Archivos Mensuales: julio 2013

La ciudad de los ojos grises – Félix G. Modroño

Llega el verano, eres de los pocos a los que no les afecta la crisis y tu cuenta corriente te permite unas vacaciones, o bien tienes un primo, un ligue, amigo o cuñado que vive en Bizkaia y decides hacerle una visita, gorronearle una cama y pasar unos días de verano haciendo turismo por Euskadi. Además, eres uno de esos personajes raros a los que les gusta documentarse, leer un poquito de historia de los lugares que recorres e intentas entender la idiosincrasia de la zona. Como no podía ser de otra manera, Bilbao es uno de los puntos fuertes de tu visita, así que te vas al todopoderoso gugle y escribes “Historia de Bilbao” y ala, aparece un listado de 13.400.000 páginas (o más), todas con sus añitos, nombres, siglos, sagas familiares y mapitas. Esta es una opción como otra cualquiera si eres un “fantasma” y vas por la vida aburriendo al personal citando fechas sin ningún criterio. También puede ocurrirte que antes de venir a esta hermosa villa, ya te hayas aburrido con tanto dato.Bilbao

Pero yo tengo una alternativa que te va a molar: cómprate La ciudad de los ojos grises de Félix G. Modroño, 18 euritos de nada en una edición más que aceptable y te ofrezco:

  • Una perfecta síntesis de la historia de Bilbao de los últimos 150 años, que para sí la querría más de un catedrático.
  • Una novela negra bien escrita, perfectamente estructurada, con asesinatos, intrigas familiares, pesquisas policiales, personajes oscuros, sirimiri… una historia que garantizo que no te va a dejar indiferente.

Te quejarás. ¿Acaso se puede pedir más a un libro?

La ciudad de los ojos grises

Las primeras 120 páginas de La ciudad de los ojos grises nos describen el Bilbao de finales del siglo XIX, con apenas 18.000 habitantes, hasta que se produce un impacto brutal por la revolución siderúrgica y del acero, pasando a 100.000 habitantes en apenas veinte o treinta años. El Bilbao antiguo, el Casco Viejo como lo conocemos ahora, se queda pequeño y una serie de arquitectos e ingenieros reciben el encargo de diseñar un Bilbao moderno al otro lado del Nervión, que de salida al ingente número de inmigrantes que continuamente se dejan caer con sus vidas calamitosas, llenas de miseria, buscando una prosperidad que no acaba de llegar, con graves problemas de salubridad, cifras de mortandad infantil inasumibles, prostitución, alcoholismo, delincuencia… una especie de ciudad sin ley que se abre paso entre el chabolismo que se va asentando en las colinas que rodean la Villa. En esta primera parte nos muestra lo que era Bilbao allá por 1875, junto con ese proyecto del “nuevo” Bilbao que nos permite compararlo con el actual. No me digáis que no es un marco impresionante para una novela negra.

En esta primera parte del libro nos presenta a los personajes a la vez que nos va representando el palpitar de la ciudad, describiendo sus edificios señoriales, el teatro Arriaga, la burguesía local, el progreso de unos astilleros, las fábricas que se aglutinan alrededor de los yacimientos de hierro… Al lector le permitirá beber la historia de la provincia de una manera amena e inteligente, alternando estos datos con la representación de la trama y los protagonistas. Nos habla de los edificios y de las calles que se van construyendo poco a poco, que al turista/visitante/habitante del siglo XXI le permite pasear por la ciudad valorando la extraordinaria transformación de la Villa.  Una pasada.

Después llega una segunda parte, donde toma protagonismo la propia historia policíaca, y cuyo protagonista, Alfredo Gastiasoro, arquitecto autoexiliado en París por un amor no correspondido, regresa a su Bilbao natal para investigar el asesinato de Izarbe (me encanta este nombre), su amada, siendo partícipe del imparable cambio de la villa, mientras sus pesquisas policiacas le van llevando de sorpresa en sorpresa y donde su pasado toma especial relevancia.

Y por fin, podríamos decir que tenemos la tercera parte de la novela con el desenlace, que me lo guardo para no desvelar ningún misterio.

