en algún sitio he leído que son buenas para la memoria.

Os invito también a leer cualquier entrevista de Jostein Gaarder que encontraréis por internet, y descubriréis que su autor es también un tipo cuya existencia está basada en múltiples preguntas que invitan a reflexionar.

Ahora te toca a ti… ¿se te ocurre alguna pregunta?, ¿has leído El mundo de Sofía? O mejor… ¿difieres de mis reflexiones? Precisamente para eso estaba el parlamento griego, para argumentar… Espero tus aportaciones.

El Club Dumas – Arturo Pérez-Reverte

 A fin de cuentas Dumas, hoy en día…

Frase de El Club Dumas que resume lo que en un tiempo, a mi parecer, ocurría con determinados autores incluidos dentro de una especie de colectivo de literatura de aventuras, de lectura “fácil”, con tramas donde primaba el ingenio y por ello, relegados a una especie de categoría cultural poco seria, como para adolescentes, en definitiva, literatura obsoleta de la que apenas se libraban Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo.

Tal vez sea éste el motivo por el que me gusta este libro que cada cierto tiempo releo. Reconozco que no es el mejor libro que he leído, que a veces las descripciones son repetitivas, y puestos a criticar (de forma constructiva), las pegas a expensas de los gustos de cada uno pueden ser innumerables. Pero tiene una gran virtud: trata de una historia que apetece leer, atractiva para todos aquellos que hemos crecido al calor de las páginas de Dumas, Sabatini, Verne (que en el libro no sale muy bien parado), Salgariy que hicimos de la capa y espada parte de nuestra adolescencia. Aún hoy, con mis treinta y tantos largos años que se acercan a la cuarentena, releo este tipo de aventuras que alimentan mi imaginación como antídoto a la depresión colectiva  a la que nos lleva este mundo de crisis de valores.

Es un libro que habla de libros, pero lo que me gusta, es que no habla sólo del estilismo y de la forma en la que están escritos. Más bien habla de los personajes, de lo que representan para el lector, sobre todo de esos mosqueteros que todos hemos querido ser en un momento dado, y de tantos otros protagonistas literarios: Holmes, Scaramouche, El capitán Blood, El corsario negro

Como aliño, la biografía de su autor, Alejandro Dumas, padre, cuya vida fue de por sí una aventura constante, que a ratos poseía una fortuna inmensa como la ruina total, mujeriego, buen comedor y mejor bebedor, financiador de revoluciones, escritor… explicándonos el sistema de creación de historias que tenía con su principal colaborador Auguste Maquet junto con cierta recreación histórica de la época.

Tiene su punto, incluso diría yo que es un acierto entremezclar historias de capa y espada con las policíacas, tramas imposibles con personajes fuertes y con personalidad, que lo mismo une a D’Artagnan con Sherlock Holmes, porque al fin y al cabo subyace la razón de casi todas las novelas: el bien contra el mal, el bueno contra el malo, la justicia contra la avaricia

Cuando llegó a mis manos la novela, hace ya algún tiempo, yo no tendría veinte años, y venía de una educación literaria donde leía dos tipos de libros:

  • los que me habían obligado a leer en el colegio, literatura con un estilismo cuidado y recargado que en muchas ocasiones apenas contaban algo interesante, pero que los críticos literarios afirmaban que se trataba de libros imprescindibles.
  • Otros libros que escogía yo, donde primaba la aventura, cuyos personajes vivían percances inverosímiles y difíciles de creer pero entretenidos.