Y ojito, que la historia, la narración, los diálogos… está todo muy bien contado.

Me dirás que nos es atractiva la propuesta.

Por cierto, si tienes la suerte de ser de Bilbao, también te recomiendo que te compres La ciudad de los ojos grises, más que nada porque vas a descubrir tu ciudad, y desconozco con qué color la mirarás tras su lectura, pero sí te aseguro que esa mirada cambiará, seguro que con mucho más respeto y cariño.

Si no eres de Bilbao y tampoco tienes pensado visitarnos en breve (esto último me lo replantearía de inmediato), también deberías leer La ciudad de los ojos grises, porque la historia te va a atrapar y porque aprenderás sobre una villa que no te dejará indiferente.

Huyendo de estereotipos, mediante La ciudad de los ojos grises descubrirás que Bilbao es mucho más que el Guggenheim, te ayudará a entender la extraordinaria transformación de Bizkaia, de la pequeña población que fue cómo se convirtió en una potencia industrial europea, qué digo europea, ¡¡del universo!! (que somos de Bilbao), hasta la villa enfocada a los servicios en que nos hemos convertido en la actualidad. Innumerables metamorfosis en apenas siglo y medio.

Dudo que haya alguna ciudad en el estado que haya sufrido cambios tan significativos en tan poco tiempo, apenas unas generaciones nos separan de aquellas siete calles que formaban el antiguo Bilbao.

Aprovecho para agradecer a su autor, Félix G. Modroño, su esfuerzo por haber creado esta historia. Regalo seguro en próximos cumpleaños, compromisos varios y el tradicional amigo invisible navideño.

Por poner una pega… un friki como yo hubiese agradecido las reseñas bibliográficas de las que se ha servido Félix G. Modroño para documentarse.

Merienda para la lectura: si no escojo nuestro emblemático bollo de mantequilla, me lapidan.  En un alarde humanitario, os dejo el link de la receta del crack David de Jorge.

Si has leído La ciudad de los ojos grises de Félix G. Modroño, seguro que te ha gustado.¿Me ayudas a convencer al resto para que lo lea? Cuéntanos tus impresiones sobre el libro. Eskerrik asko!!

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Plinio, casos célebres – Francisco García Pavón

Al igual que nuestro incombustible Plinio, a veces, como lectores, también tenemos ese “pálpito” que nos anima a leer un libro. En el fondo y a nuestra manera, ejercemos de aficionados detectives buscando la siguiente historia que leer. O que no leer, que es más importante aún.

El libro que nos ocupa hoy es Plinio, casos célebres de Francisco García Pavón y lo escojo por un motivo: normalmente buscamos lecturas nuevas, originales, con un lenguaje que nos sorprenda, entretenga… y que además sea una novedad editorial, olvidándonos de lecturas añejas, inexplicablemente obsoletas para la maquinaria formada por la industria editorial pero que cumplen, con creces, estas expectativas.

Plinio, casos célebres

En esta ocasión tenemos a un guardia municipal manchego, de Tomelloso City, “urbe peligrosa” de los años 60 y 70, embebido en los quehaceres rurales de La Mancha. Es una época en la que los hombres reparten el tiempo entre el campo y las tascas de pueblo, con trujas (caldos que lo llama Francisco García Pavón) apretados entre los labios y licores entre pecho y espalda, mientras las mujeres se dedican a la casa y a ir a misa. Un tiempo de estereotipos viejunos, descrito al detalle, con señoritos hacendados, analfabetismo, con las consecuencias de los vaivenes políticos de fondo (la república, la dictadura…), la vida en el campo con sus disputas vecinales que perduran durante generaciones… Todo esto con un vocabulario impresionante, con palabrejas propias del mundo rural que no desentonan, de aquella época que tampoco es tan lejana y que ayuda a entender a dónde hemos ido a parar, con diálogos informales que en mi opinión sirven para que el lector entienda la forma de vivir en un pueblo llamado Tomelloso, pero que podría ostentar cualquier otro nombre. O por lo menos yo me imagino que hace cincuenta o sesenta años en La Mancha se hablaba así, y conociendo mi pueblo (de cuyo nombre no quiero acordarme) y las riñas entre clanes, tampoco me extraña muchas de las disparatadas historias que nos muestra el personaje.