Al segundo grupo formaba parte la literatura de Alejandro Dumas, con comentarios un tanto despectivos, como si fuese una lectura menor, de puro entretenimiento… Pero llegó el tipo este, el tal Arturo Pérez-Reverte, publicó el libro, tuvo un gran éxito, y entonces aparecieron como setas las críticas benévolas, todo el mundo había leído a Alejandro Dumas, a todos les gustaba, y los expertos de entonces comenzaron a decir que Alejandro Dumas era un clásico, que sus novelas de aventuras perdurarían en el tiempo y, como por arte de magia, incrédulo por mi parte, veía cómo los que antes criticaban esa literatura “menor”, ahora la encumbraban e incluso la hacían imprescindible…

Yo no soy crítico literario, tan solo dispongo de un blog donde hablo de los libros que leo, escribo mis impresiones por si a otros les pueden ayudar, como lector de infantería que diría Arturo Pérez-Reverte, pero no siento cátedra ni digo que esto está bien y aquello mal. Sí que me mojo, y escribo lo que me gusta y lo que no, sin tener que coincidir con otros. Y a mí Alejandro Dumas siempre me ha gustado, he pagado por ver las adaptaciones cinematográficas de sus libros (en general muy malas, nefastas e incluso insultantes), he leído más de quince de sus novelas y sobre todo, ha evitado que me aburra con párrafos innecesarios, descripciones tediosas y personajes sin sal.

Volviendo a El Club Dumas, refleja también un oficio casi perdido: el del librero. Ya quedan pocos y muchos hemos sucumbido, o más bien nos han fusilado, frente a centros comerciales y librerías de grandes superficies. Es lo que hay. Tal vez por ello existan tantos blogs sobre literatura…

Si eres aficionado a las novelas de aventuras, de capa y espada y/o policíacas, este es un libro que seguro que te interesará.

Merienda para la lectura: confit de pato regado con vino de Burdeos.

Por cierto, aprovecho para recordar, que en realidad las aventuras de nuestros entrañables mosqueteros están formadas por una trilogía: Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizcode de Bragelonne.

La ciudad de los ojos grises – Félix G. Modroño

Llega el verano, eres de los pocos a los que no les afecta la crisis y tu cuenta corriente te permite unas vacaciones, o bien tienes un primo, un ligue, amigo o cuñado que vive en Bizkaia y decides hacerle una visita, gorronearle una cama y pasar unos días de verano haciendo turismo por Euskadi. Además, eres uno de esos personajes raros a los que les gusta documentarse, leer un poquito de historia de los lugares que recorres e intentas entender la idiosincrasia de la zona. Como no podía ser de otra manera, Bilbao es uno de los puntos fuertes de tu visita, así que te vas al todopoderoso gugle y escribes “Historia de Bilbao” y ala, aparece un listado de 13.400.000 páginas (o más), todas con sus añitos, nombres, siglos, sagas familiares y mapitas. Esta es una opción como otra cualquiera si eres un “fantasma” y vas por la vida aburriendo al personal citando fechas sin ningún criterio. También puede ocurrirte que antes de venir a esta hermosa villa, ya te hayas aburrido con tanto dato.Bilbao

Pero yo tengo una alternativa que te va a molar: cómprate La ciudad de los ojos grises de Félix G. Modroño, 18 euritos de nada en una edición más que aceptable y te ofrezco:

  • Una perfecta síntesis de la historia de Bilbao de los últimos 150 años, que para sí la querría más de un catedrático.
  • Una novela negra bien escrita, perfectamente estructurada, con asesinatos, intrigas familiares, pesquisas policiales, personajes oscuros, sirimiri… una historia que garantizo que no te va a dejar indiferente.

Te quejarás. ¿Acaso se puede pedir más a un libro?

La ciudad de los ojos grises

Las primeras 120 páginas de La ciudad de los ojos grises nos describen el Bilbao de finales del siglo XIX, con apenas 18.000 habitantes, hasta que se produce un impacto brutal por la revolución siderúrgica y del acero, pasando a 100.000 habitantes en apenas veinte o treinta años. El Bilbao antiguo, el Casco Viejo como lo conocemos ahora, se queda pequeño y una serie de arquitectos e ingenieros reciben el encargo de diseñar un Bilbao moderno al otro lado del Nervión, que de salida al ingente número de inmigrantes que continuamente se dejan caer con sus vidas calamitosas, llenas de miseria, buscando una prosperidad que no acaba de llegar, con graves problemas de salubridad, cifras de mortandad infantil inasumibles, prostitución, alcoholismo, delincuencia… una especie de ciudad sin ley que se abre paso entre el chabolismo que se va asentando en las colinas que rodean la Villa. En esta primera parte nos muestra lo que era Bilbao allá por 1875, junto con ese proyecto del “nuevo” Bilbao que nos permite compararlo con el actual. No me digáis que no es un marco impresionante para una novela negra.

En esta primera parte del libro nos presenta a los personajes a la vez que nos va representando el palpitar de la ciudad, describiendo sus edificios señoriales, el teatro Arriaga, la burguesía local, el progreso de unos astilleros, las fábricas que se aglutinan alrededor de los yacimientos de hierro… Al lector le permitirá beber la historia de la provincia de una manera amena e inteligente, alternando estos datos con la representación de la trama y los protagonistas. Nos habla de los edificios y de las calles que se van construyendo poco a poco, que al turista/visitante/habitante del siglo XXI le permite pasear por la ciudad valorando la extraordinaria transformación de la Villa.  Una pasada.

Después llega una segunda parte, donde toma protagonismo la propia historia policíaca, y cuyo protagonista, Alfredo Gastiasoro, arquitecto autoexiliado en París por un amor no correspondido, regresa a su Bilbao natal para investigar el asesinato de Izarbe (me encanta este nombre), su amada, siendo partícipe del imparable cambio de la villa, mientras sus pesquisas policiacas le van llevando de sorpresa en sorpresa y donde su pasado toma especial relevancia.

Y por fin, podríamos decir que tenemos la tercera parte de la novela con el desenlace, que me lo guardo para no desvelar ningún misterio.

Y ojito, que la historia, la narración, los diálogos… está todo muy bien contado.

Me dirás que nos es atractiva la propuesta.

Por cierto, si tienes la suerte de ser de Bilbao, también te recomiendo que te compres La ciudad de los ojos grises, más que nada porque vas a descubrir tu ciudad, y desconozco con qué color la mirarás tras su lectura, pero sí te aseguro que esa mirada cambiará, seguro que con mucho más respeto y cariño.

Si no eres de Bilbao y tampoco tienes pensado visitarnos en breve (esto último me lo replantearía de inmediato), también deberías leer La ciudad de los ojos grises, porque la historia te va a atrapar y porque aprenderás sobre una villa que no te dejará indiferente.

Huyendo de estereotipos, mediante La ciudad de los ojos grises descubrirás que Bilbao es mucho más que el Guggenheim, te ayudará a entender la extraordinaria transformación de Bizkaia, de la pequeña población que fue cómo se convirtió en una potencia industrial europea, qué digo europea, ¡¡del universo!! (que somos de Bilbao), hasta la villa enfocada a los servicios en que nos hemos convertido en la actualidad. Innumerables metamorfosis en apenas siglo y medio.

Dudo que haya alguna ciudad en el estado que haya sufrido cambios tan significativos en tan poco tiempo, apenas unas generaciones nos separan de aquellas siete calles que formaban el antiguo Bilbao.

Aprovecho para agradecer a su autor, Félix G. Modroño, su esfuerzo por haber creado esta historia. Regalo seguro en próximos cumpleaños, compromisos varios y el tradicional amigo invisible navideño.

Por poner una pega… un friki como yo hubiese agradecido las reseñas bibliográficas de las que se ha servido Félix G. Modroño para documentarse.

Merienda para la lectura: si no escojo nuestro emblemático bollo de mantequilla, me lapidan.  En un alarde humanitario, os dejo el link de la receta del crack David de Jorge.

Si has leído La ciudad de los ojos grises de Félix G. Modroño, seguro que te ha gustado.¿Me ayudas a convencer al resto para que lo lea? Cuéntanos tus impresiones sobre el libro. Eskerrik asko!!