Nuestro protagonista Plinio es un guardia municipal sagaz, que se fija en todo al detalle, con una filosofía de vida pausada que le permite detenerse en los pormenores de las investigaciones. Va secundado por el veterinario del pueblo, don Lotario, y claro, es inevitable realizar la comparativa con Sherlock Holmes y el doctor Watson según discurre la lectura.

Llama la atención en nuestra actual sociedad aséptica y políticamente correcta los comentarios y descripciones de sus personajes: homófobos, fumadores, bebedores, machistas… que recuerdan a las películas de Paco Martínez Soria y por los que más de uno igual se tira de los pelos. Sin embargo, eso es lo que había en aquella época, y no viene mal leer este tipo de relatos para comprobar lo que ha avanzado nuestra sociedad, o no, cuestión de opiniones.

En algunos de los casos que intenta resolver, no se produce estrictamente un crimen como en sus relatos de El caso del sábado, simplemente son situaciones anormales, que rompen la monotonía del pueblo y a los cuales, esta pareja de investigadores buscan soluciones plausibles.

Por supuesto que en otros relatos/novelas tenemos asesinatos por resolver, en un Tomelloso donde todos se conocen y quien más quien menos es pariente de alguno: bien de la víctima, bien del ejecutor. Esta cercanía tan familiar, da pie a reflexiones propias de la naturaleza humana, como de soslayo, pero que quedan ahí, en el subconsciente del lector.

En definitiva, una buena opción de lectura como entretenimiento, para descubrir léxico olvidado, inhibirte en el mundo rural de hace cincuenta años, reflexionar sobre las cosas sencillas de la vida; todo sazonado con novela policíaca.

Merienda para la lectura: tosta de pan casero con queso manchego en aceite, regado con un buen vino de Valdepeñas. Se recomienda una ligera siesta para después.

Ala, anímate y échale un ojo a las historias de Francisco García Pavón, que merecen la pena.

¿Digital o papel?

Contesto con preguntas parecidas: ¿Monte o playa? ¿Rubias o morenas? ¿Sol o lluvia?

Pues supongo que todo tiene su momento, y a veces es preferible una opción a otra (aunque en el caso de las rubias o morenas… lo que sea, ni que pudiésemos elegir…). Unas veces te apetecerá el libro electrónico, y otras el papel. No me decanto por una alternativa a diferencia de muchas de las opiniones que he leído en internet.

En un principio yo era reacio al libro electrónico, hasta que un regalo de cumpleaños me hizo cambiar de opinión y ver sus ventajas.

A cuenta del post sobre la creación de arrobabooks, el cuerpo me pedía escribir otro artículo comparando el formato digital y el del papel, más que nada porque no entiendo el por qué estamos obligados a elegir. Parece que a este respecto cada uno tiene sus intereses.

Creo que hay un momento para todo. Por ejemplo un lector de ebooks es muy buena alternativa para llevarlo de viaje o en el día a día, en el metro o en el autobús de camino al trabajo, porque pesa poco y es fácil de transportar en un bolso o en una pequeña mochila. En cambio, desplazarte a la oficina con un tocho de ochocientas páginas no resulta nada práctico, salvo que te quieras ahorrar la matrícula del gimnasio, en cuyo caso recomiendo Cuentos Esenciales de Guy de Maupassant con sus 1.272 páginas para hacer bíceps.

No nos podemos olvidar de la piratería de libros, intrínsecamente unido al ebook, que para algunos será una cuestión positiva y para otros no, según se mire, en función de en qué lado de la industria esté uno ubicado. Es más fácil piratear un ebook que fotocopiar un libro, dentro de que ambas opciones son ilegales (cuestión moral que algunos pretenden obviar). Casi todo el mundo que se compra un lector de libros digitales (que cuestan un dinero), justifica su compra aduciendo que el primo del amigo de fulanito, le ha dejado un DVD con la biblioteca de Alejandría, fíjate el ahorro en literatura que supone para la economía familiar. Aquí el problema radica en nuestra actitud hacia el escritor profesional/amateur que intenta hacerse un hueco en el mercado editorial, ese trabajador en la sombra al que le pirateamos los libros, que en la mayoría de los casos compagina el oficio de la escritura con alguna otra actividad económica para llegar a fin de mes; es lo que tiene el vicio de querer comer todos los días. Si no me equivoco, un escritor gana un 10 % sobre el PVP del libro, es decir, como mucho 2 € por libro… Haced cuentas de los libros que tiene que vender el autor para vivir de la escritura, y después, restar impuestos, autónomos… Esta es la parte que en muchas ocasiones no vemos, obnubilados por los escritores de best-sellers. Y esto en el mejor de los casos, no digamos ya si eres uno de esos locos que se autopublica, en cuyo caso, la posibilidad de obtener beneficios es remota.

Porque a veces nuestra postura es un tanto egoísta, pretendemos que otros escriban historias de calidad, que nos entretengan, pero que a nosotros no nos cueste dinero, pagar por leer… ¡¡qué absurdez!! Si únicamente es por una cuestión económica, os recuerdo que existen bibliotecas municipales, que por lo menos en Bilbao, funcionan de maravilla, y que remuneran los correspondientes derechos de autor.

Comprar un ebook suele resultar más barato que comprar el mismo libro en papel, a pesar de que algunas editoriales ponen unos precios abusivos a los libros de este formato. Por el contrario, necesitamos el lector de ebooks, el dispositivo que nos permite leer el libro electrónico, y aunque estos aparatos cada vez son más baratos (cuentan por ahí que Amazon quiere realizar una fuerte campaña para abaratar los lectores dentro de su estrategia de venta), tenemos que tener en cuenta este gasto inicial.

Dicen que los ebooks no ocupan espacio, pero quiero pensar que no soy el único al que le gusta ver estanterías repletas de libros. En mi casa tenemos un conflicto en cuanto a decoración se refiere, puesto que mi apuesta es montar una librería que recorra toda la pared del salón, de abajo a arriba, forrando la pared de libros, con un par de espacios libres para la televisión y el equipo de música.  Pero ojo, no para adornar, sino para leer y disfrutar. Sin embargo mi mujer se ha empeñado en poner un mueble moderno y decorarlo con fotografías, figuritas, recuerdos de nuestros viajes y demás cachivaches. En mi opinión, todo un sacrilegio, pero ya sabéis, donde manda capitán…

Y por último está el placer de leer por leer. Aquí sí que me decanto, y aunque a veces, dado nuestro modo de vida puede resultar más práctico el ebook, en cuanto al disfrute de la lectura en sí, sin ninguna duda mi opción es el libro tradicional, el de papel que con el paso de tiempo amarillea dejando constancia de que forma parte de tu vida. Porque no es lo mismo viajar en un mercedes que en mi utilitario cutre, ni tomarte un cafecito en la tasca del polígono un lunes a las ocho de la mañana, con toda la semana por delante, acompañado del incesante ruido de los transportistas y demás gremios, que el mismo café un domingo al mediodía en una terraza mirando al mar, con total libertad y sosiego, acompañado de tus seres queridos. Te tomas ambos cafés, pero sólo uno disfrutas.

De la misma manera, te puedes leer el mismo libro en ambos formatos, pero yo prefiero el método tradicional, en papel, pasando las hojas, sintiendo la rugosidad de la letra impresa, el olor a papel viejuno.

Así que supongo que lo suyo será que coexistan, como buenos hermanos, cada uno con sus peculiaridades, siguiendo la filosofía del carpe diem, vive y deja vivir, tomando lo mejor de los avances de nuestra sociedad, sin olvidar las ventajas de los métodos tradicionales. Porque no entiendo que seamos seres de límites, o lo uno o lo otro. ¿Por qué no ambos?

Merienda para la lectura, independientemente del soporte: pastel casero de zanahorias, que dicen que es bueno para la vista.

Ahora te toca a ti, mójate y dime qué soporte de lectura prefieres ¿papel o digital?