Plinio, casos célebres – Francisco García Pavón

Al igual que nuestro incombustible Plinio, a veces, como lectores, también tenemos ese “pálpito” que nos anima a leer un libro. En el fondo y a nuestra manera, ejercemos de aficionados detectives buscando la siguiente historia que leer. O que no leer, que es más importante aún.

El libro que nos ocupa hoy es Plinio, casos célebres de Francisco García Pavón y lo escojo por un motivo: normalmente buscamos lecturas nuevas, originales, con un lenguaje que nos sorprenda, entretenga… y que además sea una novedad editorial, olvidándonos de lecturas añejas, inexplicablemente obsoletas para la maquinaria formada por la industria editorial pero que cumplen, con creces, estas expectativas.

Plinio, casos célebres

En esta ocasión tenemos a un guardia municipal manchego, de Tomelloso City, “urbe peligrosa” de los años 60 y 70, embebido en los quehaceres rurales de La Mancha. Es una época en la que los hombres reparten el tiempo entre el campo y las tascas de pueblo, con trujas (caldos que lo llama Francisco García Pavón) apretados entre los labios y licores entre pecho y espalda, mientras las mujeres se dedican a la casa y a ir a misa. Un tiempo de estereotipos viejunos, descrito al detalle, con señoritos hacendados, analfabetismo, con las consecuencias de los vaivenes políticos de fondo (la república, la dictadura…), la vida en el campo con sus disputas vecinales que perduran durante generaciones… Todo esto con un vocabulario impresionante, con palabrejas propias del mundo rural que no desentonan, de aquella época que tampoco es tan lejana y que ayuda a entender a dónde hemos ido a parar, con diálogos informales que en mi opinión sirven para que el lector entienda la forma de vivir en un pueblo llamado Tomelloso, pero que podría ostentar cualquier otro nombre. O por lo menos yo me imagino que hace cincuenta o sesenta años en La Mancha se hablaba así, y conociendo mi pueblo (de cuyo nombre no quiero acordarme) y las riñas entre clanes, tampoco me extraña muchas de las disparatadas historias que nos muestra el personaje.

Nuestro protagonista Plinio es un guardia municipal sagaz, que se fija en todo al detalle, con una filosofía de vida pausada que le permite detenerse en los pormenores de las investigaciones. Va secundado por el veterinario del pueblo, don Lotario, y claro, es inevitable realizar la comparativa con Sherlock Holmes y el doctor Watson según discurre la lectura.

Llama la atención en nuestra actual sociedad aséptica y políticamente correcta los comentarios y descripciones de sus personajes: homófobos, fumadores, bebedores, machistas… que recuerdan a las películas de Paco Martínez Soria y por los que más de uno igual se tira de los pelos. Sin embargo, eso es lo que había en aquella época, y no viene mal leer este tipo de relatos para comprobar lo que ha avanzado nuestra sociedad, o no, cuestión de opiniones.

En algunos de los casos que intenta resolver, no se produce estrictamente un crimen como en sus relatos de El caso del sábado, simplemente son situaciones anormales, que rompen la monotonía del pueblo y a los cuales, esta pareja de investigadores buscan soluciones plausibles.

Por supuesto que en otros relatos/novelas tenemos asesinatos por resolver, en un Tomelloso donde todos se conocen y quien más quien menos es pariente de alguno: bien de la víctima, bien del ejecutor. Esta cercanía tan familiar, da pie a reflexiones propias de la naturaleza humana, como de soslayo, pero que quedan ahí, en el subconsciente del lector.

En definitiva, una buena opción de lectura como entretenimiento, para descubrir léxico olvidado, inhibirte en el mundo rural de hace cincuenta años, reflexionar sobre las cosas sencillas de la vida; todo sazonado con novela policíaca.

Merienda para la lectura: tosta de pan casero con queso manchego en aceite, regado con un buen vino de Valdepeñas. Se recomienda una ligera siesta para después.

Ala, anímate y échale un ojo a las historias de Francisco García Pavón, que merecen la pena.